ESTA SEMANA SE INAUGURO LA FM 89.9 PEUMAN HUECHE EN LA COMUNIDAD MAPUCHE DE COLIPILLI, NEUQUEN
Una radio para la comunidad
La Afsca festejó la inauguración oficial de la quinta radio de esa nación indígena, la 46 desde la nueva ley. Una herramienta para mantener la cultura y el idioma y un elemento de integración de una comunidad aislada.
Por Carlos Rodríguez
Desde Colipilli, Neuquén
El lonco (jefe) Pedro Huayquillán, el representante de la Afsca Eduardo Fuentes y Miguel Castillo, uno de los creadores de la radio.
“Nosotros estamos acá desde siempre, pero durante la llamada Campaña del Desierto tuvimos que escapar del genocidio y nos fuimos a Chile. Cuando eso se calmó, volvimos y desde hace 125 años (en 1889) estamos de nuevo, reconocidos como tales y hoy es un día de fiesta.” En diálogo con Página/12, el lonco (jefe) de la comunidad mapuche de Colipilli, Pedro Huayquillán, hizo una breve y contundente reseña histórica de los avatares de su pueblo, sin restarle brillo al festejo por la inauguración oficial de la FM 89.9, llamada Peuman Hueche (Sueño Joven), la quinta radio mapuche y la número 46 habilitada en la Argentina tras la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. “La radio va a servir para unir a la familia mapuche y también para difundir nuestra cultura, nuestra historia, que hoy están adormecidas pero están, porque el contacto con nuestra madre tierra es permanente y nuestros jóvenes están manteniendo firme nuestra identidad como pueblo”, resaltó el lonco de la comunidad Huayquillán, una presencia mapuche en el norte neuquino, a 400 kilómetros de la capital de la provincia, conformada hoy por Colipilli Arriba y Colipilli Abajo.
La demanda más importante, a nivel de la comunidad, es el reclamo por “la coparticipación” federal, por tratarse de una comunidad que no depende de ninguna intendencia y que tiene su propia organización democrática, con autoridades elegidas por el voto de la población. “Con la coparticipación vamos a agilizar un montón de cosas y vamos a solucionar las necesidades que tiene la comunidad. Nuestras necesidades son hoy, pero cuando nos llega la ayuda del gobierno, ya pasó, ya la sufrimos. Nosotros tenemos que manejar esos recursos antes, para evitar que ocurran los problemas y no esperar a que nos ayuden, cuando ya es tarde. La coparticipación significa llegar a tiempo para solucionar los problemas. Hay disponibilidad de parte del gobierno, pero tiene su tardanza y no nos sirve.”
Para lograrlo, propone una reunión cumbre, en Neuquén, de “los siete loncos de las comunidades mapuches, para lograr ese objetivo”, porque “ya es tiempo de que manejemos nosotros, en forma directa, los fondos que nos asigna el Estado y no depender de nadie”. El lonco Pedro, que ya está por cumplir sus cuatro años de mandato, sigue recordando a sus antepasados: “Ahora tenemos un conflicto, un problema muy serio, porque el lugar donde ellos están sepultados está en manos privadas. El lugar se llama El Manzano, está en Colipilli Arriba y pertenece a nuestra comunidad, pero está ocupado. Allí tenemos toda nuestra historia, allí se hicieron las primeras ceremonias. En esas 3400 hectáreas están nuestros abuelos.
Estamos en conversaciones con los supuestos dueños, pero no hemos avanzado mucho y esperamos que el tema se solucione cuanto antes porque allí está nuestra historia”.
Miguel Castillo tiene 30 años y es uno de los creadores de la radio mapuche Peuman Hueche (Sueño Joven), asentada en un pequeño edificio con “olorcito a nuevo”, como dijo el lonco Pedro, luego de la invitación a recorrer sus instalaciones. La idea surgió cuando era adolescente “por el hecho de tener una radio, porque siempre me gustaron las cuestiones técnicas, la música”. Diez años atrás, junto con un compañero ya fallecido, José Manuel Cifuente, comenzaron a trabajar en el proyecto. “Su muerte fue un impacto y me quedé solo, sin ganas por unos dos años, hasta que decido ir a estudiar a Chos Malal, donde hice el secundario y después hice un curso en la Escuela de Capacitación número 5, que me sirvió para la elaboración del proyecto.” Luego de pedir la autorización a la comunidad, envió la propuesta a la Afsca. En 2012 obtuvieron la adjudicación, “pero nos faltaba el equipo, de manera que no teníamos nada”.
Entonces se presentaron a un concurso del Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (Fomeca), que brinda apoyo a las radios comunitarias de frontera o en manos de pueblos originarios. “Llegamos a las carreras a presentarnos, porque recién a las cuatro de la tarde terminamos todo, a las siete salimos para Neuquén y a las cinco de la mañana del otro día para Buenos Aires. Llegamos con lo justo, pero llegamos.” En septiembre del año pasado supieron de la adjudicación del dinero para el equipamiento. Recibieron cerca de cien mil pesos y el 15 de enero, luego de ardua tarea, comenzaron con las primeras transmisiones. Tienen un informativo que difunde, sobre todo, noticias referidas a la comunidad y al ámbito provincial. Transmiten todos los días, de 8 a 21.
“Pasamos todo tipo de música, desde folklore hasta rock, dándole mucha importancia a la música regional.” Los domingos tienen “un programa de rock nacional donde se pasan temas que hablan sobre la resistencia de nuestros pueblos, sobre nuestra lucha. Por eso recibimos muchas felicitaciones de la comunidad”. Para más adelante están preparando un programa que será conducido por “maestros mapuches, para hablar de la escuela, de la educación, para revalorizar nuestra historia, nuestra cultura, nuestro idioma”.
De esa forma buscan recuperar el terreno perdido que significó, durante décadas, incluso en los primeros años de la vuelta a la democracia en la Argentina, la prohibición del uso, dentro de la comunidad, del idioma originario. Esa persecución hizo que muchas familias le enseñaran el castellano a sus hijos, para que no fueran discriminados en la escuela. Por eso, muchos jóvenes, como el propio Castillo, usaron apellidos criollos para romper el aislamiento, pero sin olvidar, en su territorio, en la intimidad de la familia mapuche, su palabra, su cultura, sus costumbres y ritos ancestrales.
“Al pueblo mapuche le cuesta mucho hacerse conocer. En las grandes ciudades nos miran como si fuéramos personas ignorantes, aunque en realidad ellos son los que ignoran nuestra historia, nuestro esfuerzo por actualizarnos, por estudiar, por estar informados de las leyes y de nuestros derechos, sin perder de vista nuestra historia, nuestra identidad”. Lo que buscan, a través de la radio, es llegar “a que nos conozcan, nos respeten, y también a confraternizar con nuestros hermanos argentinos y con los pueblos latinoamericanos” porque cargan “con una historia muy rica, porque nuestros ancestros eran muy sabios, tenían contacto con la naturaleza, con dios, sabían cuándo iba a llover, sabían mucho de medicina, tenían mucho para dar y nosotros somos sus herederos”.
El acto de inauguración de la radio comenzó con una rogativa habitual, que todos los días se realiza en familia, antes de iniciar la actividad diaria, para desear que les vaya bien a los humanos y a los animales. En este caso fue un acto colectivo, para bendecir a la nueva emisora. En el acto flamearon las banderas mapuches y las nacionales, en manos de alumnos de las escuelas 68, de Colipilli Arriba, y 302, de Colipilli Abajo. Fernando Maripil, del Consejo Zonal, fue uno de los oradores y también dialogó con Página/12. “La radio es una posibilidad que se abre para los pueblos indígenas, para poder expresar lo que realmente vivimos porque siempre dependemos de los grandes medios, que quieran o no difundir la problemática de nuestros pueblos.”
Puntualizó que “a veces hay que pagar para que la información salga como corresponde, para que se entiendan nuestros reclamos ante las autoridades y para que se sepa cuál es nuestra verdadera historia. Ahora tenemos una radio que nos fortalece, porque podemos transmitir en cada casa, a cada niño, la verdadera historia del pueblo mapuche”. Maripil, que tiene 25 años, expresó su deseo de que los medios nacionales “empiecen a contar la historia no contada, la que no aparece en los libros y que está viva en la memoria de nuestros mayores. Es necesario que empiecen a reconocer nuestros derechos como pueblos indígenas, que las personas huincas conozcan la verdad a través de nuestra propia voz y que empecemos a vivir en un marco armónico de interculturalidad, de respeto mutuo”.
Sobre la memoria del pueblo mapuche subsiste el recuerdo del genocidio, de la llamada Campaña del Desierto. El avance final de las tropas del Ejército sobre territorio mapuche, en el norte de Neuquén, se produjo entre noviembre de 1882 y abril de 1883. Fueron tres brigadas integradas por unos 1400 soldados que mataron a cerca de un millar de guerreros mapuches en las principales batallas, en las que tomaron prisioneros a otros varios miles. Los sobrevivientes escaparon hacia Chile y pudieron regresar a sus tierras recién a partir de 1889. Desde entonces, el pueblo mapuche sigue reclamando sus derechos. “Y desde entonces esperamos que nos reconozcan como los verdaderos dueños de la tierra”, subrayaron a dúo el lonco Pedro Huayquillán y su segundo Juan Luis Castillo, en la despedida con Página/12, luego de compartir un chivito asado y un brindis “por la amistad entre mapuches y huincas”.
Por Carlos Rodríguez
“Cuando nosotros llegamos, después de treinta años de estar acá la escuela, no había ningún chico que hubiera terminado la primaria. Abandonaban porque habían empezado la escuela siendo muy grandes, porque estaba la idea de que si eran tan chicos, para qué mandarlos a la escuela.” Magali se emociona cuando recuerda aquellos tiempos: “Nosotros aprendimos mucho de la gente, porque ellos con muy poquitas cosas se arreglaban, siendo que uno siempre quiere más, no se conforma con nada, porque está bien querer más, pero no en forma desmedida”.
“Ellos no tenían luz, ni agua, ni gas, tampoco recibían leña como ocurre ahora, teníamos que salir a buscar leña al campo. No había Asignación Universal por Hijo, no estaba la jubilación del ama de casa, no había nada de parte del Estado. Pero estaba la enorme voluntad de la gente y una cooperativa en la cual la gente entregaba sus productos y se iba a una barraca en Zapala, donde comercializaban. Todo era sin dinero en efectivo, no había dinero, se hacía todo por medio del trueque.”
En Colipilli “son crianceros, a veces salen a trabajar en alguna estancia o hacen changas, en una época salían a trabajar en la cosecha en el valle pero ya no lo hacen. Es gente muy sufrida, de sacrificio en sacrificio”.
Con el tiempo lograron que los chicos fueran a la escuela desde los seis años, pero tenían alumnos de 17 o 18, al punto de que “algunos dejaban la escuela porque tenían que ir a hacer el servicio militar, cuando todavía era obligatorio”, antes de que se eliminara por decreto del Poder Ejecutivo en 1994, después del homicidio en un cuartel de Zapala del soldado conscripto Omar Carrasco.
“Venían chicos de las escuelas secundarias, del colegio Don Bosco, y no- sotros veíamos que en realidad venían a aprender de la gente, porque acá la gente es muy sabia. Nosotros teníamos unos cien alumnos, éramos varios maestros, y además de la escuela normal teníamos talleres para aprender oficios, tejido a máquina y otras tareas que reclamaba la gente. Y nosotros hacíamos recopilación histórica de los conocimientos de esta gente, porque es muy valiosa su historia. Yo estoy escribiendo sobre toda esa experiencia. Estoy en deuda con la comunidad, porque ellos me autorizaron a que escriba y todavía no pude terminar el libro que tenemos proyectado, pero estoy en eso, estoy haciéndolo porque es muy importante la historia de esta comunidad mapuche.”
Aclara que ella no escribe nada que exprese su opinión “porque todo lo tengo grabado, porque son ellos los que cuentan su historia, la historia de cada cerro y el porqué de sus nombres, la historia de los ríos, las lagunas, los recuerdos que tienen de sus ancestros, cuando tuvieron que escapar hacia Chile de la mal llamada Conquista del Desierto. Mal llamada conquista y mal llamado desierto. Eso fue la ocupación del territorio por parte del Ejército”. Los sobrevivientes de la comunidad volvieron en 1904 y desde entonces están reclamando por sus tierras. “El primero fue Francisco Segundo Huayquillán, que fue el primer lonco (jefe). Así empezaron a recuperar sus tierras, porque de haber sido los dueños, regresaban para trabajar como peones. Hasta les prohibieron hablar en su idioma, tenían que aprender el castellano.”
Magali heredó su nombre de una mujer árabe y luego se lo transfirió a una niña mapuche –hoy mujer– a la que “recibió” en sus manos, en el momento del parto. “Su nombre mapuche es Nayla, pero también se llama Magali, como yo, y a su vez, yo me llamo Nayla, como ella, por una muestra de generosidad de la comunidad mapuche, que me pidió que llevara ese nombre por haber estado en el parto.”
Historia de una emisora
Por Carlos Rodríguez
Sabbatella, que no pudo hacerse presente por un problema de último momento en el avión privado que lo traía desde Buenos Aires, convocó a la comunidad “a seguir trabajando desde los distintos rincones de la patria para transformar la comunicación, para que lo diverso, plural y multicolor de nuestro país pueda ocupar el centro de la escena pública”.
La FM 89.9 obtuvo la autorización para su instalación y funcionamiento a través de la Resolución 913/2012 de la Afsca y en 2013 recibió un monto cercano a los cien mil pesos a través del Fondo de Fomento Concursable (Fomeca), que entregó fondos por más de tres millones de pesos en una primera etapa y sumó 1,5 millones en la segunda. Para los primeros seis meses de 2014, tiene previsto distribuir entre medios comunitarios la suma de 15 millones de pesos. Se estima que se podrán financiar otros 200 nuevos proyectos de entidades sin fines de lucro y comunidades de pueblos originarios. La FM 89.9 de Colipilli puede tramitar, en el futuro, autorización para servicios de comunicación sonora con amplitud modulada (AM) e incluso radiodifusión televisiva abierta.
El alcance de la FM es de aproximadamente cincuenta kilómetros y la señal cubre la zona de Colipilli Arriba y Abajo, Loncopué y Caviahue. Funciona en el salón comunitario y tiene una antena con 300 mhz de potencia. En el acto estuvo presente la vicegobernadora de Neuquén, Ana Pechen, quien se comprometió a terminar este año los trabajos destinados a remodelar y mejorar la escuela 68 de Colipilli Arriba.
Fuente:Pagina12
“Nosotros estamos acá desde siempre, pero durante la llamada Campaña del Desierto tuvimos que escapar del genocidio y nos fuimos a Chile. Cuando eso se calmó, volvimos y desde hace 125 años (en 1889) estamos de nuevo, reconocidos como tales y hoy es un día de fiesta.” En diálogo con Página/12, el lonco (jefe) de la comunidad mapuche de Colipilli, Pedro Huayquillán, hizo una breve y contundente reseña histórica de los avatares de su pueblo, sin restarle brillo al festejo por la inauguración oficial de la FM 89.9, llamada Peuman Hueche (Sueño Joven), la quinta radio mapuche y la número 46 habilitada en la Argentina tras la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. “La radio va a servir para unir a la familia mapuche y también para difundir nuestra cultura, nuestra historia, que hoy están adormecidas pero están, porque el contacto con nuestra madre tierra es permanente y nuestros jóvenes están manteniendo firme nuestra identidad como pueblo”, resaltó el lonco de la comunidad Huayquillán, una presencia mapuche en el norte neuquino, a 400 kilómetros de la capital de la provincia, conformada hoy por Colipilli Arriba y Colipilli Abajo.
La demanda más importante, a nivel de la comunidad, es el reclamo por “la coparticipación” federal, por tratarse de una comunidad que no depende de ninguna intendencia y que tiene su propia organización democrática, con autoridades elegidas por el voto de la población. “Con la coparticipación vamos a agilizar un montón de cosas y vamos a solucionar las necesidades que tiene la comunidad. Nuestras necesidades son hoy, pero cuando nos llega la ayuda del gobierno, ya pasó, ya la sufrimos. Nosotros tenemos que manejar esos recursos antes, para evitar que ocurran los problemas y no esperar a que nos ayuden, cuando ya es tarde. La coparticipación significa llegar a tiempo para solucionar los problemas. Hay disponibilidad de parte del gobierno, pero tiene su tardanza y no nos sirve.”
Para lograrlo, propone una reunión cumbre, en Neuquén, de “los siete loncos de las comunidades mapuches, para lograr ese objetivo”, porque “ya es tiempo de que manejemos nosotros, en forma directa, los fondos que nos asigna el Estado y no depender de nadie”. El lonco Pedro, que ya está por cumplir sus cuatro años de mandato, sigue recordando a sus antepasados: “Ahora tenemos un conflicto, un problema muy serio, porque el lugar donde ellos están sepultados está en manos privadas. El lugar se llama El Manzano, está en Colipilli Arriba y pertenece a nuestra comunidad, pero está ocupado. Allí tenemos toda nuestra historia, allí se hicieron las primeras ceremonias. En esas 3400 hectáreas están nuestros abuelos.
Estamos en conversaciones con los supuestos dueños, pero no hemos avanzado mucho y esperamos que el tema se solucione cuanto antes porque allí está nuestra historia”.
Miguel Castillo tiene 30 años y es uno de los creadores de la radio mapuche Peuman Hueche (Sueño Joven), asentada en un pequeño edificio con “olorcito a nuevo”, como dijo el lonco Pedro, luego de la invitación a recorrer sus instalaciones. La idea surgió cuando era adolescente “por el hecho de tener una radio, porque siempre me gustaron las cuestiones técnicas, la música”. Diez años atrás, junto con un compañero ya fallecido, José Manuel Cifuente, comenzaron a trabajar en el proyecto. “Su muerte fue un impacto y me quedé solo, sin ganas por unos dos años, hasta que decido ir a estudiar a Chos Malal, donde hice el secundario y después hice un curso en la Escuela de Capacitación número 5, que me sirvió para la elaboración del proyecto.” Luego de pedir la autorización a la comunidad, envió la propuesta a la Afsca. En 2012 obtuvieron la adjudicación, “pero nos faltaba el equipo, de manera que no teníamos nada”.
Entonces se presentaron a un concurso del Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (Fomeca), que brinda apoyo a las radios comunitarias de frontera o en manos de pueblos originarios. “Llegamos a las carreras a presentarnos, porque recién a las cuatro de la tarde terminamos todo, a las siete salimos para Neuquén y a las cinco de la mañana del otro día para Buenos Aires. Llegamos con lo justo, pero llegamos.” En septiembre del año pasado supieron de la adjudicación del dinero para el equipamiento. Recibieron cerca de cien mil pesos y el 15 de enero, luego de ardua tarea, comenzaron con las primeras transmisiones. Tienen un informativo que difunde, sobre todo, noticias referidas a la comunidad y al ámbito provincial. Transmiten todos los días, de 8 a 21.
“Pasamos todo tipo de música, desde folklore hasta rock, dándole mucha importancia a la música regional.” Los domingos tienen “un programa de rock nacional donde se pasan temas que hablan sobre la resistencia de nuestros pueblos, sobre nuestra lucha. Por eso recibimos muchas felicitaciones de la comunidad”. Para más adelante están preparando un programa que será conducido por “maestros mapuches, para hablar de la escuela, de la educación, para revalorizar nuestra historia, nuestra cultura, nuestro idioma”.
De esa forma buscan recuperar el terreno perdido que significó, durante décadas, incluso en los primeros años de la vuelta a la democracia en la Argentina, la prohibición del uso, dentro de la comunidad, del idioma originario. Esa persecución hizo que muchas familias le enseñaran el castellano a sus hijos, para que no fueran discriminados en la escuela. Por eso, muchos jóvenes, como el propio Castillo, usaron apellidos criollos para romper el aislamiento, pero sin olvidar, en su territorio, en la intimidad de la familia mapuche, su palabra, su cultura, sus costumbres y ritos ancestrales.
“Al pueblo mapuche le cuesta mucho hacerse conocer. En las grandes ciudades nos miran como si fuéramos personas ignorantes, aunque en realidad ellos son los que ignoran nuestra historia, nuestro esfuerzo por actualizarnos, por estudiar, por estar informados de las leyes y de nuestros derechos, sin perder de vista nuestra historia, nuestra identidad”. Lo que buscan, a través de la radio, es llegar “a que nos conozcan, nos respeten, y también a confraternizar con nuestros hermanos argentinos y con los pueblos latinoamericanos” porque cargan “con una historia muy rica, porque nuestros ancestros eran muy sabios, tenían contacto con la naturaleza, con dios, sabían cuándo iba a llover, sabían mucho de medicina, tenían mucho para dar y nosotros somos sus herederos”.
El acto de inauguración de la radio comenzó con una rogativa habitual, que todos los días se realiza en familia, antes de iniciar la actividad diaria, para desear que les vaya bien a los humanos y a los animales. En este caso fue un acto colectivo, para bendecir a la nueva emisora. En el acto flamearon las banderas mapuches y las nacionales, en manos de alumnos de las escuelas 68, de Colipilli Arriba, y 302, de Colipilli Abajo. Fernando Maripil, del Consejo Zonal, fue uno de los oradores y también dialogó con Página/12. “La radio es una posibilidad que se abre para los pueblos indígenas, para poder expresar lo que realmente vivimos porque siempre dependemos de los grandes medios, que quieran o no difundir la problemática de nuestros pueblos.”
Puntualizó que “a veces hay que pagar para que la información salga como corresponde, para que se entiendan nuestros reclamos ante las autoridades y para que se sepa cuál es nuestra verdadera historia. Ahora tenemos una radio que nos fortalece, porque podemos transmitir en cada casa, a cada niño, la verdadera historia del pueblo mapuche”. Maripil, que tiene 25 años, expresó su deseo de que los medios nacionales “empiecen a contar la historia no contada, la que no aparece en los libros y que está viva en la memoria de nuestros mayores. Es necesario que empiecen a reconocer nuestros derechos como pueblos indígenas, que las personas huincas conozcan la verdad a través de nuestra propia voz y que empecemos a vivir en un marco armónico de interculturalidad, de respeto mutuo”.
Sobre la memoria del pueblo mapuche subsiste el recuerdo del genocidio, de la llamada Campaña del Desierto. El avance final de las tropas del Ejército sobre territorio mapuche, en el norte de Neuquén, se produjo entre noviembre de 1882 y abril de 1883. Fueron tres brigadas integradas por unos 1400 soldados que mataron a cerca de un millar de guerreros mapuches en las principales batallas, en las que tomaron prisioneros a otros varios miles. Los sobrevivientes escaparon hacia Chile y pudieron regresar a sus tierras recién a partir de 1889. Desde entonces, el pueblo mapuche sigue reclamando sus derechos. “Y desde entonces esperamos que nos reconozcan como los verdaderos dueños de la tierra”, subrayaron a dúo el lonco Pedro Huayquillán y su segundo Juan Luis Castillo, en la despedida con Página/12, luego de compartir un chivito asado y un brindis “por la amistad entre mapuches y huincas”.
MAESTRA Y CRONISTA DE LA COMUNIDAD MAPUCHE
Lo que sabe MagaliPor Carlos Rodríguez
“Para nosotros fue una experiencia maravillosa.” Margarita Avila, a quien todos conocen como Magali, estuvo seis años, desde 1983 hasta 1989, como docente en la escuela número 68 de Colipilli. El apodo Magali lo heredó de una mujer árabe, amiga de su madre, que se llamaba así. “Faltaban muchas cosas, no teníamos luz, la comunicación era más precaria que ahora, pero teníamos una calidez, una relación tan hermosa con la gente, que nos hacía sentir muy bien.” Los pobladores de la comunidad mapuche de Colipilli certifican los dichos de Magali: ella es la persona más saludada, más reverenciada, la que recibe los mejores cumplidos de mujeres y hombres que fueron sus alumnos, que ahora son sus amigas y amigos como lo expresan los abrazos, la tertulia compartida.
“Cuando nosotros llegamos, después de treinta años de estar acá la escuela, no había ningún chico que hubiera terminado la primaria. Abandonaban porque habían empezado la escuela siendo muy grandes, porque estaba la idea de que si eran tan chicos, para qué mandarlos a la escuela.” Magali se emociona cuando recuerda aquellos tiempos: “Nosotros aprendimos mucho de la gente, porque ellos con muy poquitas cosas se arreglaban, siendo que uno siempre quiere más, no se conforma con nada, porque está bien querer más, pero no en forma desmedida”.
“Ellos no tenían luz, ni agua, ni gas, tampoco recibían leña como ocurre ahora, teníamos que salir a buscar leña al campo. No había Asignación Universal por Hijo, no estaba la jubilación del ama de casa, no había nada de parte del Estado. Pero estaba la enorme voluntad de la gente y una cooperativa en la cual la gente entregaba sus productos y se iba a una barraca en Zapala, donde comercializaban. Todo era sin dinero en efectivo, no había dinero, se hacía todo por medio del trueque.”
En Colipilli “son crianceros, a veces salen a trabajar en alguna estancia o hacen changas, en una época salían a trabajar en la cosecha en el valle pero ya no lo hacen. Es gente muy sufrida, de sacrificio en sacrificio”.
Con el tiempo lograron que los chicos fueran a la escuela desde los seis años, pero tenían alumnos de 17 o 18, al punto de que “algunos dejaban la escuela porque tenían que ir a hacer el servicio militar, cuando todavía era obligatorio”, antes de que se eliminara por decreto del Poder Ejecutivo en 1994, después del homicidio en un cuartel de Zapala del soldado conscripto Omar Carrasco.
“Venían chicos de las escuelas secundarias, del colegio Don Bosco, y no- sotros veíamos que en realidad venían a aprender de la gente, porque acá la gente es muy sabia. Nosotros teníamos unos cien alumnos, éramos varios maestros, y además de la escuela normal teníamos talleres para aprender oficios, tejido a máquina y otras tareas que reclamaba la gente. Y nosotros hacíamos recopilación histórica de los conocimientos de esta gente, porque es muy valiosa su historia. Yo estoy escribiendo sobre toda esa experiencia. Estoy en deuda con la comunidad, porque ellos me autorizaron a que escriba y todavía no pude terminar el libro que tenemos proyectado, pero estoy en eso, estoy haciéndolo porque es muy importante la historia de esta comunidad mapuche.”
Aclara que ella no escribe nada que exprese su opinión “porque todo lo tengo grabado, porque son ellos los que cuentan su historia, la historia de cada cerro y el porqué de sus nombres, la historia de los ríos, las lagunas, los recuerdos que tienen de sus ancestros, cuando tuvieron que escapar hacia Chile de la mal llamada Conquista del Desierto. Mal llamada conquista y mal llamado desierto. Eso fue la ocupación del territorio por parte del Ejército”. Los sobrevivientes de la comunidad volvieron en 1904 y desde entonces están reclamando por sus tierras. “El primero fue Francisco Segundo Huayquillán, que fue el primer lonco (jefe). Así empezaron a recuperar sus tierras, porque de haber sido los dueños, regresaban para trabajar como peones. Hasta les prohibieron hablar en su idioma, tenían que aprender el castellano.”
Magali heredó su nombre de una mujer árabe y luego se lo transfirió a una niña mapuche –hoy mujer– a la que “recibió” en sus manos, en el momento del parto. “Su nombre mapuche es Nayla, pero también se llama Magali, como yo, y a su vez, yo me llamo Nayla, como ella, por una muestra de generosidad de la comunidad mapuche, que me pidió que llevara ese nombre por haber estado en el parto.”
Historia de una emisora
Por Carlos Rodríguez
Eduardo Fuentes, delegado provincial de la Administración Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), habló en el acto realizado en Colipilli y resaltó que la emisora “pone en función un derecho fundamental que es la comunicación y que le pertenece a la comunidad mapuche y a la comunidad en general”. Recordó que en la provincia de Neuquén ya fueron habilitadas cinco radios comunitarias cuyos licenciatarios son pueblos originarios y que ya se entregaron 46 licencias desde la sanción de la Ley 26.522, de Servicios de Comunicación Audiovisual. También se proyectó un video en el cual el titular de la Afsca, Martín Sabbatella, destacó que lo sucedido en el norte neuquino “es la esencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que busca democratizar la palabra, y para eso es necesario que surjan nuevas herramientas comunicacionales en el conjunto del territorio nacional”.
Sabbatella, que no pudo hacerse presente por un problema de último momento en el avión privado que lo traía desde Buenos Aires, convocó a la comunidad “a seguir trabajando desde los distintos rincones de la patria para transformar la comunicación, para que lo diverso, plural y multicolor de nuestro país pueda ocupar el centro de la escena pública”.
La FM 89.9 obtuvo la autorización para su instalación y funcionamiento a través de la Resolución 913/2012 de la Afsca y en 2013 recibió un monto cercano a los cien mil pesos a través del Fondo de Fomento Concursable (Fomeca), que entregó fondos por más de tres millones de pesos en una primera etapa y sumó 1,5 millones en la segunda. Para los primeros seis meses de 2014, tiene previsto distribuir entre medios comunitarios la suma de 15 millones de pesos. Se estima que se podrán financiar otros 200 nuevos proyectos de entidades sin fines de lucro y comunidades de pueblos originarios. La FM 89.9 de Colipilli puede tramitar, en el futuro, autorización para servicios de comunicación sonora con amplitud modulada (AM) e incluso radiodifusión televisiva abierta.
El alcance de la FM es de aproximadamente cincuenta kilómetros y la señal cubre la zona de Colipilli Arriba y Abajo, Loncopué y Caviahue. Funciona en el salón comunitario y tiene una antena con 300 mhz de potencia. En el acto estuvo presente la vicegobernadora de Neuquén, Ana Pechen, quien se comprometió a terminar este año los trabajos destinados a remodelar y mejorar la escuela 68 de Colipilli Arriba.
Fuente:Pagina12

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