Recordaron al militante Joseba Arregi torturado y asesinado por la policía española hace 35 años
por Adelaida Artigado, La Haine, Resumen Latinoamericano, 13 de febrero 2016.-
Joseba Arregi fue detenido el día 4 de febrero de 1981. Bajo la hostil Ley Antiterrorista, fue incomunicado y puesto a disposición de la Brigada de Información durante 9 días
El cuerpo de Joseba Arregi con múltiples marcas de las terrible tortura sufrida antes de que muriera producto de las mismas.
Joseba Arregi fue detenido el día 4 de febrero de 1981. Bajo la hostil Ley Antiterrorista, fue incomunicado y puesto a disposición de la Brigada Regional de Información durante nueve días en la Dirección General de Seguridad de Madrid. Mañana, tarde y noche, los policías emplearon con Joseba las prácticas más violentas que se pueden ejercer contra un ser humano. Instruidos y amparados por el propio Estado. Su ley pro torturas se les fue de las manos.
—¿Qué ha pasado? –se preguntaban por todos los ministerios, asombrados.
—¡Tortura, sí –susurraban entre ellos–, pero calculando los límites de tolerancia del cuerpo humano!
A Joseba lo habían matado.
—Oso latza izan da (Ha sido muy duro) –había susurrado Joseba a Iñaki Agirre (ETApm), a Xose Lois Fernandez (grapo) y a Lois Alfonso Riveiro (PCEr) cuando le
encontraron aniquilado en la celda 23 de la planta alta del hospital penitenciario de Carabanchel.
—Me colgaron en la barra varias veces dándome golpes en los pies, llegando a quemármelos no sé con qué; saltaban encima de mi pecho, los porrazos, puñetazos y patadas fueron en todas partes –les relató moribundo cuando
los compañeros le preguntaron por los tipos de torturas que había sufrido.
—Conforme lo desvestíamos para acostarlo fue apareciéndonos el cuadro tétrico de su cuerpo cubierto de grandes hematomas, siendo el más llamativo uno totalmente ennegrecido de dimensiones aproximadas a los veinte centímetros
que le circundaba completamente a la altura de los riñones.
Los pies hinchados presentaban en toda la superficie de sus plantas un hematoma ennegrecido con visibles quemaduras y ulceraciones tratados con mercromina –declararían públicamente los presos políticos en una nota lanzada por la ventana del hospital penitenciario de Carabanchel.
—¿Te trataron con algún medicamento en la Dirección General de Seguridad? –preguntaron los compañeros.
—Me untaron con pomada –contestó él.
Iñaki, Xosé y Lois tuvieron que irse a sus celdas, que se encontraban en la planta baja. Pero a las nueve de la mañana del día siguiente subieron de nuevo para asistirle.
Pasó toda la noche con diarrea, cagándose encima. No meó porque sus riñones estaban reventados. Tenía mucha más dificultad para respirar.
—Nik uste diat hiltzekotan nagoela (Creo que me estoy muriendo) –susurró, cuando advirtió la presencia de sus compañeros. Y murió pocas horas después.
—¡Ha muerto un etarra, viva Cristo Rey! –retumbaban los gritos de los carceleros entre los muros carcelarios.
—El cadáver presentaba algunas contusiones cuyo origen no se ha podido determinar, de momento. Sobre todo, en el cuero cabelludo frontal, hematomas superficiales en ambos ojos y en los párpados. También presenta quemaduras en las plantas de los pies. En cualquier caso, me reservo la última opinión –puntualizaba el juez, José Antonio de la Campa, después de presenciar la autopsia.
—Fallo respiratorio originado por proceso bronconeumótico con intenso edema pulmonar bilateral y derrame de ambas cavidades pleurales y periocardio –precisaba el informe forense. Dicho de forma llana: le reventaron el corazón y los pulmones.
Del resto de órganos no hacía mención el análisis anatómico.
—¡Que se busquen responsables! –gritaban indignados en los pasillos ministeriales.
Todos los partidos políticos españoles expresaban su
«indignación» y su condena ante la muerte de Joseba y
reclamaban un drástico castigo a los culpables.
—¡Caerá el peso de la ley sobre las personas implicadas! –transmitían los portavoces del Gobierno, a la vez que exigían dimisiones en masa.
Opuestos a la cínica hipocresía gubernamental, un gran número de reclusos y reclusas iniciaron una huelga de hambre en las prisiones de todo el Estado, en protesta por el asesinato de Joseba Arregi en dependencias policiales.
Euskadi se paralizó con una huelga general y se organizaron múltiples manifestaciones contra las torturas sistemáticas y los asesinatos de Estado. Con una masiva participación del pueblo vasco que se alzó contra los asesinos
y sus cómplices.
En las manifestaciones se podían leer los eslóganes: «Disolución de los cuerpos represivos» y «Abajo la Ley Antiterrorista».
De setenta y dos policías que participaron en el interrogatorio, solo dos fueron procesados por «supuestos malos tratos». Ambos fueron absueltos por la Audiencia Provincial, con la alegación:
«Es público y notorio que los terroristas se autolesionan y después denuncian por malos tratos». Ante el recurso presentado por la acusación particular volvieron a ser juzgados y nuevamente absueltos.
Negando que se hubiera producido un delito de torturas sino
solo negligencia en la custodia del detenido; considerando que «Arregi mostraba una técnica muy estudiada para producirse autolesiones».
—Una inyección de moral para los policías encargados de la lucha antiterrorista –manifestaban los medios policiales.
Ante el escándalo que provocaron las descaradas indulgencias, el Tribunal Supremo anuló las sentencias absolutorias y condenó a los inspectores Julián Marín Ríos y Juan Antonio Gil Rubiales a cuatro y tres meses de arresto, y tres y dos años de suspensión de empleo respectivamente.
Reconociendo que Joseba fue torturado, sin entrar a juzgar la relación existente entre sus lesiones y la posterior muerte del detenido. Un sarcasmo del Supremo, que certificó: entre todos lo mataron, pero él solo se murió.
Tortura en Euskal Herria: ayer, hoy, nunca más
Editorial del diario Gara
12 de febrero 2016.-
La tortura en Euskal Herria vuelve a primer plano político en víspera de la emblemática fecha del 13 de febrero, el día de 1981 en que Joxe Arregi murió machacado a golpes en la Dirección General de Seguridad, tras dejar como epitafio aquel tremendo «oso latza izan da». Esa lacra que venía de mucho antes siguió también mucho después.
Ha habido que llegar hasta 2016 para que parezca entrar en vías de desaparición, pero no precisamente porque los aparatos del Estado hayan cambiado por voluntad propia su actitud anterior, sino porque el nuevo contexto creado por la izquierda abertzale les deja sin excusa policial ni margen político para seguir atormentando a ciudadanos vascos, a veces hasta la muerte.
Con todo, no es un asunto que se pueda declinar ya en pasado, sino que hay que analizarlo en presente y futuro. En presente, porque cercanas en el tiempo están las denuncias de Iñaki Igerategi e Iñaxio Otaño (2012) o Tomas Madina (2014), producidas todas ellas en este nuevo escenario, y porque presente puro y duro son los juicios pendientes basados en la tortura (como el que comienza el 14 de abril contra varios jóvenes navarros, uno de los cuales pidió ayuda con aquel desesperado «aztnugal») y también los carpetazos dados sistemáticamente a las denuncias de maltratos hasta hoy mismo.
Mirando al futuro, con este caldo de cultivo y la persistencia de los regímenes especiales de incomunicación, la tortura sigue siendo una amenaza, más difusa pero sin duda latente. Un riesgo que exige un «nunca más» colectivo.
Es ahí donde cobra valor la declaración, ayer, del Parlamento de Gasteiz con los votos de PNV, EH Bildu y PSE.
El desmarque de PP y UPyD ante una moción tan básica remite, finalmente, al pasado trágico que insisten en dejar abierto.
El negacionismo ya es solo un recurso cobarde ante una práctica que no ha sido excepción, sino norma, como admite Lakua con la estimación de 5.500 casos. Y ese pasado es obligado esclarecerlo y difundirlo.
Opinión: La puerta de la tortura
por Amparo LASHERAS
Periodista
En Euskal Herria se conoce muy bien la violencia policial en manifestaciones, controles arbitrarios y huelgas. Conocemos bien la intimidación de los despliegues policiales en registros y detenciones.
Se sabe, demasiado bien, lo que es la vulneración de derechos, la incomunicación y sobre todo la tortura. Hoy, precisamente, se cumplen 35 años del asesinato de Joxe Arregi, militante de ETA, torturado hasta la muerte en 1981.
Se podría decir que somos expertos en soportar el despotismo de toda la gente uniformada que pulula por este país: verdes, grises, marrones, azules, beltzas…
Tal vez porque estamos hartas, ante cualquier situación de violencia policial se nos dispara la solidaridad y, aunque se trate de una víctima desconocida, nos precipitamos en su defensa.
Ayer, sobre las 9 de la mañana, ocho coches de la Ertzaintza, con sus correspondientes agentes, tomaron la calle General Álava de Gasteiz para detener a dos jóvenes, un hombre y una mujer. Él, contra la pared, fue cacheado y maltratado.
A ella, con un trato vejatorio, le tiraron boca abajo, sobre el suelo mojado; los brazos y las piernas abiertas y la falda arremangada bajo la lluvia, mientras un agente le apuntaba con lo que parecía un arma. No sé quiénes eran, ni qué habían hecho. Pero pensé que aquella violencia en plena calle, puede abrir la puerta de la tortura en una celda.
La campaña #Aztnugal denuncia que la tortura sigue siendo una realidad
La campaña #Aztnugal pone en evidencia estos días que la práctica de la tortura sigue siendo una realidad.
El nombre de la campaña es Laguntza escrito al revés y fue empleado por Patxi Xabier Arratibel cuando fue detenido por la Guardia Civil en 2011. Posteriormente, el Tribunal de Estrasburgo condenó al Estado español por no investigar la denuncia por torturas que presentó Arratibel.
Junto a Arratibel, fueron detenidos en esa operación Iñigo González, Gorka Mayo, Iker Moreno y Gorka Zabala, que serán juzgados a partir del 14 de abril en la Audiencia Nacional española en el marco del sumario 4/2014
La única prueba contra estos ciudadanos navarros son las declaraciones obtenidas bajo la tortura. Todos ellos denunciaron haber sido sometidos a esta práctica durante los cinco días que permanecieron incomunicados a manos de la Guardia Civil. Moreno ha relatado que «mientras me torturaban pensé ‘ojalá se les vaya de las manos y me maten’. Lo prefería a estar allí».
La tortura ocupa un lugar central en la campaña de denuncia de este nuevo juicio político. En este marco, coincidiendo con el Día Contra la Tortura, el forense Pako Etxeberria, Jorge del Cura (CPT) y Lorea Bilbao (TAT) participaron en una mesa redonda en Iruñea .
También, en el frontón Askatasuna de Burlata acogerá un festival de rock en el que participarán los grupos KOP, Kaotiko, Arkada Sozial, MC Onak, Tximeleta y DJ Jotatxo.
En otros puntos de Euskal Herria, también se han organizado actos contra la tortura.
Sortu, por su parte, destacó que «hay que acabar con las leyes de excepción y con la incomunicación si se quiere acabar con la tortura», una práctica que «ha sido un arma utilizada por el Estado contra Euskal Herria para impedir que este pueblo sea dueño de su futuro».
Además, recordó que en 40 años se han documentado más de 100.000 casos de tortura en Euskal Herria, pero se estiman en muchos miles más los casos que faltan por identificar. «Esto solo puede ser consecuencia de una estrategia de guerra contra el independentismo», añadió.
«Si es cierto que todos queremos trabajar por la convivencia pacífica en Euskal Herria, es necesario que salga a la luz toda la verdad. La sociedad debe saber qué ha ocurrido durante 50 años en las comisarias», destacó Sortu.
Recordaron a Arregi en varias concentraciones y encarteladas
Con diversas acciones populares, que incluyó colorear con líquido rojo (imitando a la sangre una fuente del centro de San Sebastián) este pasado 13 de febrero se recordó en varias ciudades de Euskal Herria, el 35 aniversario en que la policía española asesinó al militante independentista vasco Joxe Arregi, después de torturarlo ferozmente.
El Movimiento por la Amnistía y contra la Represión llevó adelante concentraciones y a la vez emitió un comunicado en el que señala que la práctica de la tortura siempre ha sido utilizada por los gobiernos españoles y sus cómplices (PP, PSOE y PNV) y sus diversas policías.
“Hace 35 años la policía española llevó a la muerte, producto de las torturas, a Joxe Arregi,en la cárcel de Carabanchel.
Este no ha sido un caso aislado y que antes o después, tanto la Policía Española como la Guardia Civil o la Policía Autónoma Vasca, han llegado a torturar alrededor a miles de ciudadanos y ciudadanas vascas, la mayoría por motivos políticos, y generando la muerte de once de ellos”, dice el comunicado.
Envío:ResumenLatinoamericano






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