1 de marzo de 2016

CÓRDOBA-LA PERLA: ALEGATOS DE LOS FISCALES EN EL JUICIO POR SECUESTROS Y TORTURAS EN LA PERLA Y LA RIBERA.

ALEGATOS DE LOS FISCALES EN EL JUICIO POR SECUESTROS Y TORTURAS EN LA PERLA Y LA RIBERA
Crímenes con saña y con cinismo
Los fiscales están desarrollando los casos de las 716 víctimas del juicio. “No dejamos de sorprendernos de las atrocidades cometidas por los imputados”, afirmó Facundo Trotta, al narrar secuestros de niños y torturas de todo tipo.
Por Marta Platía
Desde Córdoba
El represor Luciano Benjamín Menéndez, máximo responsable de los crímenes cometidos en La Perla.
“Fuimos crueles, pero no sádicos, ni integramos una asociación ilícita”, dijo Jorge Rafael Videla cuando ejerció su derecho a defensa antes de que lo condenaran a prisión perpetua en el juicio que se le hizo en Córdoba en 2010 por el asesinato de 31 presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo (PEN) en una cárcel estatal. También, en esa alocución, señaló que “lo hicimos en el marco de crueldad que impone toda guerra por su propia naturaleza”. Una guerra que no existió, ya que se trató de un Estado terrorista que ejerció represión ilegal contra grupos más o menos armados y población civil. A poco más de un lustro de ese juicio, y ya con Videla muerto, su afirmación aún resuena en la sala donde se viene desarrollando el megajuicio La Perla-Campo de La Ribera, y se cae de a pedazos en cada caso que es expuesto. El equipo de fiscales liderado por Facundo Trotta e integrado por Virginia Miguel Carmona y Rafael Vehils Ruiz, viene alegando desde diciembre por cada una de las 716 víctimas cuyas causas pudieron llegar a juicio tras casi 40 años de reclamar justicia.

“Aun con el tiempo que lleva este juicio, no dejamos de sorprendernos de las atrocidades cometidas por los imputados, de la saña demostrada para torturar, violar, matar y desaparecer –afirmó Trotta ante el juez Jaime Díaz Gavier del Tribunal Oral Federal Nº 1–. Torturaron, violaron y mataron chicos y chicas de la escuela secundaria. Adolescentes de 16, 17, 18 años. ¿Contra ellos estaban en guerra? Es incomprensible. Hubo personas a las que torturaron hasta matarlas. Eso, señor presidente, aunque algunos imputados digan que en La Perla no murió nadie, o incluso que ni siquiera hubo torturas; sino uno que otro bofetón”. El palo fue directo al gallinero del represor Ernesto “Nabo” Barreiro, quien en juicio llegó a discutir con el querellante Claudio Orosz “el significado de la palabra tortura” y, en el clímax de su cinismo, subió la apuesta negando fusilamientos y muertes en una entrevista en radio Mitre-Córdoba, y en la cual no fue rebatido ni repreguntado.

Del espanto por la extrema crueldad del ejército de Videla y Luciano Benjamín Menéndez dio cuenta el fiscal Vehils Ruiz cuando alegó por la matanza de Félix Roque Giménez, de 24 años, a quien atraparon en la calle el 15 de marzo de febrero de 1976, poco antes del golpe. La patota comandada por Héctor Pedro Vergez lo llevó al Campo de La Ribera –aún no estaba en funcionamiento La Perla– donde lo “interrogaron” por su supuesta pertenencia al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

“Lo torturaron de un modo especial: Lo colgaron de un pie y le colocaron en la cara la resistencia al rojo vivo de una plancha eléctrica. Eso le hicieron, señores jueces –resaltó el fiscal–. Después lo sacaron al aire libre hasta que como consecuencia de lo que padeció, murió”, narró Vehils Ruiz, aún azorado por semejante tormento.

Mientras su madre lo buscaba en comisarías, hospitales, la D2 (la Gestapo cordobesa) y le negaban haberlo detenido; al joven Félix le infligieron de las más encarnizadas torturas que se hayan detallado en este juicio. Las sobrevivientes Graciela Geuna y Liliana Callizo coincidieron en sus testimonios: “Callizo relató que luego de picanearlo y golpearlo y quemarlo con cigarrillos, lo estaquearon al suelo, al aire libre con la resistencia de la plancha en el rostro. Allí estuvo horas y horas. Ahí, cubierto de insectos y hormigas, murió”.

“Miren, señores jueces –insistió Vehils Ruiz con tono duro, grave– yo recuerdo que (cuando hablan en juicio) los represores mencionan a Dios cada vez que pueden. Y pregunto: ¿qué clase de cristianos son los que aplican esta tortura?”.

Testigos –y también víctimas– de esa ferocidad fueron los padres y familiares de Rosa Assadourián y de Susana Luna: ambas secuestradas, torturadas y cuyos cadáveres fueron devueltos a sus familias en tal estado de mutilación que les ordenaron velarlas a cajón cerrado. “A Rosa le sacaron los ojos, le cortaron la nariz, la mitad de la boca... –enumeró su hermana María Sonia–. La reconocimos por unos lunares en su piel que era muy blanca, muy rubia”. En cuanto a Susana, luego de las sesiones de tortura y vejaciones en las que laceraron su cuerpo, la terminaron ahorcando con un cable y la arrojaron desnuda a una cuneta cerca del Jockey Club. En un papel que cruzaron sobre su pecho ensangrentado, la horda del Comando Libertadores de América (CLA.) escribió: “Ajusticiada”, como para que el crimen se le atribuyera a Montoneros o al ERP: una modalidad que denunció como “una práctica común” de los meses previos al golpe, el sobreviviente Carlos Raimundo “Charlie” Moore en su declaración en San Pablo, Brasil, luego de su fuga en noviembre de 1980.
Claudia Hunziker tenía 21 años cuando fue secuestrada el 23 de julio de 1976. Su nombre estaba en la lista que le entregó a Luciano Benjamín Menéndez el interventor de la Escuela secundaria Manuel Belgrano, Tránsito Rigatuso. De diecinueve chicos delatados, desaparecieron a once. El 7 de agosto, Claudia fue trasladada en un camión, vendada, maniatada, amordazada. La fusilaron y desaparecieron en los campos que rodean a La Perla.

En 2010, cuando Videla dijo lo que dijo, era consciente de cada palabra. De la crueldad, del sadismo y de la asociación ilícita que había comandado junto a Menéndez. De hecho, su ex colega Alejandro Agustín Lanusse ya lo había repudiado y rebatido en el Juicio a las Juntas de 1985, cuando dijo que no era su ejército el que “salía disfrazado por las noches a secuestrar y desaparecer gente”.



Los números del juicio
El juicio que ya entró en su cuarto año comenzó el 4 de diciembre de 2012. Lleva más de 305 audiencias. Declararon 581 testigos. Se juzga a 44 represores encabezados por Luciano Benjamín Menéndez por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra 716 víctimas entre 1975 y 1983 en los campos de concentración de La Perla, Campo de La Ribera, la D2, y diversas comisarías de localidades cordobesas. También es el primer juicio en la provincia de Córdoba por sustracción de un menor de diez años: el nieto de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba, Sonia Torres, quien busca al hijo que tuvo en cautiverio su hija Silvina Parodi de Orozco. Durante este proceso judicial murieron diez imputados.



Una madre con su hijito en La Perla
Ramona Cristina Galíndez de Rossi, “La Negrita”, fue secuestrada el 24 de junio de 1976 al atardecer, cuando iba por el Parque Sarmiento (el Palermo cordobés) con Alejandro, su hijito de 4 años, a quien llamaba “Pichi”, y su amiga Liliana Gell. Ese pequeño, ya hombre, declaró en este juicio y recordó la violencia del ataque. Que sintieron la frenada de un auto. Que su mamá empezó a correr. Que corría y corría llorando, gritando. Y que él también. A Liliana Gell la mataron a balazos. A “La Negrita” y al “Pichi” los llevaron a La Perla. “¡A La Perla a un nene de cuatro años, señores jueces!”, casi gritó el fiscal Vehils Ruiz en su alegato.

Ya en el campo de concentración, la sobreviviente Patricia Astelarra fue la que dio testimonio del destino de ambos: “Al Pichi le querían dar caramelos para que parara de llorar, pero él no los aceptaba. Lo tuvieron ahí unos cuatro, cinco días hasta que se lo llevaron a los abuelos a la casa. Todo fue muy terrible para él, para ella... La Negrita contó que (en el momento del secuestro) ella corría desesperada y que le gritaba al hijo que corriera para el otro lado, en sentido contrario para que se salvara. Pero claro, el nene iba para donde corría su mamá... Ella tropezó y se cayó. Ahí la agarraron y también se lo llevaron a él”. La sobreviviente Susana Sastre relató que “La Negrita Galíndez sufrió mucho por su hijito. Sabía que lo tenían en La Perla porque lo escuchó llorar en las oficinas”.

También coincidieron Graciela Geuna, Teresa Meschiati y Piero Di Monte”. Este último, aterrado, refirió: “Cuando (el Pichi) estuvo en la cuadra nos creó un estado de estupor tremendo... ¡Que trajeran a nuestros chicos allí! Era el horror. Dijeron que lo llevaron a la casa de los padres de ella. Y eso ocurrió finalmente. Pero mientras, no lo sabíamos y fue terrible para nosotros que estuviera. Y cuando se lo llevaron, peor. La incertidumbre. A la madre la trasladaron y nunca más se supo de ella”.

Patricia Astelarra vio cómo la prepararon. “La tuvieron parada varias horas, amordazada, maniatada antes de subirla al camión. Ella sabía que la iban a matar”. A la ceremonia siniestra del traslado, los represores la llamaban “la solución final”. Como los nazis.
Los abuelos maternos que recibieron a Alejandro de brazos de la patota sufrieron, además, una amenaza: “Acá lo tienen. Encárguense de que no haga más preguntas porque, si no, volvemos a buscarlo”.
Fuente:Pagina12

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