9 de enero de 2018

JUEZ MARPLATENSE CUESTIONA EL ARRESTO DOMICILIARIO DEL GENOCIDA ETCHECOLATZ.

Argumentos de un juez marplatense para cuestionar el arresto domiciliario de Etchecolatz El fin de semana se realizaron marchas y escraches en repudio a que el genocida condenado a perpetua pueda vivir fuera de la cárcel. El juez de garantías Juan Tapia analiza la situación, sin caer en un discurso de “manodurista”.
El fin de semana se realizaron marchas y escraches en repudio a que el genocida condenado a perpetua Miguel Etchocaltz esté viviendo en su casa del Bosque Peralta Ramos por estar beneficiado con prisión domiciliaria y, ante esta situación, el juez de garantías de Mar del Plata Juan Tapia le agregó razonabilidad y argumentos al masivo reclamo que exige que el culpable de delitos de lesa humanidad cumpla el resto de su condena en una cárcel.
El juez Juan Tapia, en un texto que difundió por redes sociales y se viralizó en pocas horas, cuestionó las decisiones jurídicas del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6 -compuesto por los jueces José Martínez Sobrino, Julio Panelo y Fernando Canero– que llevaron a otorgarle el beneficio de la prisión domiciliaria a Etchecolatz.
“Cuando aparecen casos como el de Etchecolatz el desafío es cuestionar esas decisiones judiciales manteniendo una coherencia discursiva con el respeto a las garantías constitucionales”, dijo Tapió y agregó: “Es decir, cómo hacer para que el rechazo a la decisión que otorga arresto domiciliario a Etchecolatz no nos haga incurrir en lo más retrógrado de la demagogia punitiva. Evitar enamorarnos del discurso manodurista que después se despliega contra los sectores más vulnerables de la sociedad”.
Con esa premisa se no sumarse al discurso “manodurista”, el titular del Juzgado de Garantías N°4 compartió seis argumentos para cuestionar, desde lo jurídico, el arresto domiciliario del genocida Etchecolatz.
  1. Las personas mayores de 70 años de edad “podrán” cumplir la pena de prisión en detención domiciliaria. “Podrán” no significa “deberán”. En los casos de los responsables del terrorismo de Estado, la vigencia de las leyes de obediencia debida y punto final ha permitido que se mantengan en libertad durante décadas. Ello implicó que en la mayoría de los casos recién hayan sido encarcelados durante su vejez. En cuanto a Etchecolatz, fue condenado en la “Causa Camps” a 23 años de prisión en 1986 por haber torturado a 91 personas, pero evitó cumplir esa pena por la sanción de las leyes de impunidad.
  2. Las personas privadas de su libertad tienen derecho a la salud y a la dignidad, evitando que su encierro sea inhumano o cruel. Sin embargo, las patologías de Etchecolatz pueden ser atendidas en cualquier cárcel, garantizando su acceso a la atención médica. Por un lado, los autores de los delitos de lesa humanidad están alojados en pabellones especiales, aislados del resto de la población y de las situaciones violentas que suelen generarse en las prisiones. Por otra parte, en el Area de Sanidad de cada cárcel cohabitan hoy múltiples detenidos por delitos más leves que los de Etchecolatz, que poseen diversos problemas de salud. De este modo, el derecho a la salud del represor, debe ser garantizado en el interior de las prisiones, de ser necesario con internación en el sector de sanidad.
  3. El arresto domiciliario no debe obstaculizar investigaciones en curso. Varias de las víctimas de Etchecolatz continúan hoy desaparecidas. De modo tal que sus delitos, son delitos permanentes, que se continúan ejecutando en el tiempo. Lo mismo cabe decir de Jorge Julio López, que testificó en el primer juicio a Etchecolatz y luego fue secuestrado, permaneciendo desaparecido desde 2006 al día de la fecha. Es recordado el hallazgo de un papel, escrito de puño y letra por el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, que decía “pedir todas las declaraciones del Sr. López. URGENTE”. En ese marco, la prisión domiciliaria de Etchecolatz significa un riesgo de entorpecimiento de esas investigaciones y un obstáculo a la posibilidad de conocer el paradero de los desaparecidos.
  4. El arresto domiciliario no debe otorgarse en localidades cercanas a las víctimas. En el caso concreto, en el Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata habitan víctimas y familiares de los crímenes de lesa humanidad cometidos por Etchecolatz, por lo que su presencia en ese ámbito es una ofensa a la memoria de las víctimas, a quiénes se pretende obligar a convivir pacíficamente con el autor de los peores delitos de nuestra historia.
  5. El arresto domiciliario no es impunidad. Sin embargo, se debe priorizar qué personas privadas de libertad pueden acceder a este instituto, dejando para la última categoría a quienes están imputados de delitos de lesa humanidad, los más graves que contempla nuestra ley penal. Es inadmisible que hoy estén encerrados en cárceles personas imputadas de daños y resistencia a la autoridad por ejercer su derecho a la protesta, pibes autores de hurtos o robos insignificantes y que al mismo tiempo pueda estar en su casa un genocida.
  6. La pena privativa de libertad en muchísimos casos no cumple ninguna función. En otros casos, debería orientarse al paradigma constitucional de la reinserción social. En los delitos de lesa humanidad, la pena privativa de libertad tiene por fin el castigo. Un castigo rodeado de las garantías constitucionales que los autores de esos delitos desconocieron sistemáticamente. Pero un castigo al fin. Además esa pena cumple funciones simbólicas: es un mensaje a toda la comunidad del más enérgico repudio al terrorismo de Estado, para que a partir de la memoria de esos casos, nunca más se repitan esos acontecimientos. Esas funciones que cumple la pena para estos crímenes se ven distorsionadas con el arresto domiciliario de Etchecolatz, uno de los personajes emblemáticos del terrorismo de Estado en Argentina.
“Condenado a prisión perpetua por aplicación de homicidios calificados, tormentos reiterados, privación ilegal de la libertad calificada, supresión de estado civil de menores de edad, jefe de investigaciones de la policía bonaerense durante el terrorismo de Estado y jefe directo de al menos 21 centros clandestinos de detención, Etchecolatz debe cumplir su pena a prisión perpetua en una cárcel común”, concluyó el juez de garantías de Mar del Plata Juan Tapia 
Fuente:LaCapitalMdP .


HIJA DE ETCHECOLATZ: “LA JUSTICIA SE VOLVIÓ INJUSTICIA” 

Hija de Etchecolatz: “La justicia se volvió injusticia” La mujer se cambió el apellido e integra el colectivo Hijos y ex Hijos de genocidas. Defendió las movilizaciones que se realizaron en Mar del Plata para repudiar el beneficio a su padre.
8 ENERO, 2018
Mariana Dopazo, hija del genocida Miguel Etchecolatz, cuestionó el beneficio de prisión domiciliaria otorgado a su padre y señaló que “una vez más la justicia se volvió injusticia”.
La mujer, que se cambió el apellido e integra el colectivo Hijos y ex Hijos de genocidas, aclaró que “rechazar la domiciliaria de Etchecolatz no significa no valorar la Justicia”.
“Rechazar la domiciliaria de Etchecolatz no quiere decir no valorar la Justicia. Rechazar la domiciliaria de Etchecolatz quiere decir que se rozan a contrapelo lo traumático y el horror que sabemos son siempre actuales, siempre vigentes”, explicó.
Dopazo defendió las movilizaciones que en estos días inundaron las calles de Mar del Plata para repudiar el beneficio a Etchecolatz.
“Acá no hay un grupo de locos sueltos queriendo escrachar a alguien. No son ‘algunas’ personas. Estamos hablando de una sociedad que piensa otra cosa. Y ‘eso’ tiene que ver con lo que ocurre: denunciar y poder no estar de acuerdo porque si la Justicia fuese justa, a lo mejor la reacción del sujeto social sería otra”, argumentó. 
Fuente:PuntoNoticias                                        


A la casa del lobo 
09/01/2018 
Crónica de otro día histórico que muchos medios se “saltearon”: el multitudinario escrache a Etchecolatz, en el Bosque Peralta Ramos. Cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica, en Mar del Plata. 
Con reportaje fotográfico de Martina Perosa y textos de Lautaro Romero.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Este domingo, el escrache a Etchecolatz convirtió el Bosque Peralta Ramos en un lugar de peregrinación, resistencia y lucha. En Mar del Plata, hubo desahogo frente a la casa del genocida. Siluetas de mujeres, hombres y niños recordaron a los que ya no están, a los desaparecidos. La voz del pueblo, pidiendo juicio y castigo.
“El Bosque no es guarida para indultados genocidas”. El pasacalles en la entrada principal de la reserva forestal hace que te olvides de contemplar las especies vegetales que viven en el Bosque Peralta Ramos, al sur de Mar del Plata. Pinos, nogales, robles y araucarias, cientos de ellos, en 450 hectáreas, para escaparse de la ciudad. El aire es limpio y puro.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
“A 2,3 kilómetros del genocida Miguel Etchecolatz”, advierte un cartel, justo en el punto de encuentro para el escrache masivo, sobre la avenida Mario Bravo. El amarillo patito del cartel te mantiene alerta. Hay una foto del asesino. Y una dirección: Boulevard Nuevo Bosque y Tobas.
Hacia allá vamos. Familias, vecinos, militantes de organizaciones sociales, gremiales y de derechos humanos. Los que no tienen bandera. Personas con máscaras blancas que dicen Julio López en rojo. Las Madres y Abuelas, con Nora Cortiñas al frente.
Pese a que no pocos medios lo ignoraron, mucha gente marchó este domingo e hizo del Siluetazo una peregrinación por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Kilómetros y kilómetros, todos a pie, para repudiar la domiciliaria otorgada a Etchecolatz por los jueces Luis Panelo y Fernando Cañero, del Tribunal Oral Federal Nº 6. Anoten esos nombres: son quienes hacen posible la impunidad.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
A Moisés le duele. Siente que le han arrebatado todo lo conquistado hasta acá. Y todo lo que falta por hacer: todavía no saben dónde está el cuerpo de un familiar suyo, a quien torturaron durante la dictadura cívico-militar.
Montones de figuras humanas son llevadas con amor y dolor. Las siluetas de cartón tienen nombre y apellido, y una fecha que precisa la última vez que fueron vistos con vida. Hombres, mujeres y bebés. Hay muchos pibes. Nos acompañan los treinta mil.
En una de las calles que interceptan el Bosque, la multitud hace una parada especial. Algunos de los que pasan por el frente de la casa, liberan la rabia desde lo más profundo de su alma. Ahí vive Juan Miguel Wolk, uno de los tantos represores que se vio beneficiado por estas tierras, con la prisión domiciliaria. Las garitas están vacías. Un solo custodio se mantiene expectante, le cuesta ser indiferente: ahí nomás de la Rambla, la marea de gente, como ocurrió el sábado en el centro marplatense, entre abrazos y lágrimas, no detiene su curso.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Carlos y Teresa tienen canas y arrugas.  Vivieron cuando se sembró el terror. Ahora viven a pocos metros de Wolk, quien estuvo prófugo, a dos días de que la Corte Suprema revocara el goce de arresto domiciliario. Teresa tiene la experiencia de haber vivido de chica en zona militar de Campo de Mayo. “A veces no podíamos entrar a mi casa porque los militares estaban buscando a alguien. Todo esto me conmociona un poco. Y me llama la atención ver tanta gente joven pelear por algo que pasó hace tanto tiempo. Es parte de nuestra historia”, asegura. O de un recuerdo más reciente, cuando trabajaba en escuelas en donde había libros prohibidos.
“Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar…”.  Y fuimos. Cantando. Entre banderas, bocinazos, aplausos, sonrisas y llantos. A paso firme. Un hombre con la remera del Che, llevando a otro en silla de ruedas, entre rocas y polvo. Algunos hicieron esfuerzo de más. A medida que ganaba terreno el bosque, y perdía lugar el cantar de los pájaros, el reclamo tomaba cada vez más fuerza.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Las siluetas comenzaron a quedar por el camino, colgadas de los árboles, de las rejas de las casas. No descansan en paz.Tampoco lo hace Erika Lederer, hija de Ricardo Lederer, quien fue obstetra de la maternidad clandestina en el Hospital Militar de Campo de Mayo en los 70. “Mi viejo no tuvo huevos de enfrentar la justicia y se pegó un tiro. Si estamos dando lucha es porque sabemos de lo que son capaces estos tipos en libertad. Lo hemos vivido desde la gesta de la casa. Sabemos lo que es el horror. Pero nosotros no somos víctimas. Las víctimas son nuestros 30 mil compañeros, los hijos, las Madres y las Abuelas”, confiesa Erika, referente del colectivo Hijos e Hijas de genocidas.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Llegamos a la guarida. Un puñado de policías tras la valla. Algunos de ellos, preparados para la guerra. No vuela ni una sola piedra. Hubiese sido contra la consigna tejida entre todos los que se manifestaron esta tarde. Eso sí: la gente está enardecida, y con justa razón. En algún lugar permanece oculto Etchecolatz. “Tiene que estar en cárcel común y efectiva. Yo trabajo con detenidos, y en las cárceles federales hay gente que cumple su condena, siendo delitos no tan graves como lo son los de lesa humanidad”, explica Lederer, quien es abogada y estudió filosofía en la UBA.
Ya es de noche. Es hora de emprender la vuelta. Más de uno esboza una sonrisa y aprieta el puño. Son símbolo de que vale la pena, y de que nunca hay que olvidarse de luchar.
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
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Erika, hija del genocida Ricardo Lereder. Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo. Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fotos: Martina Perosa para la cobertura colaborativa de lavaca y Cítrica
Fuente:LaVaca

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