31 mayo 2018
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Cómplices: la Selección argentina
jugará en Jerusalén
La selección
argentina de fútbol jugará el 9 de junio en Jerusalén un partido amistoso con
Israel y de esta manera, todo su plantel se convertirá en cómplice del
genocidio contra el pueblo palestino.
Fueron
repetidamente advertidos por organizaciones de derechos humanos palestinas pero
también por los distintos comités de solidaridad con ese sufrido pueblo tiene
en todo el mundo, pero ni el director técnico ni los propios jugadores dijeron
una palabra. Como autistas ante una tragedia que ya dura 70 años, a ellos “lo
único que les importa es jugar”, aunque sea en un cementerio de niños, niñas,
ancianos, mujeres, hombres. No les interesa, con tal de ver rodar la pelota,
que su “público” sean soldados armados, o recalcitrantes judíos ortodoxos que
generalmente ocupan como colonos los lujosos countries construidos profusamente
en tierra palestina ocupada. Ocupan y matan para sostenerse en el territorio
que avasallan.
No les interesa
tampoco a Messi y sus colegas que Israel sea uno de los pocos países en el
mundo que considera legal torturar a los detenidos, o que cuando sus soldados
bombardean en Gaza, una tribuna de “hinchas” se levante en el campo de
“batalla” para festejar cada muerto o cada bomba destructora. O que en las
prisiones de exterminio haya miles de chicos y chicas de edades parecidas a las
de todos los que componen la Selección. Allí está el caso de Ahed Tamimi como
ejemplo de lo que significa esta barbarie cimentada por quienes serán sus anfitriones.
Menos habrá de
importarles que ese “país” al que van a jugar se haya levantado hace siete
décadas en base a destruir al pueblo originario que residía alli desde siempre.
Les demolieron sus viviendas, les quemaron sus olivares, los asesinaron y a quienes
lograron salvarse los empujaron a una diáspora que hoy se cuenta por millones.
No, a la selección
argentina poco le importa lo que ocurre a su alrededor. Son una elite que nada
ve, nada oye, nada dice.
Tampoco no hay nada
que justifique que en el mismo momento en que el Parlamento le ponía freno al
tarifazo, el equipo de ídolos de barro (Messi, el más complaciente) posaran
alegres con el presidente Macri. El mismo que vetará esa decisión parlamentaria
condenando más a la miseria al pueblo argentino. Lógico: Messi vive en otro
planeta y no le falta dinero para pagar tarifas o lujos exhorbitantes. Mucho
menos puede interesarle a él y al resto que ayer nomás aviones sionistas
siguieran bombardeando Gaza, el mayor campo de concentración al aire libre, o que
sus habitantes ya no tengan ni luz, ni agua ni siquiera gazas o anestesia en
los hospitales desbordados de heridos, o que un jóven como él, jugador de
fútbol de un equipo palestino, no pueda brincar más en un estadio. Entre
quienes concurrirán a ver a la selección argentina en Jerusalén seguramente
pueda estar el soldado que le haya apuntado al cuerpo y con total impunidad
disparara, dejándolo valdado para toda la vida.
Messi y sus
compañeros sonríen como zombies ante las humoradas de un presidente que no hace
reir a nadie, y con esa misma indolencia se preparan para caminar como
autómatas en la Jerusalén ocupada, tomarán fotos en el muro de los lamentos y
de paso también en la Embajada de Estados Unidos, montada como una de las
tantas provocaciones de Trump en la ciudad santa de todas las religiones. Con
una venda en los ojos, que no les asegurará tranquilidad de conciencia,
disfrutarán en un sitio donde muchos lloran por haber perdido a sus hijos e
hijas en las continuas masacres orquestadas por los invasores de tierra
palestina.
No podrán decir que
no lo sabían, como hicieron muchos después de la dictadura argentina. No, no
podrán hacerse los desentendidos o poner cara de “esto no va conmigo, yo soy
apolítico”. Todos ellos han recibido innumerables mensajes: “No vayan”, “no
avalen este nuevo Holocausto”, “no sean indiferentes” a los miles de muertos,
torturados, presos y presas. No se borren de una realidad monstruosa capaz de
construir un muro gigantesco para dividir aún más a un pueblo. ¿Qué más hace falta
para que comprendan que el paso que están dando es equivocado?
¿Con la misma
excusa de que el deporte no debe ser cruzado con la política ustedes hubieran
jugado en Auschwitz o Treblinka? ¿Hubieran complacido a los asesinos de la
Gestapo? ¿Pueden ser tan sumisos a la decisión de un gobierno (el de Macri y
Patricia Bullrich) que se arrodilla no solo ante el FMI sino también mantiene
relaciones carnales con el Estsdo Terrorista de Israel? No muchachos, el
fútbol no justifica todo. Menos cuando la sangre de inocentes y el dolor de
madres, padres, hijos e hijas de quienes han sido brutalmente asesinados les
estallará en pleno rostro apenas pisen Jerusalén.
Podrán hacer
gambetas de excelencia o goles espectaculares, pero nadie, ni siquiera el
fanático más complaciente del equipo habrá de perdonarles que no se hayan
rebelado contra quienes les impusieron ser cómplices de la invasión,
colonización y matanza de un pueblo que lo único que aspira es a su libertad y
vivir en paz. Cuando se den cuenta de esto, dentro de esta campana de cristal
en la que viven, ya será tarde.
El artículo fue
publicado en Resumen Latinoamericano . Escrito por Carlos Aznarez
Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV.
Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del
periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito
de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.
Envío:AexPPPGde.Cdba.


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