4 de abril de 2019

ROSARIO: La noche de los pañuelos.

04 de abril de 2019 
La noche de los pañuelos 
Por Gloria Lenardón
Vencían la batalla contra el tiempo, los pañuelos transponían la línea del olvido flameando en la Plaza 25 de Mayo. Presentes en la Plaza de la Ronda de las Madres de Rosario, los pañuelos blancos desparramaban la luz de la plaza de la vigilia del 23, entre los carteles que resaltaban las consignas de esa determinación que la sostuvo siempre: Nunca Más. Memoria Verdad y Justicia. Una memoria que abarca aquellos muertos negados y desaparecidos de la faz de la tierra, siempre presentes al revisar el tramo más amargo de la historia argentina, pero recordando también otros puntos perversos como el plan económico devastador de los genocidas.
Unas cien mil personas movilizadas en Rosario el 24 de marzo que recordaba el ideario de un país más justo de tantos jóvenes ilusionados que fue borrado con sangre durante la última dictadura cívico militar. Una dictadura que sembró pobreza, desesperación y miseria, y enlutó a los argentinos. Recordando, la marcha repudiaba también el actual plan económico con su nueva trampa de pobreza, la dimensión que la pobreza desarrolló en tan poco tiempo, el resurgimiento del fracaso, la nueva desolación. Rosario canalizó su rechazo en una marcha que llegaba a su destino en el parque aledaño al Monumento a la Bandera -vibrante, inundado de gente- mientras todavía las últimas columnas no habían salido del punto de partida. En el medio, catorce cuadras eran una sola cabeza.
Durante la vigilia de la noche del 23 toda la memoria se estampó en la plaza, cada nombre de cada desaparecido que quisieron borrar se escribió en los pañuelos, juntos sumaron más de seiscientos. Una memoria minuciosa que tuvo en la plaza una presencia impresionante. Obligaba a detenerse y mirar. Los pañuelos colgaban delicados en la noche. Luminosos en sus hileras, los familiares las recorrían tratando de encontrar entre esa multitud el pañuelo con el nombre querido, tan buscado.
¿Qué habría que decir de la fuerza de las pancartas con las fotografías y los nombres de los desaparecidos en una marcha que se negaba a ser solamente una visión pasajera?  Con más de cuatro décadas, la marcha resultaba inspiradora para los jóvenes, miles de jóvenes portando las pancartas que valoraban más que nunca la palabra "pueblo", la palabra "populismo"  y otras palabras de la familia, palabras muy atacadas por un neoliberalismo que aplaude e impone otras: "finanzas", "globalización", "privatización". El lenguaje viene en auxilio, proporciona materia suficiente para dejar en claro el rumbo de una idea, en tal sentido se lo puede juzgar como un paciente reconstructor de los pensamientos que bullen en un pueblo.
Aquella historia de luchas por un país más justo a la que la marcha remitía, revivía ahora en estos miles y miles de jóvenes que caminaban en la tarde, todo el reclamo renovado, el fervor por retomar la iniciativa de una transformación que produzca en democracia otra realidad, una que recupere todos los derechos perdidos, todo el énfasis puesto en un nuevo comienzo.
Por el padecimiento general que de ninguna manera honra este presente y que pide otro destino, los jóvenes, más todas las personas de todas las edades que marcharon, marcharon con confianza, marcharon recordando los muertos y no perdonado, marcharon exigiendo que "la gente" sea la premisa número uno, que sea una proposición fundamental para la base de la acción que se viene. La exigencia de poner en primer lugar a la gente alcanza a todos aquellos que en la próxima etapa pretendan gobernar.
Fuente:Rosario12

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