15 de mayo de 2019

ROSARIO - JUICIO EXPLOSION SALTA 2141: "Me dijeron que iba a volar todo".

15 de mayo de 2019
Declaró el hermano de una de las 22 víctimas de Salta 2141
 "Me dijeron que iba a volar todo" 
Adrián Gianángelo sobrevivió a la explosión en la que murió su hermana. Contó los problemas de gas que hubo en las vísperas
Por Lorena Panzerini
Los Gianángelo, única familia querellante. "Mi hermanita me salvó", dijo Adrián. 

Imagen: Sebastián Granata
La desesperación y la angustia ante la fatalidad no se borran de la memoria de Adrián Gianángelo. El único querellante en el juicio por la explosión del edificio de Salta 2141 declaró en el juicio cómo fueron los días previos y posteriores al siniestro en el que su hermana, Débora, falleció. “Ella me salvó la vida, porque ese día nos pidieron que nos quedemos para que vayan a controlar nuestro departamento, que era el único en condiciones; y me dijo que ella se quedaba, que fuera a trabajar”, dijo el joven que cumplía 30 años cuando le anunciaron que su “hermanita” fue encontrada sin vida, dos días después del estallido. “A mí, calle Salta no me la contó nadie. Yo lo viví”, sollozó en una sala de silencio cerrado. También recordó que vio cómo estaban los caños de gas en el gabinete y aseguró que un reclamista le dijo “que estaban podridos y que iba a volar todo”.
Adrián y su hermana menor, estudiante de derecho, alquilaban en el 3° C. “El nuestro, era el único departamento habilitado porque semanas antes lo adaptaron a las normas por un problema que tuvimos. La tarde anterior al hecho, Norma Bauer (administradora imputada) me dijo en el palier que nos quedemos porque usarían ese departamento para habilitar todo el edificio”, tras el cambio de regulador.
Su problema empezó el 28 de junio. “Me atrasé en el pago y me cortaron automáticamente. Me crucé con el portero y me dijo que dejó entrar a los inspectores de Litoral Gsa que pusieron el cepo”. Así comenzó el trámite de reconexión del servicio que incluía una visita de inspectores para ver las condiciones del departamento. Las constataciones de la empresa dieron cuenta que “el calefactor no tenía salida y tenía pérdida; el calefón quemaba mal, la cocina no tenía caño fijo sino flexible; y en las habitaciones faltaban rejillas de respiración”. Tenía un mes para poner todo en regla. La dueña y la administración se hicieron cargo. “Fueron (José) Allala y Gauna (un plomero) a hacer los arreglos, entre el 15 y el 20 de julio”, recordó.
Gianángelo señaló que Gerardo Bolaños, uno de los reclamistas imputados, le habilitó el servicio. “Con una llave especial sacó el cepo. Los caños estaban por arriba de nuestra cabeza. Los vi podridos, con óxido, pintados de negro solo por abajo para tapar el óxido”, aseguró sobre lo que vio y lo que le dijo el reclamista.
“El 25 de julio llegué y no había gas en el edificio. Mi hermana me dijo que una vecina supuestamente tuvo pérdidas. Nos dijeron de todo, porque pensaron que era mi hermana la que llamó”. Al día siguiente, estuvo durante los arreglos de la fuga. “Vi a Allala trabajando y me mostró un líquido con detergente y burbujas, y dónde estaba la pérdida. Era en el niple y en el codo. Como no tenía una llave, martilló un montón de horas la llave. Muchos vecinos vieron eso. Incluso, muchos de los que murieron, como Santiago Laguía, Estefanía Magáz”, recordó. También dijo que “entre dos personas hacían fuerza para abrir la llave”; y que los que estaban trabajando decían que el “repuesto no existía más. Lo tuvieron que tornear”.
Tras aquella reparación, “se constató que estaba todo bien, pero ni siquiera usaron una luz para ver bien. Les pregunté a los de Litoral Gas por qué no alumbraban, y dijeron que no hacía falta. Tampoco subieron a ver ningún departamento”, aseguró.
En su vivienda, la llama era “muy débil”. “Andaba todo mal. No nos podíamos bañar, en lo de una vecina el calefón hacia explosiones, tardaba 40 minutos para calentar el agua de la pava. Ahí empezó todo lo del cambio de regulador”, recordó sobre el reclamo que varios vecinos hicieron a la administración.
Por esos días, señaló que “se dijo que Gauna cobraba muy caro, y que buscarían un matriculado. Bauer estaba pegando carteles para decir que nos quedemos en casa para que un gasista revise los departamentos. Norma me dijo que estaban viendo presupuestos. Las opciones eran dos de 50 o uno más grande”. Sobre la semana antes del 6 de agosto, recordó: “Ya teníamos miedo, comentábamos las irregularidades y se lo dijimos a Carlos Repupilli (el abogado de la administración)”.
Aunque no participó de la reunión con el gasista Carlos García, un propietario le contó que éste era más barato y que dijo que “era una boludez; que en dos horas lo solucionaba”. El cartel que vieron pegado en los pasillos del edificio decía que de 9 a 14 estaría cortado el gas para ese arreglo.
“Esa mañana me levanté temprano. Nos teníamos que quedar; pero ella me dijo que vaya tranquilo que se quedaba. En esa época no teníamos un peso”, dijo el muchacho que hacía diligencias en Tribunales. “Estaba en un pasillo del tribunal y me llamaron para avisarme que explotó una caldera en un super cerca de mi casa. Tomé un taxi. Llegué y estaba todo en llamas: mi casa, la entrada, una llama salía de donde estaba el gabinete. Empecé a preguntar dónde estaba mi hermana. Mostraba fotos. Me dijeron que la habían cargado en una ambulancia. Con unos amigos recorrimos morgues y hospitales. Era una desorganización terrible. Volví al lugar. Era un caos todo. Nadie estaba preparado para esto, para lo que se vivió”, revivió. En las horas de espera se instaló detrás del edificio siniestrado. “Aparecían vecinos y mi hermana, no. Aumentaba la desesperación”, recordó. “Los perros buscaban. En un momento vi gente que empezaba a barrer y a acomodar un montículo de tierra porque estaba llegando Cristina y se paralizó la obra. Yo les pedía que busquen a mi hermana, porque ella murió por asfixia”, dijo sobre lo que supo el 8 de agosto. Antes de terminar, les dijo a los jueces: “Les vine a contar lo que pasó, porque a calle Salta a mí no me la contaron; yo lo viví antes y después”. 
Fuente:Rosario12



SALTA 2141, EL JUICIO
Dos Rosarios en la mano y una búsqueda desesperada"Mi hermana murió asfixiada. 
La encontraron la noche del 8 de agosto, el día de mi cumpleaños. En la mano tenía dos Rosarios comprimidos", recordó ayer Adrián Gianangelo,

Querellante. Adrián Gianangelo, hermano de Débora.
Miércoles 15 de Mayo de 2019
"Mi hermana murió asfixiada. La encontraron la noche del 8 de agosto, el día de mi cumpleaños. En la mano tenía dos Rosarios comprimidos", recordó ayer Adrián Gianangelo, el hermano de Débora, la joven de Arteaga que falleció en la trágica explosión del edificio de Salta 2141, al igual que otras 21 víctimas. Quebrado por el dolor, recordó las horas desesperantes que transcurrieron después del estallido.
Si bien narró distintas circunstancias por la que atravesó los días previos a la tragedia porque le habían cortado el servicio por falta de pago, el momento más duro fue cuando recordó el día del estallido.
"(Norma) Bauer (miembro de la administración) me dijo que me quedara en el departamento porque después de que terminaran los trabajos iban a inspeccionarlos para dar el visto bueno", recordó. "Yo me quería quedar, pero mi hermanita me dijo que me fuera a trabajar, que ella se quedaba. No teníamos un peso. Yo trabajaba en Tribunales haciendo trámites", indicó.
Allí alguien le dijo que había explotado una caldera en el supermercado situado al lado de su edificio. "Paré un taxi, llego y veo un llama terrible que salía del edificio y pegaba contra un auto y una planta. Empiezo a preguntar dónde estaba mi hermanita. Yo sabía que estaba ahí adentro".
Con la foto en la mano, buscó respuestas en paramédicos y rescatistas. Le dijeron que se la habían llevado en una ambulancia. Ese día recorrió sin éxito la morgue y todos los hospitales. Regresó al edificio y un bombero lo dejó ingresar por el estacionamiento del supermercado que se alzaba detrás del edificio. "Se hizo de noche y el supermercado apagó las luces y nos cerró la puerta para que no pudiéramos ni siquiera entrar al baño", señaló con la voz entrecortada.
"Hasta el segundo día no nos habíamos dado cuenta de que faltaba la torre donde yo vivía", aseguró. El palier pintado de rojo de su vecino lo hizo caer en esa terrible conclusión. Yo les decía a (Aldo) Fabucci y (Marcos) Escajadillo (ambos funcionarios de Defensa Civil) que mi hermana estaba ahí. Ella siempre estudiaba en una mesita que daba al sector que veíamos de ese palier".
Hicieron un hueco y un rescatista se introdujo entre los escombros. "Siento que dicen que llegan hasta una chica rubia y de pronto se paran los trabajos porque había llegado la presidenta (Cristina Fernández). "¿Por qué pararon? Hasta hoy me lo pregunto. Mi hermana murió de asfixia. La encontraron la noche de mi cumpleaños, el 8 de agosto", señaló. Ese día lo llevaron hasta una carpa donde estaba el padre Ignacio. Le dieron dos Rosarios que su hermana tenía en la mano al ser hallada y le anunciaron que había fallecido.

SALTA 2141, EL JUICIO
La reunión de consorcio que contrató al gasistaEn esa reunión se presentó al gasista 
Carlos García, quien explicó qué tarea debía hacerse para cambiar el regulador de gas del edificio. Carlos García Carlos García, el gasista que trabajaba el día de la explosión.
Sebastián Suárez Meccia 
Miércoles 15 de Mayo de 2019
El 2 de agosto de 2013, el departamento de María Laura Martín, en el 9º B del edificio de Salta 2141, estuvo colmado. Una decena de propietarios y algunos inquilinos llegaron hasta allí para continuar con una reunión de consorcio que había comenzado en el palier del edificio, pero que por el ajetreo típico de un viernes se había decidido trasladar hasta allí para evitar interrupciones.
En el extremo de un sillón que estaba situado perpendicular a calle Salta se sentó Iván Gasparini, quien vivía en el 9º A. En el living también estaban Daniel Badalassi, del 5º B, y otros copropietarios. Por la administración de consorcio dieron el presente Norma Bauer, madre de Mariela Calvillo (administradora) y Carlos Repupilli, por entonces marido de Calvillo y quien actuaba, de acuerdo a los testimonios de testigos en el juicio, como abogado de la administración.
Según narró Martín ayer, en esa reunión se presentó al gasista Carlos García, quien explicó qué tarea debía hacerse para cambiar el regulador de gas del edificio y solucionar los problemas de presión que estaban teniendo.
García había tomado contacto con la administración por medio de la Asociación de Gasistas, entidad a la que Litoral Gas había indicado llamar para contratar a personal idóneo que pudiera realizar el cambio de regulador.
Badalassi remarcó ayer algo que ya habían dicho otros testigos en días anteriores. García les aseguró que el trabajo era "una boludez" y que demandaría "un par de horas". Lo mismo remarcó Gasparini.
Martín, en tanto, señaló que García le pareció "muy seguro. El nos dijo que tenía autorización de Litoral Gas para cambiar el regulador", remarcó, pero ante una pregunta de la defensa de los empleados de la empresa para saber si ella había visto alguna autorización por escrito, destacó: "Tenía un montón de papeles, mostró, pero yo no los leí".
En esa reunión se votó cambiar el regulador y contratar sus servicios. Cuatro días después, García llegó temprano con su ayudante a realizar la tarea. El trágico final es triste y conocido.
Fuente:laCapital

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