Jorge Ferraresi propuso una marcha por la libertad de los “presos políticos”
La movilización sería al Palacio de Tribunales el 24 de marzo, tras el pedido del senador Snopek.
El intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, propuso marchar al Palacio de Tribunales el 24 de marzo y pedir la libertad de los “presos políticos”, en medio de la polémica que atraviesa al Gobierno nacional sobre los detenidos kirchneristas. Amado Boudou habló en nombre de ellos y aclaró que no quieren un indulto por parte de Alberto Fernández sino un “juicio justo”.
La convocatoria ocurre tras el pedido del senador Guillermo Snopek, del Frente de Todos, para intervenir la Justicia de la provincia de Jujuy, con el argumento de que se debe “garantizar la forma republicana de gobierno y evitar incurrir en responsabilidad internacional del Estado argentino”. Se trata de una clara alusión a la situación de Milagro Sala, que para muchos kirchneristas es una “presa política”.
En ese contexto, Ferraresi propuso marchar al Palacio de Tribunales el próximo 24 de marzo en la conmemoración por el golpe de Estado y planteó que “si no pedimos por los presos, algún día nos va a tocar a nosotros y va a ser tarde”.
En declaraciones a Cítrica Radio, Ferraresi explicó que “nosotros no terminamos con el sistema de persecución cuando ganamos las elecciones, porque Macri sacó un 41%. Estamos a la vuelta de la esquina de que eso vuelva y esto hay que visibilizarlo”.
Tras la presentación del proyecto de Snopek, la senadora nacional de Cambiemos por Jujuy, Silvia Giacoppo, denunció que “tiene como objetivo la impunidad y liberación de la dirigente Milagro Sala”.
También este viernes, habló sobre la polémica de los “presos políticos” el detenido Amado Boudou.
El exvicepresidente reclamó “una revisión de las causas” judiciales contra los distintos ex funcionarios y dirigentes del kirchnerismo presos y reiteró que “de ninguna manera” aspira a obtener un indulto presidencial, sino un “juicio justo”.
“Tiene que haber una revisión de las causas, de ninguna manera quiero un indulto. Queremos un juicio justo”, pidió Boudou en declaraciones a la radio kirchnerista El Destape desde el penal de Ezeiza, donde se encuentra privado de su libertad.
El ex ministro de Economía consideró además que “desde el presidente (Albertro) Fernández para abajo todos tienen claro que se utilizó el Poder Judicial para la persecución política a un espacio político y su modelo político de país”.
“Desde esa Justicia, lo que se persiguió es un modelo de país, y hoy nos toca a algunas personas sufrirlo”, remarcó.
Fuente:NoticiasUrbanas
23 de febrero de 2020
Ahogados
El sobreendeudamiento que impulsa el sistema financiero
Una nueva crisis de la deuda externa argentina debe ser leída en clave histórica. Hay tanta negligencia de las élites locales como responsabilidad de los acreedores, que buscan resolver crisis de rentabilidad a través de la colocación de capitales en países periféricos.
Por Mario Rapoport
Imagen: AFP
El camino a Washington para negociar la deuda externa se parece al que se emprendía antaño a Santiago de Compostela, por el que marchaban los peregrinos en busca de robustecer su fe. Eso sí, el ministro de Economía, Martín Guzmán, tiene una carta secreta bajo la manga: cuenta con el apoyo del premio Nobel Joseph Stiglitz, del que fue su discípulo. Página 12 publicó declaraciones optimistas de Stiglitz en pos de arribar a un arreglo de la deuda. El economista norteamericano es una excepción que cada vez tiene más adeptos en las esferas académicas del norte. Conocemos sus ideas a través de varios libros y también lo hemos visto en vivo. Por ejemplo, en una conferencia que dio el 9 de noviembre de 2001 en el aula magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, dijo textualmente que “los fundamentalistas de mercado creyeron que el libre mercado de por sí garantizaría no solamente resultados eficientes sino también avances en la justicia social como consecuencia de algunos procesos de derrame y un crecimiento subsiguiente que beneficiaría a la sociedad”.
Se refería especialmente una de las ideas más populares de la economía: la “mano invisible” de Adam Smith. Para Stiglitz, este concepto resulta tan claramente falso que es difícil concebir que la gente creyera en él durante tanto tiempo. Del mismo modo, es falsa la conocida Ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda, que tanto Keynes como Marx destruyeron teóricamente. "Si se cumpliera la Ley de Say --decía Stiglitz-- los economistas probablemente estaríamos desempleados", pero como no se cumple, la economía académica genera más empleos para los economistas que siguen sus falsos postulados y los defienden.
Por otro lado, continúa Stiglitz, la macroeconomía estándar considera que no existen asimetrías de información en los mercados abiertos, excepto en casos de esquizofrenia, "pues la asimetría surge cuando una persona no quiere o no puede contactarse con las demás”. ¿Que podría esperarse entonces, se pregunta Stiglitz, de banqueros o financistas que admiten falsas teorías y son esquizofrénicos?
Por lo general, reconocemos más fácilmente la responsabilidad de los deudores, que en la Argentina es muy grande y sencilla de explicar: de Martínez de Hoz pasando por Cavallo hasta Mauricio Macri, son estructuras económicas que vienen de lejos y de la que estos economistas o políticos abrevan en defensa de intereses específicos. Los que nos endeudaron son los mismos que desde el empréstito Baring y de las campañas del desierto consolidaron un territorio primarizado en donde los productos agropecuarios se intercambian por manufacturas que provienen del financiamiento de esas ventas y retornan con ellas a sus países de origen o ahora van a paraísos fiscales. No somos un país soberano sino una fracción del capital mundial, una vía de escape del ahorro interno por parte de las elites locales, que se aprovechan a través de la especulación o la fuga de capitales.
Pero existe también, paralelamente, la responsabilidad de los acreedores de las deudas soberanas, especialmente los grandes bancos y fondos de inversión, que resulta tanto o más importante que la de sus deudores. En esa responsabilidad se cuenta la imprudencia, la excesiva codicia y el financiamiento de regímenes dictatoriales y democracias corruptas y afines a esos intereses. Los ejemplos en este sentido abundan.
Oleadas de capitales
La primera gran corriente de capitales hacia la periferia después de la Segunda Guerra Mundial se produjo en los años ‘70. Entonces, como resultado de sus dificultades económicas, Estados Unidos no pudo sostener la creciente demanda de conversión de dólares a oro y el gobierno de Nixon decretó el fin de la convertibilidad de la divisa que servía como patrón monetario internacional, respaldado por su relación con el áureo metal. Poco después, los países de la OPEP elevaron los precios del petróleo y alimentaron la sobreabundancia de capitales. Los mercados financieros de la periferia resultaban sitios ideales para reciclar esas disponibilidades y, al mismo tiempo, poder estructurar sus economías de acuerdo con las necesidades de las potencias del norte y en función de las predominantes ideologías neoliberales.
Esto permitió no sólo colocar excedentes financieros sino también comerciales. Esos préstamos coincidieron en América Latina con la llegada a los gobiernos de dictaduras militares, que dispusieron del financiamiento necesario para poder realizar, junto al equipamiento que implicó en sus casos las necesidades propias del “terrorismo de Estado” (compra de armas, por ejemplo), políticas aperturistas y de desregulación financiera que pocos años después se consolidarían en el mundo. Los organismos financieros internacionales alentaron y garantizaron este movimiento de capitales sabiendo bien adónde iban y en qué podrían utilizarse. El FMI y el Banco Mundial se encargaron de promover la inversión privada e incitar a los países del sur a tomar préstamos a fin de modernizar sus aparatos de exportación y conectarse más estrechamente al mercado mundial. En esto contaron con la conformidad de las clases dirigentes locales, que pensaron que el financiamiento de las actividades económicas de un país atrasado, y en especial, que el propio enriquecimiento personal, se vinculaba, principalmente, al endeudamiento externo.
Robert Lucas, un economista neoliberal al que citan Benjamín Hopenhayn y Alejandro Vanoli en su libro "La globalización financiera", daba, sin embargo, una exacta descripción de lo que significaban estos créditos desde su visión ortodoxa: “Los flujos de capital son simplemente contratos de préstamos: el país pobre adquiere ahora capital del rico, en retorno de promesas de flujos de bienes en sentido contrario, durante una fase que (puede durar para siempre) en forma de pagos de intereses o utilidades repatriadas”. El “endeudamiento eterno” es una forma de vivir de rentas, en un sistema dominado por el sector financiero internacional, manteniendo a la periferia atada a las necesidades del centro.
Hacia fines de la década de los ‘70 y comienzos de la siguiente, mientras en América Latina retornaba la democracia, se produjo una segunda etapa de recesión económica internacional. Entonces, para hacer frente al déficit fiscal y al proceso inflacionario, la Reserva Federal de los EE.UU., conducida por Paul Volcker, promovió una suba significativa de las tasas de interés. La tasa real promedio que gravaba la deuda flotante de los países en desarrollo aumentó de un 9,7 a un 16,7 por ciento y el costo adicional que ello implicó para los países latinoamericanos llegó a sumar unos 8 mil millones de dólares anuales, entre el 1 y el 2 por ciento del PIB de la región. De ese modo, se captaron capitales para la economía norteamericana, creando una seria crisis en el subcontinente.
Los factores externos fueron en gran medida los responsables del aumento del endeudamiento de esos países en vías de desarrollo durante la década del ’90, provocado por la expansión de los mercados especulativos debido a la euforia que desató la caída del muro de Berlín. Entonces, los capitales a través del Plan Brady transfirieron el riesgo de los bancos a los bonistas. Su resultado para la Argentina fue la gran crisis de 2001-2002. De modo que los daños mayores para la inserción económica internacional de los países periféricos en los siglos XX y XXI siempre se produjeron en períodos de alta liquidez internacional, con la llegada de un flujo incontenible de capitales especulativos en busca de mayores rentabilidades, sin dejar de reconocer la responsabilidad de los gobiernos que tomaron esos préstamos.
¿Negocio para quién?
En síntesis, la deuda externa es funcional a aquellos intereses que en los países ricos se reciclan buscando nuevas oportunidades que no encuentran internamente, ayudados por las políticas de apertura, desregulaciones, atraso cambiario (en nuestro caso con la convertibilidad) y privatizaciones en los lugares donde se dirigen. Las maniobras de los fondos buitre representan los últimos beneficios del negocio. Actúan como un falso mendigo que escarba los restos de un plato de comida ajena y anidan en los paraísos fiscales.
El reconocido economista americano Albert Fishlow, en su ensayo “Lessons from the Past” (1985), hace un balance de las causas de la crisis de los años treinta y señala que el Comité Estadounidense del Senado sobre la Banca y el Sistema de Divisas se pronunció en términos muy severos acerca del comportamiento nefasto de los bancos inversores en la década anterior. Decía ese Comité: “La historia de las actividades de los banqueros inversores en la venta de paquetes de valores extranjeros constituye una de las páginas más escandalosas de la historia de la banca norteamericana de inversiones. La venta de estos valores se caracterizaba por prácticas y abusos que constituían violaciones a los principios más elementales de la ética comercial”.
En verdad, como lo confesaba Madeleine Albrigth, secretaria de Estado de Clinton, las actividades cubiertas por el financiamiento externo deberían contribuir a crear nuevos empleos en Estados Unidos, a expandir las exportaciones de bienes y servicios norteamericanos y a otorgar ventajas a sus empresas en el mercado global. En verdad no fue exactamente así y la salida de capitales en busca de mano de obra barata en Asia y en otros lados, terminó perjudicando la supremacía norteamericana y creando la amenaza china.
Lewis Carroll, en un cuento maravilloso como el de Alicia, narraba sobre un sastre que había hecho un traje a un profesor y quería cobrárselo diciendo que no tenía problema en recibir el pago un año más tarde, pero que por los intereses de su deuda le saldría el doble. Su avidez de ganancias contrastaba con la especulación del profesor, que pensaba que si dejaba pasar el tiempo quizás el sastre se moriría antes y no tendría que pagar nada. Nosotros sabemos que las posibilidades que el FMI deje de funcionar son casi nulas, pero las grandes compañías financieras igualmente ávidas como el sastre sí pueden morir, como ocurrió con muchas de ellas en la crisis de 1930 y con Lehman Brothers en 2008. O es posible que terminen aceptando quitas, canjes o reestructuraciones de sus acreencias. En este caso, también ellas deberían preocuparse.
Esas preocupaciones ya empezaron porque Trump mismo despidió a David Lipton, el segundo principal funcionario del FMI, en gran medida por su responsabilidad en el abultado préstamo a la Argentina y el corto calendario de pagos, comprometiendo la capacidad de retorno del préstamo o abriendo la posibilidad de un default. En tanto, la primer responsable, Madame Lagarde, jefa de Lipton, tuvo que irse antes de ese organismo a través de una renuncia. Lagarde ya había manchado su reputación por negligencia en un caso de malversación de fondos públicos como ministra de economía de Francia. En 2011, cuando fue designada en el FMI, la prensa norteamericana advertía que sus antecedentes podían desestabilizar a ese organismo. Y eso en los hechos fue lo que pasó.
De todos modos, resulta de interés postergar pagos imposibles de abonar hasta que podamos vivir y crecer sin el respirador artificial de la deuda. Un default argentino sería, en este caso una mortaja dura de llevar para los organismos financieros internacionales y los países que los sostienen, ya punidos en Grecia y en la crisis de 2008. Las visitas de Alberto Fernández a dirigentes europeos, quizás ayudaron a ver la realidad. Ahora les toca mover a ellos. Es una partida complicada no sólo para el deudor sino también para los acreedores.
23 de febrero de 2020
El discurso en el Congreso, la deuda, otras medidas
Que piensa y que hará Alberto Fernández
Las leyes que irán a sesiones ordinarias. Aumento de retenciones y jubilaciones de privilegio, conflictos con corporaciones en puerta. Las tratativas con el FMI, avances. El cuidado con los equilibrios fiscales. Qué podría hacerse si se consiguen aplazamientos y quitas de deuda externa.
Por Mario Wainfeld
El presidente Alberto Fernández inaugurará su primer período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.
Imagen: AFP
Imagen: AFP
El domingo próximo, el presidente Alberto Fernández hablará por segunda vez ante la Asamblea Legislativa. Ratificará rumbo y medidas, hará un repaso de la gestión que lleva menos de tres meses, remarcará la magnitud del descalabro dejado por el ex presidente Mauricio Macri. Anunciará proyectos de ley (varios anticipados en el día de la jura) y subrayará los avances referidos a la renegociación de la deuda externa.
El mandatario comenzará a redactar el borrador mañana, los ministerios (es habitual) le hacen llegar informes y sugerencias.
Para el período ordinario de Sesiones, el Ejecutivo impulsará las siguientes leyes.
· Reforma judicial.
· Creación de un Consejo para la Calidad Institucional del Poder Judicial.
· Consejo Económico Social.
· Aborto libre, legal y gratuito.
Se anticipan conflictos referidos a la interrupción del embarazo.
Otras iniciativas del Gobierno levantarán vientos de fronda: el aumento de las retenciones a la soja y la ley que reforma a la baja las jubilaciones de privilegio que ya se está tratando.
El paquete de normas que propondrá el mandatario no contiene leyes mordaza o restrictivas de libertad de prensa.
Tampoco un proyecto para sancionar el negacionismo del terrorismo de Estado. Fernández dijo en París que estudiaría dicha idea pero la desechó para prevenir acechanzas contra la libertad de expresión.
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Lo actual y lo posible: Los primeros resultados del Plan contra el Hambre entusiasman al Presidente que maneja al dedillo los datos de Concordia, la ciudad entrerriana en la que primero se aplicó. Miles de tarjetas usadas sabiamente por las jefas de familia se traducen en consumo local, ganancias para pequeños comercios, mejoras palpables en la alimentación de los pibes.
En otra provincia, Santa Fe, el gobernador Omar Perotti se entusiasma, refiere el presidente, con el dinamismo impreso por el nuevo derecho social. Los dos ejemplos, desde ya, son micro. Para que pudieran potenciarse será necesario aliviar a la Argentina de los pagos de deuda externa en los próximos años. Miles de millones de dólares que reactivarían en el corto plazo, durante los seis-siete-ocho últimos meses de 2020. “Obra pública, el Plan de Viviendas que está atrasado” proyecta Fernández. Actividades clásicas, mano de obra intensivas, para masas de trabajadores desocupados o que changuean hoy en día. “Keynes corazón”, cantaría la hinchada aunque es consabido que dichos resurgimientos no serán suficientes. Habrá que promover subsidios o incentivos que permitan el nacimiento de industrias con potencial exportador o la resurrección de la capacidad ociosa tras el industricidio macrista.
La clave, la cifra propondría Jorge Luis Borges, es conseguir reducción y aplazamiento de la deuda externa en manos de privados y del Fondo Monetario Internacional (FMI). El comunicado del Fondo dibujó sonrisas aunque no euforia en la Casa Rosada. Cuando recaló en ella, Fernández insistía con la imagen del micro que se encaminaba al precipicio. “En diciembre el default era la posibilidad mayor. Ahora cobra fuerza la perspectiva de la renegociación razonable”. Firmar un acuerdo ruinoso, lleno de condicionalidades ajustadoras queda fuera del radar del oficialismo. “Jamás firmaremos un Megacanje II” cantan en canon en torno del Presidente o del ministro de Economía Martín Guzmán.
Fernández interpreta que el bondi frenó su marcha suicida pero sin pegar un giro de 180 grados. Propone otra comparación sobre una idea-fuerza heredada del presidente Néstor Kirchner. Alberto F se volvió devoto de los equilibrios fiscales, anche del superávit, y adversario de la emisión monetaria incontrolada. “Son como una adicción. Se empieza probando, tal vez con resultados gratos o inocuos. Luego se tornan imparables, nocivas”. Crecer para pagar sigue siendo la consigna pero con cuidado para no drogarse.
El mandatario ensaya un rizo sugestivo: “Si hay equilibrios, mayor recaudación y se incrementan las reservas hasta se podría ampliar la emisión, con respaldo suficiente”.
Hay que proteger a los que menos tienen… la contracara dialéctica es que los más ricos deben tributar más. Objetivo que se bifurca en dos movidas que generan oposición furibunda. Suba de retenciones y modificación de los privilegios jubilatorios de jueces y fiscales. Bramarán las corporaciones respectivas, el Gobierno está dispuesto a afrontar el chubasco
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El fantasma de la 125: En el recinto o pocos días después se publicitará la elevación de tres puntos para las retenciones a la soja y al aceite de soja, conforme la facultad que le delegó el Congreso. La Sociedad Rural y Carbap, está en el inventario, pondrán el grito en el cielo y en los grandes medios.
Curtido en el conflicto por las retenciones móviles, el Presidente enumera qué productos abonarán menos retenciones, suponiendo un mapa político y regional heterogéneo. “Se verán beneficiados, por ejemplo, el trigo, el maíz, la alfalfa, los cultivos de economías regionales”. La asimetría, entiende y activa el Gobierno, dividirá a las corporaciones del “campo”. Los asociados y dirigentes de la Federación Agraria y de Coninagro acompañarán la política sectorial.
La recaudación mejorará, el modo genuino de mejorar sin recortar inversión social.
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Jueces al borde de un ataque de nervios: Las lacrimógenas e insolidarias declaraciones de jueces que ganan fortunas, se jubilan con un régimen de magnates y eluden el impuesto a las ganancias no disuaden al presidente. Las reformas a las jubilaciones de privilegio, evoca, estaban contenidas en el proyecto original de cambio en el sistema previsional. Se sacaron a último momento, por consideraciones técnicas. La oposición denunció la inequidad que ahora tutela con argumentos fariseos.
¿Vale la pena insistir, promoviendo un entredicho formidable? La pregunta rondó al propio oficialismo. La magnitud de los privilegios, el valor fastuoso de las jubilaciones que se pagan en gran medida del presupuesto nacional persuadieron al Presidente para avanzar. Será ley muy pronto, posiblemente. En las sesiones ordinarias llegará el turno del demorado…
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… Consejo Económico Social: Fernández esperó al ex ministro Roberto Lavagna (alias Godot) a quien veía como la figura ideal para presidir el Consejo Económico Social (CES). Conversan a menudo, Lavagna da buenos consejos, disiente a veces, como cuando cuestionó la política internacional iniciática, a su ver muy sesgada hacia Venezuela y Bolivia. “Pero me felicitó después de la gira por Europa”, matiza Fernández como elogio. De igual modo, analiza un argumento del ex ministro de Economía para rehusar el cargo: “Piensa que cualquier comentario crítico sería traducido como un reproche o competencia con Guzmán. Por eso aconseja buscar a un no economista”. Fuera cual fuera la experticia del virtual funcionario, Fernández confiesa no dar con la persona indicada. Alguien con prestigio ampliamente reconocido, peso específico, cintura política. El sistema político argentino, híper competitivo y despiadado (añade este cronista) acicatea el canibalismo entre protagonistas. De cualquier forma se irá avanzando, porque cayeron en saco roto los paliques entre Fernández-Lavagna o los sondeos que hicieron altos funcionarios del área económica con los integrantes del heterogéneo bloque de diputados que responde al ex ministro. No hay modo, se resignan todes.
“El ministro de Trabajo Claudio Moroni habla con los sindicalistas, el de Producción Matías Kulfas con los empresarios, se está preparando un documento” describen en los pisos altos de Hacienda. En Ordinarias se tratará el proyecto mientras se discierne quién se pone el traje de Godot.
AF está conforme con la dirigencia sindical, que acompaña al oficialismo. Nota templanza en los reclamos. Calcula que la Paritaria Nacional Docente llegará a buen puerto y que las clases empezarán en fecha en todas las provincias. Tal vez Chubut sea la más comprometida. Información de funcionarios de otras áreas de gobierno y de gremialistas agrega que los acuerdos no serán anuales, sino pagos por suma fija revisables dentro de unos meses.
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Otros derechos también existen: El Presidente porotea con atención y tal vez con voluntarismo los votos en el Senado para la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Calcula que alcanzarán. La propuesta vendrá en combo con una norma de protección a mujeres vulnerables en riesgo o a madres con dificultades. La idea es morigerar las reacciones de la Jerarquía de la Iglesia Católica… difícil que el chancho chifle.
La Reforma Judicial cuya concreción tardó más de lo previsto se conoce a grandes trazos. Concierne al Código Procesal Penal, al sistema acusatorio. Y, de modo más vasto, al Fuero Federal. Las lacras y anomalías de los Tribunales tienen su epicentro en Comodoro Py pero no se circunscriben a ese famoso antro. Un nuevo proyecto atiende a esa falencia. Toma como inspiración el Consejo para la Consolidación de la Democracia, creado por el presidente Raúl Alfonsín, asidua referencia para Alberto Fernández. Se llamará Consejo para el Fortalecimiento Institucional del Poder Judicial (u otro nombre cacofónico similar), los conformarán juristas de reconocida reputación y surtidas filiaciones políticas. La ambición, como en el CES, es articular un ámbito de debate y formulación de propuestas no vinculantes. Los nombres del elenco se barajan sin estrépito. León Arslanián, acaso Federico Pinedo, abogados radicales, que abundan.
El presidente despotrica contra abusos cotidianos de los Tribunales. Por ejemplo contra el pésimo uso que hace la Corte Suprema del recurso extraordinario. Habilita demasiados, rechaza un montón sin dar fundamento alguno. O los deniega cuando entiende que el futuro trámite del expediente puede sanear una injusticia de origen. La consecuencia: cientos de causas “nacen” enfermas de nulidad y tramitan durante años para recién al final sanear el vicio. La cuestión, tan grave como muy técnica, es densa para simplificar. La nombramos acá, dejamos explicaciones para columnas futuras.
En todo caso se instalan dos instituciones novedosas, abiertas al intercambio y las polémicas públicas, un aporte interesante para una sociedad cuyas discusiones saben parecerse al estudio de Intratables o a tantos programas de chimentos.
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Seis meses para reparar: AF insistió en que la revisión del cuadro tarifario de servicios públicos subsistirá durante seis meses sin aumentos en ese lapso. Otro alivio para el bolsillo de los ciudadanos-usuarios.
La ley jubilatoria que determinará una nueva fórmula de actualización de haberes insumirá el mismo lapso, prefijado a fines de 2019. En el ínterin crecerá la judicialización de los aumentos concedidos por decreto, entre ellos, el reclamo planteado por el Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, en representación de jubilados de bajos ingresos. Dicho reclamo, entiende este escriba, tiene mayor sustento legal y ético que las demandas inminentes de jueces opulentos que abusarán de la condición de local.
El Gobierno necesita tiempo para cumplir sus promesas, discurre atendiblemente Fernández que valora la paciencia social mientras mide minuto a minuto los vaivenes de los precios. Quienes conversan un rato con él (quien firma esta nota pudo hacerlo en la semana que hoy termina) perciben una interesante mezcla de calma, preocupación y un compromiso con lo público bien distinto al de Macri.
En menos de un trimestre el presidente disipó las dudas acerca del doble comando para una carrada de interlocutores nacionales e internacionales. Sostiene un estilo calmo y coloquial, accede a requisitoria de periodistas como ningún otro primer mandatario desde 1983. Los avances con el FMI lo estimulan, los apoyos ciudadanos lo entusiasman. Sabe que falta mucho para conocer el desenlace de las tratativas con los bonistas privados. Los lobos y los buitres de Wall Street, tienta apodarlos, aunque uno cree que esos motes son injustos con los animales y demasiado piadosos con los ases del sistema financiero global.
Fuente:Pagina12
Lucha contra el hambre
"Clausuraremos los negocios que cobran una comisión a las compras con la Tarjeta Alimentar"
Así lo aseguró el ministro de Desarrollo, Daniel Arroyo, acerca de algunas irregularidades que han detectado en los primeros dos meses del programa que combate el hambre y la miseria en Argentina. Queremos ir cubriendo todo el país y en marzo llegaremos a más de un millón de tarjetas entregadas", expresó el funcionario.
Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social de la Nación, hizo un balance de la aplicación de la Tarjeta Alimentaria y si bien destacó que los beneficiaron dirigen sus compras exclusivamente a la leche, carne, frutas y verduras tambien puso en alerta que hay varios coerciantes que le cobran comisión a quienes pagan con tarjeta y ya están en condiciones de sancionar a dichos locales.
"El 60% de las compras de la Tarjeta Alimentar están destinadas a leches, carnes, frutas y verduras. Con la tarjeta se pueden comprar cualquier tipo de alimento salvo bebidas alcoholicas. La tarjeta está en todo el Conurbano, en Santa Fe, Entre Ríos, Chaco y Santa Cruz. Queremos ir cubriendo todo el país y en marzo llegaremos a más de un millón de tarjetas entregadas. Se entregan 30 mil tarjetas por día", explicó.
En una entrevista con Secreto de Sumario por Radio 10 comentó que "sabemos que hubo 8 comercios que le cobraron comisiones a las personas que pagaron con la tarjeta. Aquellos que sufran eso pueden hacer la denuncia y cuando se comprueba que un comerciante cobro una comisión, se clausura el negocio. Por otro lado hay muchos comercios que hacen descuentos grandes para aquellos que tienen la tarjeta".
"Yo convivo con el dolor todo el tiempo porque converso siempre con las personas. Las madres nos dicen que dejaron de darle leche a los hijos o se comenzaron a saltear el desayuno. Es imperdonable que en la gestión de Cambiemos bajara el consumo de leche", expresó sobre la realidad que se observa día a día.
Arroyo puso en agenda como se arman los operativos para poder a llegar a cada argentino que necesita una ayuda del Estado tras cuatro años de desidia y abandono: "Los operativos son organizados por los municipios pero las tarjetas las entrega el banco. Nosotros no entregamos la tarjeta en mano. En estos meses hemos avanzado mucho con el tema de la tarjeta y el siguiente objetivo es desendeudar a las familias. El otro objetivo es que el que tenga un plan social pueda tener un trabajo mientras mantiene el plan. La UOCRA por ejemplo capacita a gente y les da certificado de cursos de pintura".
Por último hizo mención al regreso de Mauricio Macri a la escena política y señaló que el expresidente "nunca ha tenido noción de lo que pasa en la vida cotidiana" y agregó que "a él no le duele el dolor del otro. Él no sabía de cuánto era una jubilación mínima. Nosotros el viernes re inauguramos las piletas del predio de Ezeiza y no entiendo cómo las habían cerrado en la gestión anterior. Hay que ir reconstruyendo de a poco al país".
Fuente:PoliticaArgentina
Jubilaciones de privilegio: los jueces amenazan con renuncias en masa
Domingo 23 de Febrero
Los magistrados, que intentan mantener sus prerrogativas, advirtieron que se producirá "una ola" de dimisiones si prospera la reforma previsional que impulsa el gobierno nacional.
Los jueces se abroquelaron y advirtieron que de aprobarse la reforma jubilatoria que impulsa el oficialismo en los términos del proyecto original, se producirá una ola de renuncias en todo el país que agravaría la vacancia de titulares en los juzgados y tribunales.
La iniciativa del gobierno, que podría obtener el jueves media sanción en la Cámara de Diputados, dispone el incremento de los aportes jubilatorios de los magistrados en actividad del 11% al 18%, además de modificar a la baja el régimen que establece que el haber previsional de jueces y fiscales jubilados debe alcanzar el 82 por ciento de su salario y subir el tope de los 60 a los 65 años.
Tras conocerse el proyecto impulsado por el gobierno, presentaron la renuncia los jueces Fernando Larraín, Miguel Caminos, Ricardo Rojas, Beatriz Bistué, María Cristina Bértola, Jorge López, Roberto Ponce y Carlos González, al igual que un grupo de fiscales, entre los que destaca Raúl Pleé.
Si bien la cifra es muy cambiante, en el Palacio de Justicia circuló en la última semana que los jueces y fiscales que ya presentaron la renuncia superarían el medio centenar y que ese número se incrementaría en una suerte de "efecto contagio".
Desde la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional señalaron que sobre unos 700 jueces y fiscales del fuero federal y nacional en actividad, unos 350, es decir la mitad del universo de magistrados y representantes del Ministerio Público, estaría en condiciones de jubilarse por edad y aportes.
"Ante la incertidumbre muchos están evaluando la posibilidad de irse y si eso ocurre generaría un montón de problemas", señaló a la agencia oficial de noticias Télam el presidente de la Asociación, Marcelo Gallo Tagle.
El mayor de estos inconvenientes sería que se agravaría la vacancia del 25% de los cargos que hoy existe en el Poder Judicial y que se cubren con subrogancias.
"El proyecto tal cual está tiene un sinnúmero de problemas que nosotros consideramos que llevarían a la inconstitucionalidad", sostuvo Gallo Tagle, pero también aseguró que "en la emergencia económica nosotros queremos poner el hombro" y señaló que se puede aumentar la edad jubilatoria porque el promedio de los jueces y fiscales trabajan mucho más allá de los 60 años.
Fuente:Infonews
Alberto Fernández, entre encender la economía y el estallido social
Por Nicolás Lantos
“Vivir supeditados a un acuerdo con los acreedores no significa vivir como si estuviésemos supeditados a un acuerdo con los acreedores”. Con esa frase, el escritor Martín Rodríguez, uno de los observadores más avezados de la realidad por estos años, resumió mejor que nadie el espíritu de época de estos primeros meses de gobierno del Frente de Todos. No es que no estén haciéndose cosas: sólo en los últimos días se anunció un aumento en las jubilaciones y las asignaciones; medicamentos gratis para jubilados y el regreso del plan Remediar; se avanzó contra las jubilaciones especiales de jueces y diplomáticos; se reunió por primera vez una mesa de empresarios y sindicatos para avanzar en el acuerdo económico y social. Sin embargo, el presidente Alberto Fernández no logra sacudirse de encima una suerte de sensación de parálisis, la percepción de que la foto del país sigue siendo la misma que el 10 de diciembre.
Es razonable. Esa foto se saca con el bolsillo y los efectos de las decisiones que se tomaron atendiendo a mejorar el poder adquisitivo general de la población todavía no se sienten. Sí ha habido un alivio para las capas más postergadas: la tarjeta alimentaria, los bonos a las jubilaciones de la mínima, las facilidades de pago para los endeudados con Anses han traído sosiego a sus beneficiarios, aunque en el conurbano y en el interior se pueden percibir todavía señales de alarma. El polvorín social no fue desactivado: una toma de tierras en Los Hornos, a fines de esta semana, estuvo al borde del estallido. “Casi otro Indoamericano”, en palabras de quienes comandaron el operativo para desactivar el peligro. La situación fue neutralizada, por ahora. Puede haber nuevos chispazos en los próximos días, en el mismo lugar o en otro. No son culpa de Fernández pero sí son, desde el diez de diciembre, su responsabilidad.
El Presidente había hecho campaña prometiendo “encender la economía” como si fuera simplemente cuestión de levantar un disyuntor. Hasta ahora, el proceso de encendido se parece más al de un fogón, con la madera y los fósforos humedecidos, y nubes de tormenta amenazando en el horizonte. Ha habido señales positivas: los números de la inflación de enero resultaron alentadores, y febrero seguía en el mismo sentido, al menos hasta que se comenzó a hablar de descongelamiento de tarifas y transporte. Habrá que esperar unos días para apreciar el costo de esa descoordinación de la comunicación oficial, algo a lo que el gobierno aún no le encuentra la vuelta. De todas formas, contener la suba de precios es condición necesaria pero no suficiente para dejar atrás más de dos años de recesión. Hace falta volcar más recursos en el mercado interno. Fernández sabe de dónde tienen que salir; sólo falta la decisión política de ir a buscarlos.
A lo mejor habrá algún anuncio en ese sentido el 1 de marzo, cuando se pare ante la Asamblea Legislativa para hacer, por primera vez, un diagnóstico completo de la situación del país. El Presidente no quiere hablar de la herencia recibida pero no puede dejar de poner en blanco sobre negro las condiciones que tiene para trabajar en el sentido para el que fue electo. Ese día, además, será la primera movilización masiva en su apoyo, convocada por el Partido Justicialista, que está sacudiendo las telarañas del edificio de Matheu 130 para cumplir con la obligación periódica de renovar sus autoridades. Fernández, como Néstor Kirchner antes que él, prefiere no involucrarse en la vida del partido. Sólo pidió que se llegue a mayo con una lista de unidad, tanto a nivel nacional como en todos los distritos posibles, porque considera, con bastante tino, que no es momento de dedicar energías y tiempo en dar internas, buscar avales, mostrar diferencias en público.
En la lista de pendientes, el mandatario también posterga todavía el momento de recorrer el interior del país, reclamo que recibe de los gobernadores cada vez que lo visitan en la Casa Rosada o en Olivos. Porteño por nacimiento y ejercicio, obsesivo de estar encima de cada decisión de su gobierno, le cuesta dejar el minuto a minuto de su despacho para participar de actividades lejos de la Capital. Esta semana canceló la visita que tenía prevista a Bariloche, Río Negro, por la partida de un nuevo satélite fabricado en el país. En las últimas horas también recibió un pedido de ayuda desde Chubut, la provincia más castigada por la crisis, donde se superponen la parálisis financiera, conflictos sindicales y acusaciones de espionaje político cruzadas entre el gobernador Mariano Arcioni y su vice. Una visita del Presidente podría ayudar a calmar las aguas. Al cierre de este panorama, Fernández no había dado respuesta al SOS.
En el gobierno se excusan en la escasez de herramientas. “No podemos ir sin una solución concreta para ofrecer, y esa solución todavía no está”. Siguen encendidas las velas a San Guzmán, que por ahora cumplió con su cometido. El informe del FMI ratificando la posición argentina frente a sus acreedores fue la primera noticia verdaderamente buena que recibió el Presidente desde el 10 de diciembre. Pero es solamente el primer paso de un proceso complejo que todavía puede fallar. Si se cierra un acuerdo favorable con el Fondo a comienzos del mes que viene y eso deriva en una reestructuración exitosa de la deuda con los privados, Fernández contará con una nueva paleta de opciones para darle mecha a las políticas públicas. No falta tanto y, al mismo tiempo, falta una eternidad. En el gobierno también se preparan por si el resultado de la negociación es negativo. Ningún funcionario del equipo económico se anima, todavía, a descartar la posibilidad de que estos eternos primeros cien días concluyan con un default.
Fuente:ElDestape






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