Efectos reparatorios de la condena a genocidas
Una sociedad un poco más justa
El Directorio del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Santa Fe 2ª Circunscripción y su Foro en Defensa de los Derechos Humanos expresan que el último 14 de mayo “las redes sociales estallaron de comentarios, de alegrías, de aplausos, de emoticones expresando diversidad de sentimientos, de abrazos virtuales”. “Semejante revuelo estalló porque se había dado lectura a las sentencias en la llamada Causa Feced III y IV. Este acto, fue transmitido en directo, pero esta vez además, por Internet, en un hecho que también resultó inédito. ¡Esta vez no se trataba de llegar a Oroño al 900!, sino de “pescar” una señal, un enlace, una vía por dónde conectarse… Y ahí estábamos, anhelantes", agregan.
No fue esa la única diferencia con otras sentencias: Se consideró la figura de genocidio y por primera vez se tomó la violación y el abuso sexual como un delito de lesa humanidad. Esta vez, los Jueces pudieron escuchar este reclamo de las mujeres que —una vez más— debieron exponerse con la declaración, a revivir ese horror que parece no terminar nunca, pero que a partir del 14 de mayo, dolerá un poco menos y nos hará una sociedad un poco más justa.
Imposible no encontrar, entre los sobrevivientes, muchos nombres conocidos, muchas amigas y amigos. Imposible no volver al espanto al recordar que ellos habían pasado por ese infierno liderado por el siniestro Agustín Feced. La “patota” se fue ampliando, y aparecieron nombres de monstruos que todavía no fueron juzgados.
Llegó la justicia para Marianito Martínez, hermano de nuestra colega Silvia Martínez, hijo de la Madre de la Plaza 25 de Mayo de Rosario, Lucrecia Villalonga de Martínez. Una imagen de ella, junto a la de Herminia Severini, está en una placa en nuestro Colegio de Psicólogos.
Se hizo justicia por los secuestros de la comisión directiva de la Biblioteca Vigil. Se hizo justicia con las víctimas de la Masacre de Cafferata y Ayolas, en la cual asesinaron a tres estudiantes de Psicología: Nadia Doria, Silvia Somoza, embarazada de tres meses (asesinada junto a su compañero Luis Fluxá) y Luis Enrique Ulmansky Azeretzky (también asesinado junto a su pareja y estudiante de medicina: Gladys Beatriz Hiriburu). Todos ellos junto a Mónica Cristina Woelflin Torres.
Y se hizo justicia por nuestra colega Laura Hanono y su hermana Julieta y por Marisol Pérez, tía de nuestra querida Guadalupe Aguirre, por mencionar algunos de estos nombres que son carne y uña, sangre palpitando en la lucha cotidiana insistiendo por la justicia.
Desde hace más de cuarenta años, organismos de DDHH, activistas, ex militantes, militantes nuevos, viejos, víctimas directas o indirectas del Estado Genocida, jóvenes nacidos en democracia —víctimas también ellos— seguimos sosteniendo este reclamo de justicia que no se detendrá.
Como Foro en defensa de los Derechos Humanos y como trabajadores de la salud mental, venimos alertando, también con insistencia, por las lesiones que el genocidio produjo en el tejido social y del que poco conocemos en cuanto a sus alcances.
Fuente:Rosario12
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