29 de octubre de 2020

JUICIO CONTRAOFENSIVA MONTNEROS: Cronicas dia 48 y 50 - Dia 54.

 














El testimonio del General retirado Heriberto Justo Auel estuvo marcado por una tensión permanente. De gesto adusto y típicamente militar, de arranque se enojó con los jueces y luego siguió con el resto de las partes que le preguntaron, con excepción de las defensas, con las que tuvo un trato más amable. Reivindicó a Santiago Omar Riveros, un coleccionista de condenas por crímenes de lesa humanidad. También calificó al genocidio como una "guerra no convencional". (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Texto 👉 Paulo Giacobbe

💻 Edición  👉 Martina Noailles/Fernando Tebele

📷 Fotos 👉  Gustavo Molfino/El Diario del Juicio


—Señor Auel ¿me escucha? —repite dos o tres veces el presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers— ¿Usted me escucha?
—Yo lo escucho fuerte y claro —contesta el testigo, y esas primeras palabras darán cuenta del tono castrense que tendrá su testimonial. 

Heriberto Justo Auel, de camisa blanca, suelta, con dos últimos botones desabrochados, cruza sus brazos sobre el pecho cuando responde y ladea un poco los hombros. Su espalda es ancha. De barba cana, tipo candado, pero escasa. Calvo. Los anteojos de marco finito que utiliza reflejan un brillo entre celeste y verde que no terminan de ocultarle la mirada. 

—¿Su profesión?
—Militar.
—¿En actividad? 
—Retirado —contesta el testigo presentado por la defensa, quien dice conocer a casi todos los imputados y ser amigo personal de Eduardo Ascheri. 

La idea es que, dados sus conocimientos, cuente cómo era la organización militar durante el Terrorismo de Estado. Sin embargo, la primera pregunta de la defensa es sobre la opinión personal que tiene de su amigo Ascheri, acusado de crímenes de lesa humanidad: “Mantengo con él, en el retiro, mayor comunicación que cuando estábamos en actividad. Tengo acerca de su persona el mayor respeto. Es una persona seria, humilde, sencilla”. Mientras habla mantiene la mirada hacia su costado inferior. Cada tanto levanta la vista hacia la cámara, hace una pausa, luego continua hablando con la mirada hacia el rincón. 

—Perdón ¿está leyendo?
—No le entendí.
—Soy Matías Mancini, uno de los jueces del tribunal.
—No sé quién habla.
—Soy Matías Mancini, uno de los jueces del tribunal, le pregunto si está leyendo.

Auel se molesta y dice que no, que no tiene apuntes ni papeles en su proximidad, que entonces va a mirar solo la pantalla. Mancini le dice que no es necesario. “Yo la veo a… a  Natalia tomando mate”, replica el militar retirado en una suerte de bufonada que nos permitirá conocer su sonrisa de tiburón. Natalia Corso de Castro es una de las secretarias del tribunal. Más adelante, la jueza María Claudia Morgese Martín le recordará al testigo el lugar que ocupa como tal.

Lego no es un juego

La estrategia de la defensa parecería ser que el General de Brigada retirado sostenga que los crímenes cometidos durante la última dictadura fueron actos legales, justifique las violaciones a los derechos humanos bajo el paraguas de la inconstitucional obediencia debida a los jefes, e insista con la teoría de una guerra interna que no necesita respetar ningún tratado internacional. “La Argentina estaba en una guerra, la peor especie de guerra, una guerra civil. Son las guerras de odio sociales“, se atreve a sostener y su declaración no sorprende: Públicamente ha llegado a desconocer el plan sistemático para desaparecer personas, el robo de bebés y hasta a negar la existencia de centros clandestinos de tortura y extermino. Cuando explica que el Ejército dividió al país en zonas y subzonas, reivindica a Santiago Riveros: “un soldado de la envergadura del General Riveros, que es digno de que ustedes conozcan el currículum”. Esa misma semana, el represor había sumado a su sangrienta foja de servicio otra condena por crímenes de lesa humanidad en un juicio de Zárate.
 
En este juicio, Auel, se embarcará en anécdotas históricas para sacar conclusiones sobre las responsabilidades militares. Arrancó con San Martín en Perú y cuando rumbeaba para la Segunda Guerra Mundial, el presidente del Tribunal, Esteban Rodríguez Eggers, le pidió un ejemplo que tenga que ver con Argentina: “el segundo ejemplo, si lo tiene, que tenga que ver con la Argentina, si es de otro país, seguimos con la rueda de preguntas”.

—Tiene que ver, señor presidente, porque las organizaciones militares son universales, lo que ciertamente me indica que estamos ante un tribunal lego —entona Auel, y es la segunda vez que utiliza esa calificación para referirse a los jueces. Fue entonces cuando la jueza María Claudia Morgese Martín decidió intervenir para llamarle severamente la atención: “el Tribunal tiene la capacidad y la potestad de preguntar a los testigos y también puede dejar de interesarnos algún ejemplo que quieran dar, no porque seamos burros, ni nada por el estilo. Si uno o ningún ejemplo nos basta para entender estos casos, suficiente. No hace falta que nadie nos califique. Por otra parte quiero aclararle algo: no estoy de acuerdo con el legajo ejemplar del señor Riveros. Al señor Riveros ya lo conocí, ya lo juzgué, ya lo condené. En mi parecer lo que dijo hasta ahora el testigo está muy claro. El ejemplo se lo agradezco; otro ejemplo, no lo necesito. Y de ahora en más, si puede ser, no haga ningún comentario de lo que hace la gente que trabaja con nosotros, por ejemplo el caso de Natalia, si toma mate o no. Porque eso le incumbe al tribunal y a la señora Natalia. Muchas gracias y no quiero ninguna respuesta de lo que acabo de decir, continúe con su declaración”. 

Heriberto Justo Auel se sentirá ofendido. A la siguiente pregunta le va a decir autoritaria a la fiscal Gabriela Sosti argumentando que lo mandaron a callar la boca. Eggers volverá a explicar que la dirección de las preguntas la tiene el tribunal. La situación se va a reiterar. Otra constante de Auel será preguntar quién le habla cuando le hablan, si puede contestar la pregunta o el sonido del llamado de un teléfono de línea, insistente, pegado al micrófono. 
El ejemplo que dio sobre el General Don José de San Martín, cargado de detalles innecesarios, nada tenía que ver con el juicio. Por la calidad de la imagen, no se puede apreciar si se sonroja cuando menciona al prócer. El Código de Honor de San Martin sostenía: “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene”. Seguramente, el pensamiento político de San Martín colisiona con el del General retirado Heriberto Auel.

—¿En qué consistieron las prácticas que usted denominó, en varias oportunidades, como guerra no convencional? ¿En qué consistió esa guerra no convencional? ¿Esa guerra no convencional respetó el derecho humanitario y la convención de Ginebra? — pregunta la fiscal Sosti. 
— Si es no convencional no puede reconocer a la convención. Está por fuera de la ley internacional y exige una legislación nacional para operar dentro de ella —contesta Auel. 

Para ejemplificar, recuerda la expedición de Julio Argentino Roca en la mal llamada Conquista del desierto. Con un genocidio justifica otro genocidio. Sosti le va a preguntar si esa guerra no convencional incluyó la tortura y la desaparición de personas. La respuesta será: “Doctora, usted está hablando de delitos que están fuera de la cultura de los argentinos. Los argentinos somos hispanos, criollos, católicos, ¿cómo vamos a ponderar la muerte o la tortura? Eso es un delito”. Niega los hechos y reconoce el delito. Merecía un análisis más complejo que esta crónica no puede brindar. 

Auel no es un improvisado. Ni es la primera vez que está frente a un tribunal que juzga crímenes de lesa humanidad, ni que lo tilda de lego. Ya se lo había dicho en 2008 al Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Neuquén en el juicio por el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio La Escuelita. Siempre convocado por las defensas que han llegado a decirle “mi general”, en 2014 declaró frente al Tribunal Federal Criminal Nº1 por la Operación Cóndor. Ahí le preguntaron por la organización Unión de Promociones: “He sido presidente de esa organización. Se apoya a los camaradas que están detenidos. A todos aquellos que pertenecen o pertenecieron a las fuerzas armadas, fuerzas de seguridad o policiales”. En el Canal TLV1, una suerte de foro apologista, es tratado como una eminencia. El 26 de agosto de este año brindó una entrevista a Juan Manuel Soaje Pinto y se incluyó como combatiente: “La guerra contra terrorista que peleamos desde el '70 hasta los '80.  Esa guerra contrainsurgente pasó a ser estado de guerra. Es decir, no hay actividad de combate, pero el enemigo manifiesta permanentemente su actitud hostil”. 

Heriberto dijo en el juicio por la Operación Cóndor que se retiró del Ejército en el cargo de General de Brigada y que había comenzado su carrera en el año 1951. Entre el '76 y su retiro fue “profesor de la Escuela de Guerra, jefe de Planeamiento de la Reserva estratégica militar, jefe de Regimiento, segundo Comandante de Brigada, Comandante de Brigada”. Sobre su formación académica relató: “He cursado la licenciatura de Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y Administración y el doctorado en Relaciones internacionales. Yo ingresé en el año 1959 a la universidad a los efectos de buscar los conocimientos que me permitieran encontrar las causalidades profundas de la larga guerra civil argentina”. En este juicio se proclamará experto en Polemología. En el programa TLV1 también lo describen como “profesor, articulista y conferenciante, miembro de la Academia Argentina de Asuntos Nacionales e Internacionales”. Un dato de color es que pasó a retiro en 1988, después del alzamiento militar carapintada de Aldo Rico. En abril de 2006, el diario La Nación publicó que “según los diarios de la época, Auel era mencionado por los carapintadas para reemplazar a (José Segundo Dante) Caridi al frente del Ejército y no se presentó a su puesto el día del alzamiento”. El mismo diario, en la sección cultura, promociona sus charlas. El militar enseña en aulas cuadradas sin ventilación sus propios libros. 




La historia

—¿Cómo puede una guerra estar fuera de la Convención de Ginebra? —pregunta el presidente del Tribunal. Auel habla sin responder y el juez vuelve a preguntar lo mismo. “Argentina fue sorprendida por una agresión interna”, dice Auel y el presidente del tribunal da por cerrado el tema. Mancini le recuerda al testigo el Protocolo de Ginebra que se refiere a los conflictos armados no internacionales. 
Tras un cuarto intermedio y después de una pregunta, el testigo dirá que leyó el Manual del guerrillero del Che Guevara para conocer mejor el pensamiento de sus enemigos.

—En el año '83 y relacionado con estos hechos que se están juzgando, ¿tomó conocimiento de una ley que se llamó de pacificación nacional o que otros llamaron de autoamnistía? —pregunta Pablo Llonto, abogado de la querella. 
—Tomé conocimiento por la prensa —contesta el testigo, y aclara que dentro del Ejército no se hablaba de eso porque era un tema político y no militar. 

No recuerda qué decía la norma pero sí que fue usada por el periodismo como autoamnistía porque “buscaba cerrar el problema que hoy llamamos grieta. Buscaba dar término al problema de la confrontación, que luego se reabrió”.  Llonto continúa con preguntas que el testigo no sabe responder o evade. Hasta que le pregunta dónde había estado durante los años '79 y '80: 

—¿Usted me está investigando a mí? —repreguntó agresivo Auel, al tiempo que le volvió a sonar, ruidoso y persistente, el teléfono en la casa. Alguien se quería comunicar. La molestia es superior a la resignación y se le pide que lo apague. 
—En la llamada lucha contra la subversión, la nómina del personal que el Ejército tenía que capturar,  ¿quién la elaboraba? —pregunta Llonto.
—Yo no creo que haya habido un conocimiento como para hacer una nómina del personal a… a… el soldado combate,  y ese combate era un combate de encuentro o era un información determinada para poder capturar, no había una lista de personas a capturar —ignora Auel. 

El abogado querellante le va a preguntar sobre su conocimiento sobre los centros clandestinos de concentración y exterminio, mencionados por el Ejército como Lugares de Reunión de Detenidos. La respuesta de Auel, bajo juramento, será distinta a otras que dio públicamente: “me enteré de la existencia de los lugares de reunión, de prisiones de guerra”.
—¿Nos podría contar dónde estaban?
—Me enteré de uno, en el Operativo Independencia, que estaba a la vista de todos, y otro acá en la Escuela de Mecánica de la Armada, con bandera en la puerta y conocida por todo el mundo.
—¿En Campo de Mayo había alguno?
—En Campo de Mayo también había uno, nunca lo conocí, nunca estuve ahí, pero me enteré de que existía.
—¿Nos podría contar quién le dijo que existía?
—No —sonríe Auel— no... 
—¿Por qué no? 
—¿Cuántos años han pasado? ¿Cincuenta? No me acuerdo, no me acuerdo.  
 
La fiscal Sosti retoma la ronda de preguntas y el testigo dice que no supo del trato que los prisioneros de guerra tuvieron ni su destino. La charla deriva en que Auel admita tener como fuente los libros publicados por Juan Bautista Yofre. “Está citando un material periodístico que conozco y no tiene rigor técnico”, clarifica la fiscal antes de la finalización de la jornada. 





el tribunal le limitó sus salidas a la manzana de su departamento de Belgrano. (Por El Diario del Juicio*) 

✍️ Texto 👉 Martina Noailles

💻 Edición  👉 Fernando Tebele

📷 Fotos 👉  Gustavo Molfino y Flor/El Diario del Juicio


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☝ ☝ Ascheri lee su declaración durante la ampliación de la indagatoria 
📷 Gustavo Molfino/El Diario del Juicio


La cámara del celular enfoca a un hombre de barba candado, morocho, con anteojos, de unos 40 años. Después se ve el techo, sus molduras, una lámpara, el marco de una puerta de madera, dos cuadros. La imagen no se queda quieta y los jueces empiezan a impacientarse. Finalmente, aparece el imputado, aunque sin audio. A Eduardo Eleuterio Ascheri sólo se le ven los ojos; con suerte la nariz. El presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers, le pide que aleje la cámara para verlo mejor. Mientras se acomoda, le recuerda que, como es habitual en las indagatorias, no está obligado a decir la verdad. Es un hombre canoso, de bigotes blancos y una camisa caqui que aparece en primer plano porque la cámara está ubicada en contra picada y a la altura de su panza. Así se lo verá la media hora que le tomará leer lo que preparó para esta audiencia, la número 50 de un juicio oral que ya está llegando al final de su etapa testimonial. Ascheri es uno de los seis acusados por delitos de lesa humanidad que quedan vivos en esta causa. En al menos dos ocasiones se lo fotografió y filmó dando un paseo por el barrio, violando los límites autorizados por la Justicia. Gustavo Molfino también lo cruzó antes de una audiencia tomando un café en un bar cerca del tribunal. Desde entonces, sólo puede salir a caminar alrededor de la manzana en la que transcurre su prisión domiciliaria. 

“Excelentísimo tribunal, en primer término voy a hablar brevemente sobre mi formación civil y militar”, comienza con voz áspera el Teniente Coronel retirado Ascheri, en la víspera de su cumpleaños 86. Al igual que en su declaración indagatoria de 2014, las primeras líneas de su relato hacen referencia a sus inicios en la Acción Católica Argentina casi ocho décadas atrás. Desde entonces, dice, las vocaciones religiosa y militar serán el eje de su vida. Incluso escribirá un “decálogo del amor humano” y comprenderá que “todo el mal por más pequeño que se haga al prójimo, se lo está haciendo a Dios, porque él lo manifestó a los hombres”. Mientras Ascheri lee, el chat de la transmisión de la audiencia se carga de frases de indignación de los familiares y los sobrevivientes que presencian el juicio de manera virtual.

Según consta en su legajo, Ascheri fue Jefe de la División Planes del Departamento de Inteligencia (G2) del Comando de Institutos Militares de Campo de Mayo desde el 16 de octubre de 1978 hasta el 16 de octubre de 1979. En la causa está acusado de 33 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, en 27 de esos casos doblemente agravado, seis allanamientos y 29 homicidios. Durante toda la indagatoria insistirá en que hay un error en su legajo y que, por ende, es inocente. 
El Departamento de Inteligencia del Comando de Institutos Militares era la cabeza de las tareas de represión, tal cual lo confirman las sentencias contra Ezequiel Verplaetsen, quien manejaba ese Departamento y, por ende, los centros clandestinos de Campo de Mayo en 1976 y 1977. Las dos divisiones que tenía el Departamento de Inteligencia (División Planes y División Contrainteligencia) fueron relevantes para que pudiera desarrollar la ejecución de las actividades propias de inteligencia, proponer el reclutamiento y despliegue del personal, y para realizar las actividades de investigación que expresamente se le ordenaran. Es decir que ejecutaban los procedimientos para la reunión de información, y para proporcionar refuerzos y apoyo a otras unidades de inteligencia. 
Esa División Planes no podía hacer sus tareas sin el aporte y colaboración de la Jefatura II de Inteligencia del Estado Mayor General del Ejército, y del Batallón de Inteligencia 601, la que fue canalizada por sus integrantes para que pudieran llevarse a cabo las privaciones de la libertad, torturas o asesinatos y  alojamiento de los detenidos en los centros clandestinos de detención dependientes de Campo de Mayo. 
Toda esta información es parte de la acusación que determinó el procesamiento de Ascheri en 2014, por parte de la jueza de instrucción Alicia Vence. 



☝ ☝ Ascheri llegando al juzgado de San Martín en 2014 para dejar un escrito con su primera declaración.
 📷 Flor/El Diario del Juicio


Porque es un buen compañero

El texto que preparó también se encarga de enarbolar el nombore del General José de San Martín. Dos semanas antes, como testigo, el General retirado Heriberto Justo Auel había acomodado la palabra del Libertador para sostener argumentos negacionistas. En este caso, Ascheri compara sus propios principios con los de San Martín a quien “siempre tuve como referente (…) ya que jamás usó las armas contra sus propios hermanos de la patria”.
El juez Esteban Rodríguez Eggers lo interrumpe. Es que la cámara de su celular nuevamente enfoca al techo. “Se ve más la luz que usted”, le indica. Ascheri acomoda y sigue. Esta vez, avanza en la disciplina y en la existencia de los Tribunales de Honor que, según su interpretación, “imposibilitan que algún superior o subalterno imparta órdenes que vulneren las leyes militares, nacionales o internacionales, obligando a promover que la justicia militar instruya el sumario correspondiente y se juzgue al imputado ante los tribunales de honor. Ahí comprendí que en la carrera militar nunca existió la obediencia debida” reflexiona y, sin hacerse cargo de la imputación en su contra, asegura: “Si mientras estaba en actividad hubiera tomado conocimiento de que alguien estuviera cometiendo un delito de cualquier naturaleza, no lo hubiera permitido”. A quien le quepa el sayo, que se lo ponga.
Antes de entrar al punto sobre la “injusta imputación y sus injustas dolencias”, Ascheri le recuerda al tribunal sus bondades: “Mi mayor premio no fue haber llegado a Teniente Coronel, sino haber sido elegido como el mejor compañero de la promoción 1955”, dice y refuerza con una nueva cita religiosa. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, no hay otro mandamiento más grande que este”.
Dicho esto, el ex miembro de inteligencia del Ejército se zambulle en su defensa más concreta. “Cuando fui llamado ante el juzgado el 6 de marzo de 2014, y suponiendo que era una notificación por un trámite o para ser testigo de algún hecho, concurrí sin ningún abogado sorprendido en mi buena fe por estar imputado de un delito de lesa humanidad”, repasa tal como le indica el texto que asoma de vez en cuando en cámara. 
También señala que “había una contradicción entre el cargo y mi desempeño y función, ya que un oficial con un curso de inteligencia no es un oficial de Estado Mayor”. En medio de los argumentos, el imputado suma datos sobre el deterioro de su salud y la de su esposa en el transcurso del proceso judicial. Reclama su excarcelación. Reitera una y otra vez su inocencia. 
“Se me acusa que estuve planificando las supuestas operaciones de secuestros de personas. Y de abril a octubre del 79 haber detenido a personas en sus domicilios, trasladarlos a Campo de Mayo, donde los torturé, los maté y los tiré al mar. Sin embargo, mi legajo prueba lo contrario”. Ascheri lee su defensa escrita a máquina. Dice que las fechas no coinciden. Que en noviembre de 1978 fue enviado desde Institutos Militares a Zapala por la amenaza del conflicto bélico con Chile, que regresó en febrero de 1979 y que no volvió al Comando hasta el 16 de octubre de ese año. Sin embargo, este traslado no consta en su legajo.

“No participé bajo ninguna modalidad de ningún delito aberrante, tampoco me cabe responsabilidad objetiva alguna ya que por el grado y capacitación que ostentaba al momento de los hechos que se me imputan no podría tener acceso a conocer lo que estaba ocurriendo en la jurisdicción durante el corto tiempo que presté servicios”, asegura con firmeza. Su objetivo es convencer al tribunal, pero no está obligado a decir la verdad. 
La cámara del celular lo sigue enfocando desde abajo mientras pasa las páginas. Su voz carraspea. Llega a la última página:  “Por mi conducta y mi honor, un solo día de condena impuesta injustamente significa mi destrucción personal y la de mi familia que debe soportar la pérdida de honorabilidad de su padre. Siempre he sido y seré respetuoso de las reglas de la justicia. Mi última esperanza es que este tribunal haga justicia”. Ascheri no responde preguntas. Su indagatoria llega al final. 





*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

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