A pesar del bloqueo, la biotecnología
avanza contra la pandemia
Resumen Latinoamericano, 13 de agosto de 2021.
Con décadas de experiencia e inversión en los sectores biotecnológico y farmacéutico, Cuba avanza hoy en el desarrollo de varios estudios y ensayos clínicos para tratar a pacientes con Covid-19, incluso a convalecientes.
A pesar de los obstáculos que impone el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos hace casi 60 años, el país cuenta con la primera vacuna antiCovid-19 de América Latina y el Caribe, Abdala, la cual en sus ensayos clínicos demostró un 92,28 de eficacia en cuanto a la capacidad para prevenir la enfermedad sintomática.
Asimismo, se espera la autorización de uso de emergencia del esquema de dos dosis de Soberana 02 más una de refuerzo de su homólogo Soberana Plus; los cuales evidenciaron durante los ensayos clínicos un 91,2 por ciento de eficacia también para prevenir la enfermedad sintomática.
Hasta este 10 de agosto, se administraron en el territorio nacional un total de 11 millones mil 829 dosis de estas propuestas y antes de finalizar el 2021 se espera inmunizar a toda la población.
Autoridades aseguraron que en los meses de agosto y septiembre se debe completar la entrega al Ministerio de Salud Pública de la cantidad de dosis necesarias, incluidos los niños de tres años en adelante.
A más de siete meses de iniciada la vacunación a nivel global solo el 15,7 por ciento de la población mundial cuenta con un esquema completo de inmunización, mientras Cuba alcanza más del 25 por ciento (dos millones 821 mil 478) de sus habitantes (11 millones 300 mil aproximadamente).
Datos de la Organización Mundial de la Salud refieren que la mayor parte de producciones de vacunas antiCovid-19, cerca del 87 por ciento se ha concentrado en países ricos, en tanto en naciones subdesarrolladas apenas el 1.1 por ciento recibe una dosis.
En este contexto, se muestra acertada la decisión de este país de invertir los escasos recursos con los cuales cuenta en desarrollar propuestas vacunales y medicamentos propios, tanto para tratar la infección, garantizar la evolución satisfactoria de los enfermos y reforzar la inmunidad de los convalecientes.
Incluso, luego de la inmunización de toda la población cubana, los excedentes de vacunas estarán disponibles para la exportación a las naciones, con cuyos gobiernos se logren los correspondientes acuerdos, según anunciaron las autoridades.
Muchos de esos argumentos fueron expuestos por científicos, personal de salud y académicos, tanto de Cuba como de otros países, en una carta dirigida al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en respuesta a sus equívocas declaraciones sobre el manejo de la pandemia de Covid-19 en la isla.
Hasta el momento, más de 600 personalidades han firmado la misiva disponible en Internet.
Fuente: Prensa Latina
Crónicas de un instante: Palabras
fecundas
Por Octavio Fraga Guerra(*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano, 13 de agosto de 2021.
Desde mucho antes del 1ro de enero de 1959 —día de luz y victoria para la Nación cubana— Fidel desamarró con pasión el nítido susurro de sus palabras. Una práctica que forjó (1945-1950) como estudiante y líder en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
Los anclajes de su voz inconmensurable —con el paso de los años— emergieron como encendidas alocuciones, secundadas por el multiplicar de otras voces cultas, éticas, revolucionarias, protagonistas todas del período fundacional de la Revolución.
En más de seis décadas de historia afloraron otros esenciales oradores en la Isla, núcleos sustantivos del capital simbólico de nuestra cultura. Se revelaron como medulares, erguidas, poéticas, impostergables voces, la incisiva retórica del Comandante Ernesto Che Guevara, la virtuosa dignidad de Raúl Roa y la complicidad del General de Ejército Raúl Castro Ruz, proféticas palabras de un período fundacional.
Cabría distinguir en la contemporaneidad la oratoria del Canciller Bruno Rodríguez Parrilla. Valedor de las raíces y los argumentos martianos que engrandecen a Cuba en los más complejos escenarios internacionales, encara con altura intelectual dispares desafíos, afincando con llanas palabras los pilares de nuestra Nación: libre, soberana e independiente.
Tras su entrada triunfal a La Habana, en 1959, Fidel desató un telar de argumentos, un torbellino de vocablos legitimadores, compartidos para legitimar la existencia de la Revolución cubana. En el punto de todas las miradas, la mítica fuerza de sus palabras, la sentida oratoria, el dialogo con la multitud comprometida.
Siempre resuelto a platicar con el gesto horondo y la frente alta. No mirando hacia un horizonte impreciso, en verdad conectando con el pueblo. Son las virtuosas palabras de un hombre coherente con su praxis política y ética. Esenciales diálogos con multitudes, desabotonados con gestos edificadores ante el desafío de dialogar con muchas voces y manos reunidas en los espacios simbólicos de la Revolución.
Asiste siempre el tiempo de escuchar las muchas otras palabras sabias, esbeltas, inaplazables, nacidas desde las hondas raíces de nuestra revolución cultural, siempre inconclusa.
Fidel enseñó sobre el deber de tomar de la historia y del pensamiento de los más ilustres cubanos que han colmado de fortalezas de la patria. Herencias, todas estas, necesarias para edificar con erguidos valores y llanos argumentos los pilares teóricos que legitiman la gesta revolucionaria.
Frente a las arremetidas que impone la propia existencia de la Revolución, Fidel labró veredas de apariciones urgentes —muchas de ellas inaplazables— resueltas como un perenne guerrillero que asumió el vivir en una Nación asediada por un Imperio.
Fue su práctica preguntar, desmenuzar al detalle, las geometrías de las palabras compulsando respuestas. Destrabó acertijos y compartió soluciones ante los interrogantes que desata la contemporaneidad. Las respuestas han de estar siempre en el ejercicio lúcido del pensamiento de todos los cubanos.
Las lógicas de sus reflexiones fueron pasto de su sabia, la de un pertinaz lector de palabras impresas. Encaró como praxis las sorpresivas visitas a cualquier punto geográfico de Cuba. Ellas habitan como huellas orales en los más recónditos lugares de la isla.
Tejió en cada cita, en cada encuentro, un arsenal de retóricas y discursos comprometidos, urgentes, apasionados, esbeltos. Es la praxis de una Revolución construida por la fuerza de la palabra —parte esencial de los símbolos que la distingue— resueltas para labrar un proyecto humanista frente al perenne desafío de su existencia.
Fue estratégico, entre sus muchas tareas, la praxis de comunicar, de llegar al vasto y plural abanico del pueblo. De un país pensado y edificado por hombres y mujeres morales, convocados para narrar la nación, hacerla posible. Expresión material de nuestro derecho a existir, a construir los pilares identitarios y valores que nos distinguen.
Somos millones de cubanos empeñados en fundar una Nación despojada de dictados espurios, negados a darle espacio a los que apoyan una intervención militar del gobierno de los Estados Unidos, o a los que balbucean descorchados sustantivos platistas y anexionistas, tesis frontales que desprecian el ideario de José Martí y la dignidad de la nación cubana.
Brotó en Fidel, desde su ganado liderazgo, todo un arsenal de preguntas. Era su máxima —coherente con el ejercicio civilizatorio del dialogo— de saber más allá de los manuales y los libros: esos que la cultura cimenta como clásicos imprescindibles. Las respuestas se han de encontrar también en las lecturas críticas de textos al uso que el tiempo, a veces, deposita en las mamparas del olvido, por esa envoltura de temporalidad que les envuelve, cual si nada.
La literatura destraba interrogantes, afina ideas, construye realidades, es un constante converger de palabras sustantivas pobladas de significados, materializadas por acciones inacabadas o vueltas a tocar con otras vestiduras. Todas ellas transitan en dispares respuestas, desplegadas en un telar de geometrías y de revolucionadas aritméticas, que son esenciales estudiar para fortalecer los pilares de una isla rebelde.
Sujetos a múltiples transformaciones sociales y económicas, a escalonadas metamorfosis simbólicas y culturales “inoculadas”, pretenden quebrar, desunir. Son estudiados ropajes dispuestos a fragmentar voluntades, descafeinar proyectos comunes que laceran los principios constitucionales de la Patria. Es, por tanto, la palabra, esencial en nuestras batallas y gestas, insustituible para revelar derroteros y asimetrías.
Despojados de los aplomos del cansancio, se impone tocar las realidades, descifrando esos múltiples cursos que le distinguen, vestidos con los cromatismos de la vida. El ser humano y la naturaleza son los protagonistas de sus andares, de sus más delgados vértices.
Con palabras fecundas Fidel afinó el dialogo con la sociedad toda, desde los albores del ideario de José Martí, que algunos cubanos se prestan, como serviles de turno, para manchar con sus sucias palabras, vulgares adjetivos y actos hostiles, que no amedrentan.
Tenemos derecho a existir frente a un gobierno extranjero que por más de sesenta años, ha pretendido ahogarnos, revelando las esencias de sus arrogancias, propias de hinchados emperadores que tan solo presumen de mostrar la cronología de sus siniestras historias.
Fuente: Cuba en Resumen
(*) Periodista cubano y articulista de cine. Especialista de la Cinemateca de Cuba. Editor del blog Cine Reverso.
En nuestro país no se sepulta en
fosas comunes ningún fallecido por
la COVID-19
Resumen Latinoamericano, 13 de agosto de 2021
En respuesta a falsas matrices de opinión que insisten en posicionarse en redes sociales, autoridades de Servicios Comunales de las provincias de Santiago de Cuba y de Guantánamo reafirmaron, categóricamente, que en estos territorios no se sepulta ningún cadáver en fosas comunes.
En ningún cementerio de Santiago de Cuba se realizan enterramientos en fosas comunes, recalcó el ingeniero José Gonzalo Borrero Sotomayor, director provincial de Servicios Comunales, quien reiteró, además, que jamás ha tenido lugar el extravío de cadáver alguno.
Aun cuando en directivas técnicas vigentes desde 2007 se establece el depósito de más de un cadáver en una fosa, dicho procedimiento se ha prohibido y, atendiendo a que Cuba no registra un número desmedido de muertes, todos los fallecidos cuyas familias carecen de bóvedas propias o no optan por la cremación, reciben sepultura individualmente.
También en tumbas de tierra, individuales y bien señalizadas se inhuman en Guantánamo los fallecidos por causa de la COVID-19, aseguró a Granma Oscar Jones Carbonell, subdirector provincial de Servicios Comunales. Destacó que, a partir de la experiencia de epidemias anteriores, están definidos como inviolables los pasos en el manejo de cadáveres, desde su traslado inmediato, una vez certificada la defunción, hasta el momento de la sepultura.
El directivo explicó que, para determinar dónde y cómo se enterrarían los cuerpos de fallecidos por la COVID-19, se trabajó coordinadamente con expertos de Salud Pública y de la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología, responsables de velar por las adecuadas condiciones para proceder.
Tomado de Granma
Fidel y la paz
Resumen Latinoamericano, 13 de agosto de 2021
Cuando en su expediente escolar del Colegio de Belén se escribía que (…) «Fidel tiene madera y no faltará el artista», tal vez no se pensó en el extraordinario artífice de la paz que llegaría a ser aquel jovencito que cursaría la carrera de Derecho y del que no se dudaba que llenaría «con páginas brillantes el libro de su vida».
Martianos razonamientos hablan de cómo desde la infancia los rasgos del carácter se asoman a las actitudes, para más tarde fraguar en la adultez, y en el niño Fidel despuntaban parejos los sentimientos de justicia, rebeldía y dignidad.
No pudo el niño admitir vejámenes de sus superiores, desde donde pueden venir abusos de poder; no sintió más gusto que entre la libertad, gozada a la luz del día, junto a la tierra y los ríos, la misma naturaleza que después defendería a capa y espada; no supo lidiar con la inequidad, por eso tuvo como modelo a José Martí, el más alto ideal del bien para todo cubano; por eso quiso, en los umbrales de su obra mayor –la Revolución Cubana– que cada hijo de Cuba leyera El Quijote, símbolo universal de la justicia.
Sin esos patrones no es posible pensarse la paz, esa mansa complacencia a la que todo ser humano tiene derecho y que, sin embargo, se precisa conquistar, porque hay siempre otros, díganse individuos o escuadrones enteros, dispuestos a mancillar la honra de sus hermanos, como si merecieran no solo tener más que aquellos, sino también la atribución de someterlos y decidir por ellos.
La paz, indispensable para la dicha completa, no puede sostenerse donde priman el crimen, el conflicto injurioso y el miedo, y Fidel no solo la quiso; Fidel la hizo.
La paz que fundó vino de su corazón, inclinado a abundar en las humanidades de todo tipo, escudriñando materias y erudiciones, y calando en el alma de las personas, a las que vio en idénticos podios, sin que ninguna valiera más que la otra, a no ser por el brillo del espíritu.
A falta de la paz plural fue en busca de ella. Cuando pudo –como reza en la nota plasmada en su expediente– conseguir con su inmenso talento lo que hubiera querido, y vivir una vida pletórica de bienes de todo tipo, escogió un camino arduo pero luminoso, y fue a su encuentro. Bien sabía Fidel que no la habría en su cabeza sabiendo que un pueblo entero, el suyo, no la conocía.
Para tenerla, no bastaba desearla ni con todas las fuerzas del mundo: había que creer en ella, había que luchar por ella. La paz en Cuba adquirió entonces un nombre y se llamó Revolución. Su primera herramienta, el amor; sus hacedores, un grupo de jóvenes con Fidel al frente, asaltando cuarteles llenos de infames asesinos, organizando gestas en el llano y la montaña, seguidos por todo un pueblo cómplice y activo, que sabía bien a quién apoyaba y por qué lo hacía.
Desde el silencio y a viva voz, conscientes de lo que había que extirpar y de lo que era imperioso fundar, se combatió al tirano y a la dictadura, responsable de un sufrimiento atroz, traducido en el horror de un pueblo degradado, ciego a las luces de la educación, la salud, el deporte, la cultura, plagado de indignidades fomentadas por quienes saqueaban la patria común y la ponían a los pies del imperio.
La paz soñada, sin cuya garantía el progreso de la humanidad resulta imposible, no fue cosa de un día; la paz no fue triunfar, aunque el triunfo fuera el primer paso de la travesía. La Revolución fue la paz, pero garantizarla fue y ha sido una larga y permanente acometida.
Al trazar y cumplir para Cuba un programa de perfeccionamiento constante, en pos del honor de los hombres y mujeres de esta tierra, Fidel no solo diseñó la paz, sino que construyó el país más tranquilo de la región, sin más «armas y drogas» que los libros, y la sed de conocimiento y crecimiento personal, una de las formas de desterrar la barbarie. De sobra es conocido lo mucho que hizo también por la paz y el equilibrio del mundo.
En una ocasión resumió: «¡Somos una nación pequeña, pero digna de respeto! ¡Somos una nación pequeña en tamaño, pero grande en dignidad! ¡Somos una nación pequeña en tamaño, pero a la que hay que respetar, sencillamente, porque (…) el pueblo cubano ha demostrado que, a pesar de los tanques, y los cañones y las bombas y los aviones, y a pesar de los miles y miles de soldados, más miles de los que nos puedan mandar (…) supimos arrebatarles las armas de la mano, supimos conquistar a sangre y fuego nuestra libertad!».
De gente bien nacida es agradecer lo que en las manos se pone en condición de dádiva merecidamente concedida. De pueblos valientes y conocedores de su historia, de sus amigos reales y de sus históricos enemigos no podría esperarse menos.
La paz fue el regalo que le hizo Fidel al pueblo de Cuba, y Cuba, agradecida y heroica, velará por ella.
Tomado de Granma
Todos y uno Fidel
Por: Pedro de la Hoz, Resumen Latinoamericano, 13 de agosto de 2021
A los 19 años de edad, con el título de Bachiller en sus manos, en el anuario de los egresados del Colegio de Belén apareció una mención singular, diríase una premonición: «Ha sabido ganarse la admiración y el cariño de todos. Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista».
El artista no faltó y, a la vuelta de unos pocos años, Fidel Alejandro Castro Ruz se hizo Fidel. El revolucionario, el político, el combatiente, el intelectual, el heredero de Martí, el militante comunista, el internacionalista, el defensor de toda justa causa, el ser humano más extraordinario nacido en Cuba en el siglo XX.
Fidel es y está. Lo supo y lo saben millones de compatriotas y personas a lo largo y ancho del mundo, y hasta el propio enemigo tuvo que reconocerlo. «Debemos estar seguros de un hecho: Fidel Castro posee esas cualidades indefinibles que le permiten ser un líder de hombres. Independientemente de lo que pensemos de él, será un factor clave en el desarrollo de Cuba. Tiene la potestad del liderazgo».
Esto lo escribió el político estadounidense Richard Nixon, a la sazón vicepresidente, en un informe remitido al entonces mandatario Dwight Eisenhower, en 1959, mientras incubaban los planes de agresión y bloqueo más pérfidos y persistentes que conozca la historia moderna.
Cada contemporáneo suyo tuvo un Fidel para sí: el Comandante, el Uno, el Jefe, el Gigante, el Iluminado, epítetos prodigados en el tiempo.
En la anticipación poética del Che Guevara, al partir juntos en el yate Granma, cuando lo llamó «profeta de la aurora».
En los versos del argentino Juan Gelman: «Dirán exactamente de Fidel / gran conductor el que incendió la historia etcétera / pero el pueblo lo llama el Caballo y es cierto / Fidel montó sobre Fidel un día / se lanzó de cabeza contra el dolor, contra la muerte».
En la sustancia épica del chileno Pablo Neruda: «Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen / palabras en acción y hechos que cantan…».
En el son intrépido de Nicolás Guillén: «El pueblo canta, cantó / cantando está el pueblo así / vino Fidel y cumplió / lo que prometió Martí».
Jóvenes que no lo conocieron de modo directo se acercaron luego a él con una frase: Yo soy Fidel. No es consigna que revele pleitesía circunstancial, sino proyección requerida de impulso y fertilización.
«Fidel es Fidel», dijo Raúl en su día, y lo será. El de la rara facultad, avizorada por el amigo argelino, de viajar al futuro, para luego regresar a contarlo. Muchos y uno. Todos y uno. Un pueblo, un país, un camino, una vocación.
Tomado de Granma
Mujeres y disidencias con Díaz-Canel:
«somos artesanas de la cotidianidad en
el país»
Por Leticia Martínez Hernández, Resumen Latinoamericano 13 de agosto de 2021
Las mujeres cubanas son la fortaleza de la Revolución
El Presidente Díaz-Canel continuó este jueves los intercambios con varios sectores de la sociedad cubana. De dialogar con líderes comunitarios en la mañana pasó a hacerlo con mujeres de un sinfín de profesiones, encuentro emotivo y también crítico sobre cuánto falta por hacer en materia de igualdad de género.
Justo a la una de la tarde, cuando el sol estaba dando todo de sí, y después de casi cuatro horas en San Isidro, Habana Vieja, llegó el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez a Paseo, entre 11 y 13, la casona del Vedado habanero sede de la Federación de Mujeres Cubanas, lugar escogido para otro de esos diálogos que por estos días retoma el mandatario con varios actores de la sociedad cubana.
De intercambiar con líderes comunitarios en la mañana pasó a hacerlo con mujeres de un sinfín de profesiones. Días previos había estado con jóvenes, juristas, economistas, productores, religiosos y en todos se habían puesto sobre la mesa buenas y malas maneras de hacer, pero fundamentalmente propuestas para cambiar cuanto debe ser cambiado.
La cita de este jueves a la sombra de los árboles que habitan el jardín de la Federación no fue diferente, o sí: tuvo la impronta de las mujeres cubanas, líderes donde estén, resolutivas, emprendedoras. El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista les dijo “ustedes tienen la palabra”, y ellas no desaprovecharon ni una vocal.
Hemos venido — comentó en compañía de Roberto Morales Ojeda, jefe de Organización y Política de Cuadros del Partido Comunista — para hablar “de todos los temas que nos quedan pendientes, de emancipación, de igualdad, de participación y de cualquier otro asunto que ustedes quieran abordar”.
Lo que nosotros queremos, aclaró, es que a partir de los criterios de cada uno de los sectores se enfilen las políticas públicas, ver qué cosas hay que ir perfeccionando; también con qué tareas se quedan las personas con las que estamos compartiendo y tener también una visión de lo que se está haciendo en el país, de la manera en que se está participando. La introducción duró un minuto, el diálogo volvió a rondar las tres horas y fue dirigido por la miembro del Buró Político del Partido y secretaria de la FMC, Teresa Amarelle Boué.

Para la doctora en ciencias Clotilde Proveyer Cervantes, que en más de una ocasión la voz se le cortó por la emoción del momento, las mujeres cubanas son la fortaleza de la Revolución, y esa verdad como un templo marcó todo el conversatorio. “Porque sobre las mujeres recae, por ejemplo en este tiempo de pandemia, la sobrevivencia de la sociedad, no solo en lo que aportamos cada una de nosotras en la trinchera que nos toca, sino además en la retaguardia, los cuidados de la vida cotidiana de este país que es sumamente difícil”, consideró la investigadora.
“Las cubanas somos artesanas de la cotidianidad en el país”, sentenció ante el Jefe de Estado, quien asentía todo el tiempo. Reconocer el papel de la mujer cubana, indicó luego, es indispensable para garantizar la continuidad de la Revolución. Nosotras, precisamente por la estructura patriarcal que aún tenemos y contra la cual debemos seguir luchando, somos las que llevamos sobre nuestros hombros la educación de los hijos, por tanto somos transmisoras de valores y principios.
La especialista refirió cómo la FMC ha acudido a las ciencias sociales y ha escuchado a las expertas. Las científicas sociales no hemos sido complacientes porque creemos que la manera de poder mejorar la Revolución no es haciendo alarde de complacencia, sino buscando dónde están las deficiencias que tenemos para mejorar la realidad.
También se escuchó la voz de Lizette Vila, documentalista y directora del Proyecto Palomas, casa productora, dijo, para el activismo social, donde la creación artística se torna creación humana. Según explicó, durante años se han dedicado a registrar historias de vida de hombres y mujeres, que muchas veces no tienen la promoción necesaria en los medios de comunicación. De ahí su reclamo para hacer más visibles otras realidades cotidianas, en las que no se satisfacen todos los derechos.
Lizette le habló al Presidente también de la necesidad de utilizar el lenguaje de género desde los espacios de decisión hasta en los medios de comunicación. Es la expresión, dijo, de la deseada equidad.
Con menos años sobre sus espaldas, Laura Rodríguez, estudiante de la CUJAE, contó de sus recientes experiencias en los barrios habaneros como parte de la transformación que en ellos se ha iniciado, y donde ha podido relacionarse con madres adolescentes y otras que no tienen con quien dejar sus hijos para poder trabajar, familias numerosas, personas en desventaja económica. Hay que aterrizar, opinó, el Programa Nacional para el Adelanto a la Mujeres en Cuba a esas comunidades.
Díaz-Canel se refirió también al rescate de programas sociales que tuvimos en otros momentos con otra dimensión; volver al trabajo con las familias que tienen grietas formativas, que quedan en desventaja económica y social; ir con un razonamiento inteligente y movilizador; que no haya ningún niño ni ningún joven desvinculado del estudio o del trabajo; alejarlos de situaciones que los puedan llevar a delinquir.
El Jefe de Estado apostó por articular el trabajo comunitario, traer a la contemporaneidad muchas de las experiencias puestas en práctica por Vilma Espín y también por el Comandante en Jefe con la Batalla de Ideas, de manera renovada para transformar los problemas que se nos han acumulado y evitar que nos vuelvan a ocurrir.
Desde las ciencias, aportó sus experiencias Dagmar García, una de las creadoras de la vacuna Soberana, para quien las mujeres en su sector están bien posicionadas: superan el 62% de su fuerza. ¿Limitantes? claro que las hay y mencionó el acceso al círculo infantil para las madres trabajadoras que a veces demora y el cuidado de los adultos mayores que recae sobre muchas mujeres científicas en plenitud laboral.
Malú Cano Valladares, coordinadora nacional de la Red de Personas Trans, Parejas y Familias (TransCuba) narró cómo desde hace más de 20 años el Ministerio de Salud Pública y el CENESEX les abrieron sus puertas para el activismo por los derechos sexuales y la salud. Estar aquí, reflexionó, es muestra del reconocimiento hacia nosotros.
Malú propuso al Presidente un encuentro particular con la red que coordina para hablar de problemas en nuestras familias, de la educación y de otros temas que nos afectan, dijo. “Nos vamos a ver”, respondió el Presidente y le comentó sobre el nuevo Código de las Familias, más inclusivo, avanzado, moderno, donde se reconoce la diversidad de Cuba.
En excelentes intervenciones, varias federadas mencionaron la urgencia de no callar la verdad de la Revolución en las redes sociales, el papel preventivo de la Policía Nacional Revolucionaria, la educación en valores, la necesidad de reconocer la heterogeneidad de Cuba, los proyectos para la producción de alimentos liderados por mujeres y la profundización de los espacios para dialogar en una Revolución que se ha construido, precisamente, sobre la base del diálogo.
Muy sentida fueron las palabras de Teresa de Jesús Fernández, filóloga y coordinadora nacional de la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales, quien habló de decencia, de formar buenos seres humanos, de que los niños crezcan sin prejuicios, porque si hay algo que atenta contra la dignidad de los seres humanos son precisamente los prejuicios. Se trata, apuntó, de crear una sociedad para todos con justicia humanista.
Del consejo popular Colón, en Centro Habana, y de La Güinera, en Arroyo Naranjo, también estuvieron junto al Presidente en la sede de la FMC, Pilar e Ileana, mujeres con historias de vida sorprendentes, nacidas en el andar por sus barrios. Las dos hablaron de la impronta de Fidel que dura hasta hoy, de la continuidad que vislumbran en Díaz-Canel, y de los desafíos en las comunidades donde militan.
Ponerle corazón a las cosas, dijo Pilar, es trabajar todos los días desde el amanecer. Y sí que amanece esta guerrera que a las cuatro de la mañana ya está empujando la vida.
Para Ileana, que vivió y aún sufre los disturbios del 12 de julio en su barrio, ahora se trata de sumar, no de restar. En mi comunidad viven personas maravillosas, aclaró como queriendo borrar de un tirón la imagen que trascendió aquel lunes aciago sobre su lugar favorito: la Güinera.
Fuente: Partido Comunista Cubano
Envio:RL






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