12 de diciembre de 2021

BRASIL.

 

La «maldición» de los vicepresidentes


Por Valerio Arcary. Resumen Latinoamericano, 10 de diciembre de 2021.

La presencia de Alckmin en una candidatura Lula en 2022 no es una solución táctica «imbatible» para vencer a Bolsonaro. El «giro al centro» no tiene por qué ser la orientación de la campaña contra Bolsonaro.

Reconozcámoslo, sinceramente. Ha pesado en partes de la izquierda una idealización de que Lula ganará la elección para la presidencia y ya está. Pero lo cierto es que nadie sabe, con un año de antelación, quién ganará las elecciones de 2022. Eso no es serio. Tres décadas y media de elecciones ininterrumpidas, cada dos años, han creado una mentalidad que alimenta una expectativa. Hay frivolidad y superficialidad en este optimismo ingenuo.

Lula no debe preocuparse por asegurar a la clase dirigente que no hay rencor ni resentimiento por su encarcelamiento. Un Frente Único de Izquierda puede ganar las elecciones si consigue entusiasmar a la clase trabajadora y a la juventud. Porque si ponemos en marcha esta base social, es posible arrastrar una mayoría entre los pobres semiproletarios de las ciudades, y dividir una parte de las clases medias. Sin apoyarse en la movilización de masas no será posible derrotar a Bolsonaro.

La lucha electoral es una lucha de clases. No será un conflicto entre propuestas, será una disputa de intereses. En 2022 no será una lucha electoral «fría». Será «caliente», porque Bolsonaro depende de la movilización de los sectores exaltados y exasperados de su base social para llegar a la segunda vuelta, más aún ahora con una situación económica deteriorada y una feroz disputa con los candidatos de la «tercera vía». Su resultado dependerá de quién sea capaz de poner en marcha una fuerza de choque social más potente.

Las oportunidades perdidas dejan valiosas lecciones. La «maldición» de los vices es una de las crueldades de la historia contemporánea de Brasil. Así como el regicidio, el asesinato del rey, era el peligro de las monarquías, la permanencia de la vicepresidencia es la amenaza institucional del presidencialismo. Tras la toma de posesión de tres vicepresidentes es inevitable equiparar los riesgos.

¿Podría haber sido diferente? ¿Fueron Sarney, Itamar (Franco) y Temer inexorables? La percepción de que lo ocurrido era inevitable es una ilusión óptica anacrónica. Toda lucha social y política es un campo de posibilidades. No todo es posible, por supuesto. Pero siempre hay en disputa, dependiendo de la relación de fuerzas entre las clases, diferentes resultados. Nada es fatal, hasta que es demasiado tarde. Los contrafactuales, la consideración de otros escenarios como hipótesis, son ejercicios legítimos.

El mandato de cinco años de Sarney entre 1985/89 no fue el único resultado imaginable de la campaña por las Directas Ya. Era posible ir más allá, si no nos hubiéramos retirado de la propuesta de huelga general cuando ya había millones de personas en las calles. La toma de posesión de Itamar en 1992 no fue inevitable. El impulso de la explosión estudiantil que culminó con actos de medio millón de personas era plausible. El impeachment de Dilma Rousseff y el mandato de Michel Temer eran el único epílogo previsible a los trece años de gobiernos de coalición liderados por el PT. Si el gobierno de Dilma no hubiera capitulado ante la presión burguesa, y aceptado la imposición de Joaquim Levy (N. del tr.: banquero, fue ministro de Economía de Dilma), por ejemplo, o si hubiera desafiado a Eduardo Cunha (N. del tr.: presidente de la Cámara de Diputados por entonces) y, desde la Presidencia, hubiera enfrentado el golpe, convocando a la clase obrera y a la juventud a las calles. Se tomaron decisiones equivocadas, se tomaron decisiones absurdas y, por tanto, tuvieron consecuencias.

Entre todos estos procesos, el más profundo e importante fue la batalla en la fase final de la lucha contra la dictadura. En 1984, al final de la campaña de Diretas Já, la mayoría de la izquierda brasileña decidió que la mejor orientación era apoyar la elección indirecta de Tancredo Neves y José Sarney en el Colegio Electoral. Se equivocaron. El PT se opuso y, por lo tanto, obtuvo la autoridad para ir con Lula a la segunda vuelta en 1989.

El proceso de las Directas fue lo suficientemente grande como para consolidar en las calles la conquista de las libertades democráticas, y derrotar al régimen. Fue la movilización de millones la que derrotó a la dictadura, pero, paradójicamente, no culminó con la caída del gobierno de Figueiredo (N. del tr.: general João Baptista de Oliveira Figueiredo).

¿Por qué fue así?

El pacto de consenso entre la dirección del PMDB y las fuerzas políticas que apoyaban la dictadura -el PDS y, sobre todo, las Fuerzas Armadas- se tradujo en una apuesta política por una solución institucional de conciliación. Este entendimiento no habría sido posible sin la movilización de masas que subvirtió el país, e impuso una nueva relación de fuerzas. El proyecto de una apertura lenta y gradual de los generales Geisel/Golbery, e incluso de Figueiredo, fue dinamitado, pero sólo parcialmente. Sus planes para una transición controlada «desde arriba» fueron subvertidos por la movilización «desde abajo”.

La dirección del PMDB estaba seriamente dividida sobre la táctica y, por tanto, sobre el objetivo de las Directas desde el principio de la campaña. Ulises Guimarães, por un lado, y Tancredo Neves, por otro, luchaban entre sí por la presidencia. Ulises quería ser candidato en las elecciones directas y Tancredo creía que sólo podía ganar en las indirectas. Por ello, Tancredo inició las negociaciones con la dirección del PDS desde antes de la movilización en Praça da Sé (N. del tr.: centro comercial y popular de Sao Paulo) del 25 de enero de 1984.

Lo que merece ser considerado excepcional en el proceso de las Directas no es que Tancredo haya conspirado con la dictadura, sino que Ulises y Montoro hayan llamado a la movilización de masas contra Figueiredo. La desconfianza en la participación popular fue el patrón de conducta política de la burguesía brasileña. Sólo la obstinación de los altos mandos de las Fuerzas Armadas en su obtusa defensa del régimen, cuando una nueva relación de fuerzas internas e internacionales lo había dejado obsoleto, podía explicar la decisión in extremis de Ulises y Montoro de resolver el conflicto apelando a la movilización de masas.

Las formas institucionales del proceso de transición de la dictadura a la democracia parecían las de una transición negociada, pero ocultaban el contenido político-histórico de lo ocurrido: el gobierno se mantuvo hasta la elección de Tancredo y Sarney por el Colegio Electoral, pero, paradójicamente, junto a Figueiredo era la dictadura la que había sido derrotada.

El análisis histórico debe reconstituir los contextos, describir los acontecimientos y explicar la grandeza y los límites de estas luchas democráticas. Lo que no debe hacer es disminuir las imponentes movilizaciones políticas de las masas populares que derrotaron una dictadura de veinte años. Porque no consiguió llevar a cabo, como quería, la transición que había previsto. No cayó derrocado por la clase dirigente que lo había apoyado. Cayó porque entraron en escena fuerzas sociales y políticas colosales -un bloque social de alianza de la clase obrera con la mayoría de la clase media y fracciones minoritarias de la burguesía- que cambiaron la relación de fuerzas que permitieron poner fin al régimen dictatorial.

He aquí la principal lección de la historia: una izquierda que no apuesta por la movilización no avanza en la lucha por el poder.

Valerio Arcary es militante de la corriente Resistencia/PSOL y columnista de Esquerda Online.

Traducción: Correspondencia de Prensa.

Fuente (de la traducción): https://correspondenciadeprensa.com/?p=22707

Fuente (del original): https://esquerdaonline.com.br/2021/12/04/a-maldicao-dos-vices/



Lula da Silva y su participación en el

acto por el día de la democracia y los 

derechos humanos en Argentina

Por Mercedes López San Miguel. Resumen Latinoamericano, 10 de diciembre de 2021.

Desde el Instituto Lula, ubicado en el barrio Ipiranga, el candidato favorito para las elecciones de octubre próximo en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo por qué decidió estar presente en los festejos por los 38 años de la recuperación de la democracia en Argentina, este viernes, donde también estará José “Pepe” Mujica.

“Para mí es un orgullo inmenso poder participar de un acto que conmemora la reconquista de la democracia después de la dictadura. Además de participar del acto y de encontrarme con sindicalistas, es un gesto de agradecimiento a Alberto Fernández por su solidaridad cuando estuve preso en Brasil” dijo a Página/12.

Las palabras del exmandatario, quien ganaría en todos los escenarios de segunda vuelta a su principal rival, Jair Bolsonaro, según un último sondeo de la consultora Quaest, anticipan la nutrida agenda que tendrá en Buenos Aires. La misma incluirá una reunión en la mañana del viernes con el Presidente Fernández en Casa Rosada. Después recibirá el premio Azucena Villaflor de parte de organismos de derechos humanos en el Museo del Bicentenario. El fundador del Partido de los Trabajadores  (PT) y exmetalúrgico, junto al expresidente Mujica, tendrán un encuentro el sábado con dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT) y de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

Instituto Lula

Desde su casa de reuniones diarias con políticos, empresarios, académicos, el líder histórico de la izquierda brasileña firmó junto a Víctor Santa María, titular del Grupo Octubre, un convenio de cooperación entre el Instituto Lula, la Fundación Octubre y la UMET, con el objetivo de fortalecer la agenda progresista de la región. Formaron parte de la comitiva la diputada nacional de Frente de Todos, Gisela Marziotta, Pablo Gentili, coordinador del Centro de Estudios y Formación del Grupo de Puebla, «Marco Aurelio García» y Nicolás Trotta, exministro de Educación.

En el Instituto Lula se podían ver fotos de distintos momentos de la carrera de Lula: una en blanco y negro arropado por sus seguidores; otra imagen junto a su fallecida esposa Marisa Leticia y el vicepresidente José Alencar, en el día que asumieron el primer mandato, el 1 de enero de 2003. Oficinas, salas de estar, y decoración con artesanías de viajes. Y gente pululando por los pasillos. En una de las salas de estar estaba Nelson Barbosa, exministro de Finanzas de Dilma Rousseff. Dijo que periódicamente el exmandatario hace reuniones de discusión sobre la economía. Es que la candidatura de Lula está en proceso de construcción, de cara a octubre del año próximo. Se encuentra conversando con el exgobernador paulista Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) la posible conformación de una alianza. 

Este miércoles se conocieron los resultados de la encuesta de la consultora Quaest, correspondientes a la primera semana de diciembre. Lula se ubica en primer lugar en todos los escenarios de primera vuelta, pero en ninguno logra el 50 por ciento necesario para evitar el ballottage. La candidatura del líder del Partido de los Trabajadores alcanza entre un 46 y un 48 por ciento según quiénes sean los demás candidatos. En uno de los escenarios en los que participan Lula, Bolsonaro y el exjuez Sergio Moro, el exmandatario obtendría 47 por ciento, el presidente ultraderechista un 24 por ciento y 11 puntos para el exjuez de la causa Lava Jato devenido en candidato «independiente».  

Una a una, fueron cayendo las causas contra Lula. El dirigente de izquierda estuvo preso 580 días en Curitiba por una causa de corrupción que juzgó Moro y fue anulada por manipulación y lawfare. Cuando el exmandatario petista ofreció su primera conferencia de prensa en marzo pasado tras la anulación de los procesos y condenas por parte del Supremo Tribunal Federal, agradeció al presidente Fernández por su apoyo en un momento crucial como era la campaña electoral de 2019. El presidente argentino visitó a Lula en prisión y denunció internacionalmente la manipulación de la justicia para actuar con fines políticos contra el líder sindical.

Con todo, Paulo Okamotto, presidente del Instituto Lula, destacó a este diario que el lugar sufrió persecuciones, en línea con la ofensiva judicial contra el exmandatario. “Nos estamos recuperando. Las consecuencias económicas fueron fuertes, fue un período difícil, cuando acusaron al Instituto Lula de no ser una organización sin fines de lucro”, dijo Okamotto, un amigo del hoy candidato presidencial desde la época del sindicato metalúrgico. 

Foto: Ricardo Stuckert

Fuente: Página 12



La grave situación del Programa de 

protección de defensores de derechos 

humanos

Resumen Latinoamericano, 10 de diciembre de 2021.

El Programa de Protección de Defensores de Derechos Humanos, Comunicadores y Ecologistas (PPDDH) se enfrenta a una grave crisis que pone en riesgo a activistas de todo Brasil. Las organizaciones enumeran los 8 ataques más grandes al programa en Brasil, que es el cuarto país en asesinatos de defensores humanos en el mundo.

¿Es esta la principal conclusión del informe Principio del fin? , lanzado este jueves 9 de diciembre por las organizaciones de derechos humanos Terra de Direitos y Justiça Global.

El trabajo apunta al desmantelamiento del programa durante el gobierno de Bolsonaro, que involucra desde la baja ejecución presupuestaria hasta la reducción de casos incluidos en el programa, pasando por la inseguridad política en la gestión y la inadecuación en términos de género, raza y clase.

Según Global Witness, Brasil ocupa el cuarto lugar en el ranking de países en los que han sido asesinados más defensores de derechos humanos, solo detrás de Colombia, México y Filipinas.

La situación es aún más dramática cuando se basa en la serie histórica de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): entre 2015 y 2019 hubo 1.323 víctimas, de las cuales 174 en el país, lo que lleva a Brasil al segundo lugar en la lista de la mayoría de países peligrosos. para defensores de derechos humanos.

La coordinadora de Justicia Global, Sandra Carvalho, ve con extrema tristeza la situación en la que se encuentra el PPDDH, que es fruto de la movilización de la sociedad civil. “Vivimos un momento muy preocupante para la militancia en defensa de los derechos humanos. Estamos ante el desmantelamiento de las políticas de protección y ataques frontales a las luchas sociales ”, dice.

Como destaca Terra de Direitos, la crisis del programa, o el “peor momento”, como define el informe, se da en un momento dramático en la defensa de los derechos humanos en el país.

Las propuestas legislativas que restringen la demarcación de tierras indígenas y permiten al sector privado explorar y apropiarse de territorios indígenas y tierras destinadas a la reforma agraria están en el Congreso, con el apoyo del gobierno federal.

Aún existen innumerables acciones y políticas que vulneran los derechos de los quilombolas, LGBTQIA +, mujeres, niños y adolescentes.

El documento enumera las ocho mayores amenazas para el programa, comenzando con una ejecución de bajo presupuesto.

Los movimientos de derecha en América Latina se analizan en un dossier; mira lo que tienen en común

Las medidas de austeridad fiscal implementadas a partir de 2016, que crearon un límite al gasto; y la elección de un gobierno claramente opuesto a las políticas públicas de derechos humanos se reflejó directamente en los fondos asignados al PPDDH.

En los últimos años, quedó clara la estrategia de asignar recursos, pero no ejecutarlos. En 2019, se pagó menos del 17% del presupuesto asignado al programa. En 2020, para un presupuesto de R $ 9.140.968,00, el gobierno liberó solo el 10,27% de ese monto.

Para Luciana Pivato, coordinadora de Terra de Direitos, la reducción del presupuesto intensifica los riesgos para los defensores de derechos humanos.

“Sin recursos no es posible mantener equipos, implementar acciones de protección en los casos existentes y mucho menos pensar en expandir los casos. La falta de presupuesto también impide la expansión de la red de protección en los estados, a través de la implementación de nuevos programas estatales ”, dice.

Otro aspecto importante que señala el estudio es el vaciamiento o extinción de consejos vinculados a la defensa de los derechos humanos, la baja institucionalización y la demora, insuficiencia e inadecuación de las medidas de protección.

En 2021, solo nueve programas estatales están completamente implementados: Bahía, Ceará, Maranhão, Minas Gerais, Pará, Paraíba, Pernambuco, Río de Janeiro y Mato Grosso.

Además, se están implementando otros dos programas estatales, en Amazonas y Rio Grande do Sul, y se están implementando dos programas regionales, en Rondônia y Mato Grosso do Sul.

La gravedad de la situación llamó la atención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Este año, la organización recomendó al Estado brasileño fortalecer, «estructural y presupuestariamente, el Programa de Protección de Defensores de Derechos Humanos, asegurando la implementación de medidas de protección efectivas y eficientes».

Creado en 2004, el Programa para la Protección de Defensores de Derechos Humanos en Brasil (PPDDH), fue creado vinculado a la entonces Secretaría Especial de Derechos Humanos, pero, hasta el día de hoy, no ha promulgado una ley federal que lo institucionalice como Estado. política.

Actualmente, como marco normativo nacional está integrado por el Decreto nº 6.044, de 12 de febrero de 2007 , que aprobó la Política Nacional para la Protección de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos; por Decreto N ° 9.937, de 24 de julio de 2019 , con redacción modificada por el Decreto N ° 10815, de 2021, que modificó la política para constituirlo como Programa de Protección a Defensores de Derechos Humanos, Comunicadores y Ambientalistas (PPDDH).

Ocho amenazas principales incluidas en el informe:

  • Ejecución de bajo presupuesto;
  • Falta de participación social y transparencia;
  • Baja institucionalización;
  • Falta de estructura y equipo para satisfacer la demanda;
  • Disminución de casos incluidos en el ámbito federal;
  • Inseguridad política en la gestión;
  • Insuficiencia en términos de género, raza y clase;
  • Retraso, insuficiencia e inadecuación de las medidas de protección.
  • Con información de Land of Rights

Fuente: BdF Rio Grande do Sul

Edición: Marcelo Ferreira

Foto: Tarcísio Nascimento

Traducción: Resumen Latinoamericano

Fuente: Brasil de Fato



Lula da Silva: «El pobre argentino 

puede recuperar su dignidad»


Por Mercedes López San Miguel, Resumen Latinoamericano, 10 de diciembre de 2021.

El precandidato presidencial habló de la negociación argentina con el FMI, de Alberto y Cristina, de Moro y Bolsonaro,  del lawfare y de su futuro casamiento.

Sentado en su despacho en el Instituto Lula, Luiz Inácio Lula da Silva recibió a PáginaI12 con un mapamundi detrás. Las relaciones internacionales, la necesidad de explicar al mundo cómo serán superados los años traumáticos del Brasil de Jair Bolsonaro, son un pilar de la estrategia de este expresidente reconocido por la reducción de la pobreza. Su lugar de trabajo en el barrio Ipiranga de San Pablo se convirtió en destino de peregrinos de la política, la academia y el arte, que lo visitan a diario. El exmandatario concedió esta entrevista horas previas a aterrizar en Buenos Aires para participar en el acto multitudinario que encabezarán Alberto Fernández y Cristina Fernández celebrando la recuperación de la democracia, hace 38 años.

El líder brasileño es consciente de los problemas de Argentina, en donde además del acto de este viernes realizará varias actividades con líderes sindicales y organismos de derechos humanos. «Alberto Fernández recibió la deuda de la presidencia de Macri y entonces el pueblo argentino va a tener que tener mucha paciencia. La pandemia hizo otro tanto, pero creo que es posible que la economía argentina se recupere, que se generen empleos y mejoren los salarios para que la gente sea más feliz».

Será clave la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Al respecto, Lula da Silva sostuvo: «esperemos que el Fondo no haga presión y llegue a un acuerdo que le permita a Argentina continuar creciendo, que permita que el pobre argentino tenga la posibilidad de recuperar su dignidad».

El candidato presidencial favorito para los comicios de octubre dijo que se va a casar el año próximo con «Janja», el apodo de su compañera Rosángela da Silva. «No es porque ella quiera. Yo necesito casarme, tengo un compromiso con ella y espero que sea antes de las elecciones». Su prometida, socióloga y militante petista, fue un gran apoyo cuando estuvo preso 580 días en la cárcel de Curitiba.

El sitio The Intercept reveló las tretas que urdieron el juez Sergio Moro y los fiscales para orquestar una condena ilegal. Al fin y al cabo, la causa Lava Jato fue anulada por el Supremo Tribunal Federal debido a la parcialidad de Moro. Al exjuez devenido en candidato Lula lo definió como «un neofascista que va a intentar mentirle a los brasileños». Moro compite por la porción electoral de Bolsonaro, a quien Lula directamente calificó de «genocida». «Brasil vive una situación que no creía que volvería a vivir, con 19 millones de personas que pasan hambre», afirmó el fundador del Partido de los Trabajadores (PT).

–En Argentina, el macrismo dejó un enorme daño social con su política económica, en Brasil sucede eso mismo con las políticas neoliberales de Paulo Guedes. ¿Qué margen tendrá un futuro gobierno en Brasil para revertir esa herencia?

–El Partido de los Trabajadores (PT) es capaz de cambiar la situación de Brasil, necesita regresar al gobierno porque sabe poner en práctica las políticas de inclusión social, de generación de empleo, para que las personas más pobres participen del presupuesto de las ciudades y de los estados brasileños. No podemos aceptar que un país del tamaño de Brasil, que fue la sexta economía del mundo en mi gobierno, hoy sea la décimo tercera; no podemos aceptar que un país que acabó con el hambre en 2012 y hoy vea que el flagelo está tan fuerte : son 19 millones de personas que no tienen qué comer. Tanto Brasil como Argentina, como Bolivia, como Chile, precisan de gobiernos progresistas que involucren a los pobres en la participación activamente de la economía, para que puedan ser consumidores y comprar cosas y accedan a la educación. Estoy convencido de que América latina puede recuperarse. Lamentablemente personas como Néstor Kirchner y Hugo Chávez murieron, otras personas fueron violentadas como Rafael Correa y Dilma Rousseff, después de la violencia de lawfare, contra mí; el golpe contra Fernando Lugo. Los gobiernos conservadores destruyeron todo lo que nosotros construimos de bienestar social de nuestros pueblos. Sé lo que el compañero Alberto Fernández está pasando, lo que significa la deuda que Macri dejó con el FMI y de la presión de éste; por eso Alberto precisa trabajar mucho para que haya un acuerdo y que el pueblo argentino no sea víctima de los neoliberales.

— ¿Qué espera de la negociación de Argentina con el FMI?

— Es posible construir un acuerdo. El FMi fue tan benevolente con los países ricos con la crisis de 2008, entonces tiene que ser muy generoso para tratar la deuda argentina. El pueblo argentino no puede ser sacrificado.

— ¿Cómo describe su relación con Cristina Fernández y Alberto Fernández?

— Mi relación con Cristina es más antigua porque yo conviví con ella desde que Néstor Kirchner fue electo presidente de Argentina, y después con ella como presidenta. Mi relación con Alberto tuvo un momento que me conmovió y fue cuando me visitó cuando yo estaba detenido en la cárcel de Curitiba. Fue un acto de generosidad y de solidaridad de Alberto. Por eso, con mucho orgullo, voy a participar del gran acto de recuperación de la democracia en Argentina, son 38 años que deben valorarse. La victoria de Alberto y de Cristina demuestra que el pueblo no puede nunca desanimarse, que es posible para la gente recuperar la democracia en la medida en que el pueblo puede participar activamente en las decisiones. Yo tengo una estima especial por Argentina porque no concibo que Brasil crezca solo; Brasil, tiene que crecer, Argentina tiene que crecer, Uruguay lo mismo, Paraguay, Bolivia porque juntos podemos ser más fuertes. Cuando llegué a la presidencia en el 2003, el intercambio comercial entre Brasil y Argentina era apenas de 7 mil millones de dólares; cuando dejé la presidencia, era de 39 mil millones de dólares, demostrando el potencial económico y de ser socios. Para mí Argentina precisa de Brasil, y es mutuo; como necesitamos del resto de Sudamérica.

— ¿Le resulta significativo que el exjuez Sergio Moro, que se presenta como candidato independiente, compita con la base electoral de Bolsonaro.?¿ Diría que son dos caras de la ultraderecha?

–Son dos personajes muy comprometidos con la ultraderecha y, en el caso de Moro, es un personaje peligroso: cuando era juez osó mentir en un proceso para condenarme y llevarme a prisión y así evitar que yo fuera electo presidente en 2018. Sigo pensando qué seriedad puede tener ese hombre para la sociedad brasileña. ¿Cuántas mentiras podrá contar a los brasileños? Entonces, yo diría que son dos extremistas, Bolsonaro es fascista y Moro es neofascista, los dos van a intentar mentirle a la sociedad todo el tiempo. Ellos van a tener que disputar entre ellos para ver quién pasa a la segunda vuelta con el PT.

— Las encuestas señalan que usted ganaría el ballottage.

— Todo indica que el PT tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones. Tenemos que actuar con seriedad porque falta tiempo para los comicios, y entonces no podemos cantar victoria antes de tiempo. El PT tiene un legado político y económico y de inclusión social extraordinario en Brasil, vamos a intentar darle a la sociedad aquello que el PT hizo de bueno en el país. Vamos a trabajar para ganar las elecciones. De los dos que compiten conmigo, Bolsonaro, por ser presidente, tiene el uso de la maquinaria gubernamental, y Moro mismo, con ayuda de sectores de los medios que hacen el sacrificio enorme para que aparezca en las noticias. No sé si se percibe en Argentina pero aquí yo soy el mayor censurado del planeta tierra. Cualquier candidato que no sea el PT, que tiene un 1 por ciento en las encuestas, aparece más en la televisión que Lula que tiene un 46 o 47 por ciento de intención de voto. Siendo yo el que ganaría en primera o segunda vuelta, según todas los sondeos, las empresas de medios priorizan a candidatos que tienen uno o dos por ciento de intención de voto. No me preocupo porque yo tengo una relación con el pueblo muy verdadera y esto va a permitr que pueda ganar las elecciones.

–A propósito, qué rol cree que tienen que tener los sindicatos en los medios, como el caso de PáginaI12, en un contexto en que las corporaciones dominan la comunicación y el periodismo ?

–Estoy muy feliz con el papel del movimiento sindical en la comunicación argentina. Aquí en Brasil creamos una televisión pública, pero no recibió la inversión necesaria y ella no es hoy respetada por el gobierno de Bolsonaro. Tenemos un canal del sindicato de metalúrgicos y de los bancarios de San Pablo. Yo defiendo que los medios sean efectivamente democráticos y que las universidades y los sindicatos puedan tener canales de comunicación para conversar con la sociedad, para informarla, sea a través de la radio, la televisión, el periódico o internet. Es fundamental que la gente entienda que los medios han tenido un rol importante en la región para derrumbar a presidentes progresistas. La prensa ha apoyado golpes en Brasil, vemos cómo los medios atacan a la compañera Cristina Fernández en Argentina. Sé del comportamiento de la prensa contra Chávez y Correa. Yo sé cómo la prensa me trató en Brasil. La gente tiene que bregar por la democratización de los medios de comunicación, lo que significa garantizar que todas las personas tengan la misma oportunidad de hablar, el derecho de responder. Es una lucha muy difícil.

–Si usted gana las elecciones, Estima que Bolsonaro podría no reconocerlo al estilo Trump ante la victoria de Biden?

–No, no creo. Lo que va a suceder en Brasil es un golpe democrático: una gran mayoría del pueblo brasileño va a rechazar a Bolsonaro y elegirá un candidato progresista. Espero ser yo. El pueblo brasileño recuerda nuestro legado. Estoy convencido de que vamos a ganar.

–En México gobierna Andrés Manuel López Obrador, en Argentina, Alberto Fernández, en Bolivia, Luis Arce; podría ganar Gabriel Boric en Chile. Considera que esta es la segunda oleada de gobiernos progresistas en la región?


–Espero que sí, porque el mejor momento económico, político y social de América latina fue exactamente en el que Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay eran gobernados por políticos progresistas, presidentes que estaban preocupados por la situación de las personas más pobres. Fue un momento fuerte de inclusión social. Por eso estoy animando a que los sectores progresistas se fortalezcan para poder gobernar nuestra querida América del Sur y América latina. Creo que los sectores progresistas pueden ganar en Chile, que nosotros tenemos muchas posibilidades en Brasil, que lo de Luis Arce fue una victoria extraordinaria para Bolivia, Perú con Castillo. El pueblo está descubriendo que, incluso con muchas dificultades, los sectores progresistas gobiernan con un mayor compromiso con el pueblo trabajador y con los pobres. Creo que América latina necesita de la oportunidad de acabar con la pobreza. Nosotros somos ricos, tenemos materias primas, profesionales calificados, tenemos mucha tierra y capacidad productiva; la única cosa que lo explica es la incompetencia de muchos gobernantes que no saben gobernar para los pobres. Alberto Fernández recibió la deuda de la presidencia de Macri y entonces el pueblo argentino va a tener que tener mucha paciencia. La pandemia hizo otro tanto, pero creo que es posible que la economía argentina se recupere, que se generen empleos y mejores salarios para que la gente sea más feliz.

— Está claro que usted buscará la integración regional. Qué expectativa tiene con el Grupo de Puebla?

— El Grupo de Puebla tiene un papel muy importante, pero pienso que si los dirigentes progresistas vuelven a gobernar nuestros países, tendrán la chance de recuperar el Mercosur, de fortalecerlo, de fortalecer la Celac. Tenemos que comprender que tenemos un potencial productivo extraordinario, por eso necesitamos construir socios para hacer buenos acuerdos con la Unión Europea, con EE.UU., con China, porque necesitamos recuperar lo perdido en tiempos de pandemia. Voy a intentar reconstruir el Mercosur y crear las condiciones para que se logren acuerdos económicos que beneficien a los pobres de la región, nos merecemos recuperar en el siglo XXI todo lo que fue socavado en el siglo XX.

–¿Vive la victoria de Xiomara Castro en Honduras como una reivindicación histórica, tras la solidaridad de su gobierno con el destituido presidente Manuel Zelaya?

— Zelaya fue víctima de un Golpe de estado y de los intereses de la elite; la elección ahora de su mujer es una recuperación. Espero que ella tenga suerte, que sea fuerte; espero que el Congreso tenga disposición de ayudarla. Porque es muy difícil si se tiene un congreso opositor, que logre la mayoría para poner en marcha las políticas sociales necesarias para sacar adelante a Honduras. En Brasil, en cambio, pasamos por situaciones muy difíciles porque tenemos un genocida que no cuidó la economía, descuidó al pueblo en la pandemia, no cuidó el crecimiento económico. Brasil vive una situación que no creía que volvería a vivir. Brasil ya estuvo mucho mejor, el pueblo brasileño necesita ser feliz.

Fuente: Pagina 12.

Envio:;RL

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