La guerra sucia
Por Gustavo Espinoza M., Resumen Latinoamericano, 24 de diciembre de 2022.
Es conocido que Dante Alighieri, en su clásica obra luego llamada “La Divina Comedia”, reservó el séptimo círculo del infierno para los violentos, para todos los que hicieron daño a los demás, mediante la fuerza. Y refiere que, dentro de ese mismo recinto, sumergía en un río de sangre hirviente y nauseabundo a un cierto número de condenados a los que describía diciendo: “Estos son los tiranos que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí lloran por sus despiadadas faltas…”.
Sería bueno que eso lo supieran los que ahora orillan la muerte, piden sangre y braman contra el pueblo a la sombra de un Estado de Emergencia dispuesto para aplacar la ira de las masas que enfrentan la insanía de la clase dominante, empeñada en destruir lo poco conquistado en los últimos 16 meses de vida nacional.
En distintas etapas de la historia hemos conocido episodios en los que se ha impuesto la guerra sucia que hoy se reinicia. Por lo general, esto ha ocurrido en el marco de una confrontación interna –la insurrección de Trujillo en 1932, o la rebelión de Arequipa, en 1950-; pero también se ha dado cuando se impuso el propósito de restaurar en el Perú el dominio oligárquico, en las últimas décadas del siglo pasado.
Para abordar esa misión, en esa circunstancia se acuñó la idea de enfrentar el terrorismo, una práctica siniestra atribuida a Sendero Luminoso, pero ejecutada muchas veces por la propia estructura del Estado; con otras acciones de terror que luego se atribuyera a los “alzados en armas” para combatirlos y escarmentarlos. Fue así cómo se diseñó la “estrategia antiterrorista”, que dejó escuela; y que hoy asoma en otras condiciones.
La teoría, parte de una formulación básica: “Estamos en guerra contra el terrorismo”. La idea central -la guerra- permite diseñar una estrategia de corte militar y una práctica concreta. Para desarrollarla se compromete a la Fuerza Armada asegurando sin embargo, que ella no puede actuar dentro de los cánones formales.
Y es que se trata de una “Guerra No Convencional”, que no está regulada por las leyes de la guerra, sino que responde a una lógica que nadie explica, porque sabe a ciencia cierta que es una lógica perversa.
Una guerra -cualquier guerra- está sometida a normas definidas y está regulada por las así llamadas “Leyes de la Guerra”, recogidas por la Convención de Ginebra. Ellas prohíben los tratos inhumanos y degradantes, el homicidio en todas sus formas, la tortura, y otras modalidades que conocimos de manera directa en ese periodo aciago de la vida nacional.
Para saltarse con garrocha todas estas limitaciones, se habla entonces de una guerra distinta, de una “guerra secreta”, contra un enemigo “no identificado” que se mimetiza en el pueblo y se pierde en el campo y que, por eso mismo, debe ser enfrentado con “métodos especiales”, también secretos. Por eso, no hay órdenes escritas, ni planes formales. Todo se basa en la disciplina castrense que dispone el cumplimiento de las órdenes sin dudas ni murmuraciones.
Cuando algunos buscan inquirir acerca de los procedimientos seguidos por “las fuerzas del orden”, la respuesta suele ser letal. Pueden asegurarlo quienes conocieron la trágica suerte de Jaime Ayala Sulca, el valeroso corresponsal de la República, secuestrado y desaparecido en Huanta, en los años 80 del siglo pasado; o el destino de Hugo Bustíos, el fotógrafo que descubriera el asesinato de los Evangelistas de Callqui en el mismo periodo. Todo está diseñado para que nadie sepa quiénes dieron las órdenes fatales, y para que esos casos, jamás lleguen al deslinde total.
El argumento formal destinado a exculpar a los autores intelectuales o materiales de esos crímenes, se esconde tras una formulación genérica: “hay que reconocer que en esta guerra, se cometieron algunos excesos” . Siempre se habrá de encontrar, incluso periodistas, que acepten con alivio esa “explicación” que no resiste el menor análisis, porque no se trata de “excesos”, sino de crímenes.
La Clase Dominante se empeña en subrayar que esa “guerra” responde a los intereses del país. Pueden presentarla incluso, como una “defensa del orden democrático”. Lo harán para obtener perdón para lo que realmente son simplemente delitos. Y no “delitos de función”, porque matar no es función de la Fuerza Armada.
Es posible que Dina Boluarte no lo sepa, pero las leyes peruanas, las disposiciones vigentes, la jurisprudencia interna y los convenios internacionales disponen que temas como estos, reúnan dos requisitos: sean vistos por la justicia civil, y tengan carácter de imprescriptibles.
Esto significa que, aunque hoy haya jueces que por temor, o complicidad, se dobleguen ante la fuerza de las armas, habrá mañana otros que pondrán cada cosa en su lugar. En otras palabras, aunque hablen de “la Patria” y de “la democracia”, finalmente nada quedará impune.
A Dina Boluarte se le puede decir mucho, pero el papel que hoy juega, es simplemente deplorable. Tuvo ante sí la posibilidad de pasar a la historia confirmando su lealtad al pueblo. Pero cambió de trinchera y se pasó al bando de los opresores.
Avalar los crímenes, considerar “insurrección terrorista” a la protesta social y pergeñar un gobierno Civil-Militar para perpetuar un modelo fracasado y en derrota , es un camino sin retorno.
Vale, entonces recordarle lo que se le dijo hace poco por las redes: “no puedes sentarte sobre las bayonetas, ni comer entre los muertos”. La Boluarte, no debe olvidar eso. La guerra sucia no paga nunca.
Vigilia por los caídos de la represión
implementada por la dictadura de
Boluarte: exigencia de justicia y parar
las masacres
Resumen Latinoamericano 24 de diciembre de 2022
«No se trata de una fría estadística de lesa humanidad, porque estamos hablando de seres con historia y sueños».
En el día viernes realizaron una ceremonia de homenaje a las personas asesinadas por las fuerzas represivas de la dictadura. Organizada por la Asociación Nacional de Familiares de secuestrados, asesinados y desaparecidos del Perú. Hablaron las madres de los asesinados y asistió un pueblo herido. Esta navidad es de dolor, de indignación y también de lucha.














Después de recibir la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con los familiares y víctimas de las represiones en las protestas en Ayacucho. Se exigieron garantías para su seguridad, justicia y atención integral para lxs heridxs.
Fueron alrededor de 40 familiares y víctimas concurrentes al espacio facilitado por el colectivo de DD.HH. de Ayacucho, todas/todos expresaron que la represión a la manifestaciones fueron sumamente violentas por parte del ejército con empleo de armas de guerra a discreción, disparando a matar, lo que refleja la muerte violenta de las víctimas y la gran cantidad de heridos. Expresaron también su reparo y desconfianza frente a las investigaciones preliminares, pues dado el contexto político imperante, temen que no haya las garantías debidas para llevar a cabo un proceso imparcial, por ello han solicitado que la CIDH controle periódicamente las investigaciones. De otro lado denunciaron los constantes actos de desinformación y campañas mediáticas contra las víctimas acusandolos de ser parte de grupos terroristas y vándalos, lo que genera un gran daño a la dignidad de las víctimas y del pueblo movilizado. Han solicitado también que el estado atienda con diligencia a los heridos graves, pues muchos de ellos fueron alcanzados por proyectiles y se encuentran en estado crítico, otros no cuentan con los recursos para afrontar su recuperación»_@AprodehAyacucho.
Mientras la criminal Boluarte apela
al cinismo, el pueblo de Ayacucho
entierra a otro joven asesinado
Por Wilber Huacasi, Resumen Latinoamericano, 24 de diciembre de 2022.
Dina Boluarte a los peruanos: “No es fácil para mí decirle a cada uno de ustedes ‘feliz Navidad’”
«Cuánto hubiera querido empezar este gobierno de transición sin esa violencia, y sin esas pérdidas humanas que me duelen en el corazón. Reitero a las familias mis condolencias. Cuánto hubiera querido que no suceda esta situación de violencia que duele en el corazón”, expresó la usurpadora en su «mensaje de Navidad». Tarde o temprano deberá ser juzgada por los masacrados por la policía y los militares. Son crímenes de lesa humanidad, y esos no prescriben.
Comunidad despide a Jhonatan Alarcón, décima víctima de la represión en Ayacucho
Exigen justicia. Jhonatan Alarcón Galindo (19 años) recibió un disparo por la espalda. Durante seis días permaneció en cuidados intensivos, pero falleció el miércoles. La familia pide apoyo de la comunidad internacional ante desidia del Estado peruano.
Protesta. La comunidad en pleno expresó arengas contra la presidenta Dina Boluarte, por el estado de emergencia que dio lugar a la represión y la muerte de diez personas en Ayacucho. Foto: Wilber Huacasi/La República
Una llamada del hospital. Tres y media de la madrugada. La voz de un médico dio aviso del fallecimiento. Seis días había resistido a los graves daños generados por la bala que lo alcanzó por la espalda. Seis días en la unidad de cuidados intensivos. Pereció el miércoles: Jhonatan Alarcón Galindo, de 19 años, la décima víctima de la represión militar en el paro de Ayacucho.
Fue su padre, Alfredo Alarcón Garamendi, quien recibió la comunicación trágica.
Su hijo Jhonatan había llegado a Ayacucho el sábado 10 de diciembre. Iba a cobrar por un trabajo y había decidido quedarse por unos días más para hacer compras antes de retornar a su comunidad.
Su estadía coincidió con la convocatoria del paro del 15 de diciembre y decidió participar, por compartir el rechazo hacia el Congreso de la República y la presidenta Dina Boluarte.
Algunos grupos se propusieron tomar la pista del aeropuerto, en cuyo interior estaban instalados los militares, quienes hicieron uso de sus armamentos para evitar tal propósito.
Sin embargo, el personal militar decidió salir a exteriores del aeropuerto para perseguir a los grupos con disparos.
Fue así que Jhonatan Alarcón Galindo cayó por un disparo, en la esquina del grifo Primax, en inmediaciones de la avenida del Ejército y el conocido pasaje Amancaes.

La bala le alcanzó por la espalda, a la altura de la cadera. Y así consta en los resultados del análisis que hizo el Instituto de Medicina Legal: murió “por recibir proyectil de arma de fuego, lo que le causó daño a nivel abdominal”. Además, tuvo serias afectaciones en los huesos ilíaco y sacro.
A más de una hora de Ayacucho, los familiares y la comunidad de Llachoccmayo lo despidieron ayer, en el cementerio de Minascucho. Cantos religiosos en quechua. Cantos en arpa y violín. Y la despedida en un cementerio cercado por piedras.
El camino de la justicia
Luzmila Alarcón, tía de la víctima, expresó el dolor de la familia por lo ocurrido: “Ha sido muy duro todo. No solamente por el tema del duelo, sino también porque no hay justicia. Vamos a ir hasta el último, para encontrar justicia por Jhonatan”.

También lamentó el desempeño del gobierno de Dina Boluarte, que optó por la represión frente a las protestas. “No es posible que este gobierno haya mandado a disparar a todos nuestros hermanos que han fallecido y todavía siguen heridos. No es posible que haya mandado a matar como ovejas y uno de ellos es mi sobrino”, protestó.
“Esto no queda acá. Tiene que haber justicia. Las personas tienen que hacerse responsables por la muerte de mi sobrino”, insistió.
Dada la desidia de las autoridades peruanas, Luzmila Alarcón se dirigió a la comunidad internacional para exigir solidaridad y todo el apoyo para alcanzar justicia.
“Que la comunidad internacional se involucre, que haga las investigaciones necesarias para encontrar a los responsables y que paguen; ya que la justicia en el Perú no existe para nosotros, los campesinos”, reclamó.
Jhonatan Alarcón Galindo es la décima víctima de Ayacucho. Perdió la vida, al igual que Josué Sañudo Quispe (31), Jhon Jennry Mendoza Huarancca (34), Raúl García Gallo (35), Clemer Rojas García (22), Luis Miguel Urbano Sacsara (22), Edgar Prado Arango (51), José Luis Aguilar Yucra (20) y Leonardo Hancco Chacca (32).
Todos fallecidos por impacto de proyectil de arma de fuego, en medio de la represión del ejército peruano.
Desde el Congreso, hasta el momento, ha sido muy débil el interés hacia los fallecidos del estado de emergencia.
Hay cuatro mociones con el pedido de crear una comisión investigadora para esclarecer todas las muertes del estado de emergencia. Pero la mayoría parlamentaria, que ahora está más cerca de Dina Boluarte, ha evidenciado poco interés en los fallecidos de una crisis política que ellos generaron.
Restablecen importante vía del Cusco bloqueada por protestas

Protestas en la Plaza de Armas de Cusco, Perú; exigen el cierre del Congreso y la inmediata realización de elecciones. Foto AfpAuto-Lectura
Lima. El gobierno peruano anunció el restablecimiento del tránsito en una vía clave para el transporte minero en la región andina del Cusco, que había sido bloqueada por protestas políticas.
El ministro de Energía y Minas, Óscar Vera, dijo la tarde del viernes que se normalizaba el tránsito en el llamado corredor minero del sur tras encabezar en esa ciudad una reunión con organizaciones sociales y gremiales locales.
«Invoco a que las acciones de reclamos se transformen en diálogo, que permitan viabilizar los proyectos que necesita Cusco», dijo el ministro citado en una nota divulgada en la página del gobierno peruano.
El corredor es clave para algunas minas importantes, entre ellas Las Bambas, que inició sus faenas en 2016 y ha sufrido bloqueos en ese tramo por más de medio millar de días, debido a protestas de comunidades vecinas que piden mas beneficios por la explotación de los recursos.
Manifestantes han bloqueado vías como parte de las protestas contra el gobierno en repudio a la presidenta Dina Boluarte, quien asumió al poder tras la destitución de su antecesor Pedro Castillo.
Envio:ResumenLatinoamericano



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