15 de octubre de 2012

ESTADOS UNIDOS Y EL ASESINATO DEL CHE.


ESTADOS UNIDOS Y EL ASESINATO DEL CHE 
por Froilán González y Adys Cupull/Comitéinternacional por la Libertad de los Cinco
Viernes, 12 de Octubre de 2012 

Cometido el crimen y ante la repulsa mundial, el gobierno de Estados Unidos y la CIA, su aparato de manipulación y sus incondicionales servidores han tratado de hacerles creer a la opinión pública que fue una decisión de los militares bolivianos y que ellos nada tuvieron que ver con el crimen.
 Han pasado cuarenta y cinco años del asesinato del comandante Ernesto Che Guevara, del peruano Juan Pablo Chang-Navarro Lébano, el Chino, el boliviano Simeón Cuba Sanabria, Willy, la muerte a causa de graves heridas en el combate de la Quebrada del Yuro del cubano Alberto Fernández Montes de Oca, Pacho o Pachungo, y del traslado de los cadáveres de los cubanos René Martínez Tamayo, Arturo, Orlando Pantoja Tamayo, Antonio u Olo, y del boliviano Aniceto Reynaga Gordillo, Aniceto, pero  informaciones obtenidas por su hermano Modesto aclaran que fue herido en la Quebrada del Yuro y asesinado en La Higuera el día 9 de octubre..
Cometido el crimen y ante la repulsa mundial, el gobierno de Estados Unidos y la CIA,  su aparato de manipulación y sus incondicionales servidores  han tratado de  hacerles creer a la opinión pública que fue una decisión de los militares bolivianos y que ellos nada tuvieron que ver con el crimen.
Las investigaciones históricas demuestran que el 8 de octubre de 1967 en la ciudad de La Paz, aproximadamente a las seis de la tarde, se efectuó una reunión entre los generales René Barrientos, Alfredo Ovando y Juan José Torres, con el propósito de analizar los mensajes recibidos desde La Higuera y Vallegrande; ellos no sabían qué hacer y no se tomó ninguna decisión. Solo se evaluaron los acontecimientos y las informaciones obtenidas hasta ese momento y solicitaron que las mismas se ampliaran, así como conocer nuevos detalles de lo que estaba pasando.
       Barrientos se dirigió a la residencia del embajador norteamericano y desde allí se comunicaron con Washington. A las nueve de la noche fue interrumpido para entregarle un mensaje desde Vallegrande, donde le solicitaron instrucciones de cómo proceder con los prisioneros, pero él no tenía aún decidido qué hacer y la respuesta fue que debían mantenerlos vivos hasta esperar nuevas instrucciones.
   Aproximadamente a las once de la noche, el presidente boliviano, a través de Douglas Henderson, embajador norteamericano en Bolivia, recibió un mensaje desde Washington, donde indicaron que el Che debía ser eliminado.
           La decisión de asesinar al Che estaba tomada en Washington desde 1960. Después del fracaso de la invasión por Playa Girón, asumió la jefatura de la CIA Richard Helms, quien continuó el Proyecto Cuba, que contemplaba el asesinato de Fidel, Raúl y el Che, y la imposición, mediante la fuerza militar, de un gobierno en La Habana afín con los intereses de Estados Unidos. Ellos aseguraban, sistemáticamente, que la Revolución Cubana sería derrotada en cuestión de meses. Dentro de sus planes se propusieron eliminar a sus principales líderes.
           En 1962 se creó en Washington un grupo especial ampliado, integrado por George Mc Bundy, asesor presidencial sobre Seguridad Nacional; Alexis Johnson, por el Departamento de Estado; Roswell Gillpatrick, por el Pentágono; John Mc Cone, por la CIA, y Lyman Lemnitzer, por el Estado Mayor Conjunto. Todos tenían la misión de dar cumplimiento al Proyecto Cuba.
           El 19 de enero de 1962 se reunieron en las oficinas del Secretario de Justicia norteamericano, donde se les informó que el asunto de Cuba tenía la primera prioridad para el gobierno de Estados Unidos y debía resolverse sin economizar tiempo, dinero, esfuerzo ni recursos humanos.
       En el encuentro también se aprobaron varias acciones encaminadas a destruir la Revolución Cubana y, en especial, la eliminación física de sus dirigentes.
       Por ello, cuando se recibió en la capital norteamericana la información de que el comandante Ernesto Che Guevara se encontraba prisionero y herido en la escuelita de La Higuera, no fue necesario discutirlo. La CIA, el Departamento de Estado, el Pentágono y el Presidente norteamericano tenían tomada la decisión desde mucho antes.
       La decisión de eliminar a Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara y otros dirigentes de la Revolución Cubana fue adoptada durante el mandato del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, y se mantuvo en los planes de la CIA durante las administraciones de John F. Kennedy (1961 a 1963) y su sucesor Lyndon B. Johnson (1963 a 1969). La participación de la CIA en planes y asesinatos políticos de dirigentes extranjeros fue reconocida en la investigación congresional encabezada por el senador Frank Church en 1975.
        Ninguna  persona sensata puede creer que si el gobierno de los Estados Unidos, la embajada norteamericana en La Paz o la CIA querían al Che vivo para interrogarlo, llevarlo a una base militar en Panamá o lo que estimaran conveniente, como sostienen desde 1997, alguien en Bolivia se hubiera atrevido a matarlo.
     Pensar que fue una decisión enteramente boliviana es desconocer la realidad del país andino en aquellos años y el papel de la CIA y de la embajada de Estados Unidos en los países de América Latina. Es como decir que la Operación Cóndor es una ficción y que Estados Unidos no tiene nada que ver con los crímenes, secuestros, desaparecidos y torturados en esa etapa de la historia de América Latina. Sería como afirmar dentro de 20 años que la invasión, los crímenes y torturas en Afganistán, Iraq, Libia, Palestina o en la ilegal Base Naval de Guantánamo es un invento de los revolucionarios y fue decisión de los militares locales, sin que Washington tuviera participación. Es como sostener que las cárceles secretas de la CIA o los vuelos con prisioneros utilizando aeropuertos europeos es una falsedad.
     El Che y los asesinados en La Higuera no fueron una excepción en la ola de represión, crímenes y desaparecidos que se vivieron en esos años y constituye un deber ético señalar a los  culpables, cómplices, encubridores, manipuladores, tergiversadores  y justificadores.  Ese sería un homenaje más, en el cual muchos honestos militares bolivianos estarían del lado de la verdad y la justicia, porque a partir de los acontecimientos de la guerrilla, dentro de las fuerzas armadas de Bolivia se generó una corriente de toma de conciencia sobre las realidades de su país y el sometimiento a Estados Unidos.
      En ocasión del XX aniversario del asesinato del Che se organizaron varios homenajes en ese país, que fueron criticados acremente por un diputado reaccionario. Le respondió públicamente el capitán de corbeta Jaime Paredes Sempértegui, con cédula de identidad 2015115, quien después de considerar al Che como a un héroe, le preguntó al diputado:
“1. ¿Sabía usted que en la campaña del Chaco después del cerco de Boquerón nuestros ‘Enemigos Paraguayos’ recibieron como a verdaderos héroes y les rindieron homenaje como a tales al Gral. Marzana y los pocos hombres que resistieron el cerco? Algunos de ellos viven aún, pregúnteles si en nuestro propio país les rendimos ese tipo de homenajes.
”2. ¿Sabía usted quiénes fueron los que nos entregaron la urna con las cenizas del Coronel Eduardo Abaroa que descansan en la Iglesia de San Francisco? Nada más ni nada menos que nuestros ‘Enemigos Chilenos’ con la siguiente frase en letras de bronce ‘Homenaje del Ejército de Chile al héroe de Calama Don Eduardo Abaroa’.
”Honorable Diputado: Por estos hechos y actos históricos tanto Fuerzas Enemigas como amigas tributan homenajes de respeto a los héroes cuando son considerados como tales.
”Finalmente debe usted saber que la guerra no es cuestión privativa de los soldados. A lo largo de la historia, siempre la guerra ha afectado a la vida civil, y en los tiempos modernos, la Suprema dirección de la guerra ha venido a ser incumbencia de los políticos, que son civiles y no militares, por otra parte, en la guerra total, la industria y las energías civiles quedan absorbidas en el esfuerzo bélico.
”Por estas razones, la historia Militar es inseparable del contexto histórico general y vale la pena que todo el mundo tanto civiles como miembros de las Fuerzas Armadas estudien la historia de las guerras.
”En base a estas simples consideraciones creo personalmente que el ‘Che’ merece ser respetado como el ‘Comandante de América’.”
 

El traductor 

por Nuria Barbosa León
Miércoles, 10 de Octubre de 2012 15:31


El congolés Freddy Ilanga Yaité, bastante joven en la década del 60, participó en las guerrillas africanas con la aspiración de independizar a su país de la metrópoli francesa. 
Le llamó la atención la piel blanca del jefe, los ojos muy negros en contraste con su cabello de igual color, el acento latino, las historias de otro continente, el andar con una boquilla de mate entre las manos y el desafío al asma constante.
Freddy aprendió algo del idioma español y por eso lo designaron como el traductor. Lamenta no haber confiado más en el Jefe desde el inicio, pero en su niñez y juventud aprendió que los hombres blancos llegaron a África a saquear, invadir territorios, dividir tribus, desterrar familias, perseguir, matar y asesinar con el propósito de acumular riquezas con lo valioso del continente negro.
Sentía un gran respeto por el Jefe, todos los miembros del grupo acataban sus órdenes sin miramiento alguno y hablaban de él con honor y admiración.
Una noche se avecinaba una tormenta, la orden fue proteger todos los equipos, armas, medicinas y que cada cual hiciera su trinchera con los medios a su alcance.
Fredy no tenía otra protección que sus propias ropas, ni siquiera un nylon o una sábana por lo que se enroscó en la tierra cerca de unos arbustos, en medio de la oscuridad rezando a sus ancestros y recordando una cena familiar.
Escuchó un ruido, como de unas pisadas, su reacción fue encorvarse más para no ser visto, entonces una voz en español le dijo:
--¡Soldado! Diríjase a la jefatura y recuéstese en mi cama.
Reconoció inmediatamente al jefe y la orden fue cumplida al instante. Penetró entre los arbustos que hacían función de casa, en breves minutos se echó en el rústico mueble que sólo poseía algunas telas como colchón, sintió calor y quedó dormido al instante.
Al despertar, al otro extremo de la cama, sintió la respiración asmática de  aquel hombre que luego de su recorrido por todas las posiciones de la tropa, durmió algunas horas compartiendo con un subordinado su única prenda valiosa, una frazada.
Del Che, además, conservó el grato recuerdo de influir en la decisión de estudiar en Cuba, convertirse hasta su muerte en el año 2005 en Especialista en 1er Grado en Neurocirugía Pediátrica y trabajar  durante toda su vida en el habanero Hospital Infantil “Pedro Borras Astorga”.
Anécdota narrada por el Dr. Hiram Sánchez Bared.
Nuria Barbosa León, periodista de Granma Internacional y Radio Habana Cuba
 

Murió el traductor de swuahili del Che: Los sueños de Ilunga 

por Cubadebate
Miércoles, 10 de Octubre de 2012 


Quería juntar, a golpe de donaciones de todo el mundo, el dinero y los esfuerzos suficientes para levantar el Faro de Tatu, en el corazón mismo de África, como símbolo de la luz que Che y Cuba le aportaron a su continente.
Fue el Che Guevara quien lo trajo a nuestro país. Con solo 16 años, Ilunga había sido su traductor de swuahili en el Congo.
Hace solo unos días, murió en La Habana, con la misma discreción con que vivió, el doctor Freddy Ilanga Yaité.  Ilunga le llamaban sus compañeros de lucha y los muchos  amigos ganados por su alma universal vertida dentro de una figura de güije  de las selvas africanas con su gesto travieso, la mirada aguda y el torrente de palabras sabias.
Fue el Che Guevara quien lo trajo a Cuba. Con solo 16 años, Ilunga había sido su traductor de swuahili, en aquellos días terribles y aleccionadores que cerraron con amarga frustración el Diario de Campaña del Congo y dejaron una huella tremenda en la memoria del adolescente africano:
“Hace 37 años -recordaba Freddy- conocí a un hombre blanco, de mirada penetrante, que infundía respeto. Fue presentado a los congoleses como Tatu, que en swuahili significa número tres. Había escuchado ese nombre con anterioridad cuando Mitudidi Leonard, nuestro jefe de Estado Mayor, hablaba con el Comandante de la base de Luluabourg, recomendando  que lo cuidara, porque estaba enfermo, y al percatarse de que escuché el misterioso nombre, amenazó con fusilarme si no guardaba el secreto.  A los tres días, Mitudidi me llamó para la tarea de profesor y traductor del famoso Tatu y la noticia estalló como una bomba de tiempo en mi cerebro. Después de la advertencia de Mitudidi, experimentaba temor sólo de  escuchar cuando se pronunciaba al  Tatu por cualquier indiscreción ajena.
“Al inicio del encuentro  rechacé su persona, porque me pareció un blanco engreído e irónico, por su mirada. A sólo tres años y 10 meses de la independencia, todavía entre los congoleses el blanco era considerado superior al negro, por la colonización inhumana y brutal, durante casi 80 años, y como enemigo por los actos de barbarie contra la indefensa población, durante la guerra. Ahora, además,  la identidad de este blanco podía costarme la vida.
“Se le notaba también cierta diferencia de carácter en relación con sus compatriotas; se  dedicaba intensamente a la lectura y no participaba en las bromas que solían hacer los demás en el tiempo de inactividad. A pesar de la frontera entre el dialecto cubano y el congolés, los otros se veían alegres y platicaban entre sí, mientras el médico traductor se refugiaba en sus libros fumando tabaco.”
Los intrincados y fabulosos caminos que siguió aquel  complicado encuentro están narrados de un modo muy singular en “Traduciendo a Tatu”, un artículo especialmente escrito por Ilunga para el número 153 de la revista Tricontinental. No están en esas líneas ciertas anécdotas indispensables como la decisión del jefe guerrillero de darle cobija en su camastro al traductor que dormía en el piso, o los modos en que compartieron el entrenamiento, la escasez, el caos o el frío…pero no hacen falta ni eran el objetivo de su análisis. Freddy estaba obsesionado con una sola y fundamental idea: explicar desde su punto de vista, en qué consiste el ideal guevariano de  lo nuevo.
“Hoy lo difícil-dijo-  es explicar el giro completo de mi apreciación inicial hasta llegar a sentirme como el familiar más allegado, sin que Tatu cambiara en su conducta  hacia mí.
“Sin dudas, con su pedagogía de educar con el ejemplo, me fue inculcando de manera inconsciente ideas que terminé tomando como propias. Él  me ayudó a borrar el  accidente geográfico en el que abordé el tren de la vida, el egoísmo étnico y nacional; y me enseñó mi pertenencia al planeta mal llamado Tierra, si tenemos en cuenta que mejor le correspondería el nombre de Agua, debido a su abundancia con relación a la parte terrestre.
“Los  gestos de Tatu fueron mensajes educativos de un padre al hijo, tanto que, en la actualidad, ante diversas dificultades, es el libro de consulta quien me ayuda a vencer las ataduras que se imponen para ser y sentirme hombre libre en un mundo libre.
“Nosotros es el vocablo que he predeterminado en mi vida; pero hoy regresaré al “yoísmo” para responsabilizarme de estas reflexiones.
“El humano, cuando no está seguro en sus convicciones, siempre hace una salvedad en su planteamiento: “Como dijo fulano” y menciona a un dirigente o a héroes queridos y respetados. Si la idea es equívoca, ya él salvó su responsabilidad. Pero cuando uno está convencido, las ideas se convierten en propias. Es como si  cada vez que un matemático utiliza una ecuación mencionara a su descubridor, mientras que el convencido la toma como  de su propia creación.  Así he tomado yo las ideas de Tatu:
“El ser humano es egoísta por naturaleza, por instinto de conservación, pero ese instinto debe tener un límite: cuando lo sobrepasa para monopolizar a la especie humana. Para que se supere este mal, necesitaremos muchos años luz y borrar de la subconciencia el lugar donde nacimos, porque el espacio de la galaxia que ocupamos es apenas una molécula de la nación Tierra.
“Por lo tanto somos nacionales del mundo. Eso significa sentir que el mundo en que vivimos nos pertenece y con derecho a defenderlo, por el bien común,  de todo lo que perturba el equilibrio de sus habitantes: hambre, enfermedades, miseria e injusticia, que llevan a las desigualdades. Cumplir deberes y derechos como ciudadanos del mundo,  sin diferencia de color de la piel, sexo, religión… nos permite defender a la humanidad en cualquier región del planeta y sentir que no somos extranjeros en ninguna parte del universo.
“El reconocimiento del papel protagónico del hombre y del poder nuevo en la transformación de la sociedad en construcción es la versión humanista del materialismo histórico. No son las leyes económicas objetivas las que transforman la sociedad, sino la acción consciente y organizada de las personas y del pueblo nuevo. La opresión es un factor que identifica el sistema económico, por consiguiente, el cambio de la sociedad es esencialmente ético, de las personas.
“Ideas, valores éticos y políticos, sentimientos, son opciones irreductibles a factores biológicos. Es un amor por los oprimidos que asume formas cada vez más concretas y comprometidas, terminando por  identificarnos con todos los oprimidos del mundo.
“Reflexionar sobre el hombre nuevo permite afirmar que un verdadero humanista está guiado por grandes sentimientos, es imposible pensar a un humano auténtico sin esta cualidad. La vanguardia debe educar a los pueblos en ese sentimiento para la causa justa. La vocación de educar para la libertad es esencial  en el hombre nuevo, es arma de triunfo liberadora, que va instaurando sus condiciones materiales de posibilidad. Un proceso consciente, generador de una persona y de un pueblo nuevo, hombre nuevo de la nueva sociedad. Es imposible lograrlo si el hombre mantiene mentalidad egoísta, competitiva o  servil.
“Aún en el interior del socialismo, la lucha debe continuar contra el autoritarismo, el burocratismo, el seguidismo ideológico, el servilismo, el economicismo y contra todas las desviaciones que impiden la realización de una sociedad protagonizada enteramente por el pueblo.
“En el sentido ético-político, no son el  hombre y la mujer o el pueblo como tales, capaces de cambiar la historia, sino el hombre y la mujer y el pueblo nuevos; la eficacia objetiva de la violencia revolucionaria es nada sin el apoyo del pueblo. La invencibilidad de la guerrilla surge de la invencibilidad del pueblo. El optimismo revolucionario descansa en la certeza de que es posible cambiar la naturaleza egoísta del hombre con el esfuerzo incansable por educar sus capacidades.
“El sacrificio de Tatu me indicó el camino hacia la comprensión de que  el mundo es bello, sólo hay que luchar para humanizar a su inquilino contra el egoísmo. Su  pregón con ejemplos es el faro que indica el camino. En busca de la justicia y formación del hombre nuevo en un mundo nuevo al sur del  Sahara, su valerosa vida dejó la enseñanza de que se puede crear un modelo alternativo de desarrollo, que asegure formar un hombre nuevo del siglo XXI en África.”([1])
Ilunga estudió en Cuba hasta convertirse en un respetado neurocirujano pediatra, que al final de su vida padeció los mismos males que atendía en los niños, pero incluso bajo las más agudas crisis de neuropatía o de diabetes, que también sufrió, mantenía una intensa vida política, como apasionado representante de África, “pariente cercano del Che por cuenta del Congo” y en años más recientes, como luchador de vanguardia por la causa de los Cinco cubanos presos en cárceles del imperio.
Al momento de morir, el Dr. Ilunga trabajaba con ardor y entusiasmo, saltando burocracias y obstáculos de todo tipo, en tres objetivos hermosísimos: soñaba con juntar, a golpe de donaciones de todo el mundo, el dinero y los esfuerzos suficientes para levantar el Faro de Tatu, en el corazón mismo de África, como símbolo de la luz que Che y Cuba le aportaron a su continente; quería hacer un directorio con todos los africanos que cursaron cualquier tipo de estudios en Cuba y armar con ellos el más grande y fuerte grupo de solidaridad mundial con nuestro país y,  desde ese mismo propósito, confiaba en poder llevar a todas las naciones de África la batalla por la libertad de los Cinco, haciéndoles saber que tres de ellos -René, Gerardo y Fernando-  arriesgaron sus vidas en el combate por la independencia de Angola y Namibia y por el fin del apartheid.
No pude asistir a los funerales de Ilunga, apenas alcancé a ver a una mujer que lloraba a la salida del cementerio sin reparar en la lluvia que comenzaba a caer en la mañana fría en que lo enterraron casi antes de la hora prevista, en el cementerio de Colón. Nos abrazamos sin habernos saludado nunca antes y ella me explicó que tuvo un esposo compatriota de él y un hijo que había regresado a aquellas tierras. Enseguida pensé: es un nacional del mundo. Como aquel adolescente africano que tradujo por primera vez al Che sin comprenderlo totalmente y después de comprenderlo dedicó el resto de su vida a enseñarle a otros la esencia fundamental de su pensamiento.
Hay razones para creer que un día se juntarán todos los esfuerzos para que el Faro de Tatu alumbre el corazón de África y se realicen todos los sueños de Ilunga.
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[1] El número 153 de la revista Tricontinental está agotado en español, no así la edición en inglés que puede adquirirse en la sede de la OSPAAAL, en C 668, esquina  a 29, en el Vedado, Ciudad de La Habana. También puede leerse en ambos idiomas en el sitio www.tricontinental.cubaweb.cu.

"No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y, si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aún, se retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de construcción del socialismo"
 
 Comandante Ernesto Che Guevara
Argel, 24 de febrero de 1965

Las relaciones entre el pensamiento económico y la totalidad del proyecto y el pensamiento revolucionarios


Prólogo a "Ernesto Che Guevara, hombre y sociedad. El pensamiento económico del Che" de Carlos Tablada

En medio del proceso de rectificación de errores y profundización de la lucha por el socialismo en Cuba aparece, en buena hora, este libro sobre el pensamiento económico del Che. La herencia de los grandes revolucionarios, a diferencia de los grandes burgueses, puede dividirse cada vez entre más personas y pueblos, crece incluso en silencio, se multiplica en las experiencias de las luchas de los pueblos; además, no puede ser dilapidada. Y la herencia del Che tiene todas esas características. Por eso la divulgación y los estudios sobre su pensamiento resultan tan necesarios y tan importantes en la actualidad.

Caído de manera tan expresiva de su grandeza, tan palpable, en medio de una etapa en que las rebeldías radicales golpeaban los escombros coloniales, las fortalezas neocoloniales y las formas tradicionales de dominación al interior de las sociedades capitalistas desarrolladas, el Che tuvo un duelo resonante. A diferencia de otros revolucionarios ilustres, a sus enemigos les fue muy difícil denostarlo de inmediato, mientras multitudes lo lloraban con rabia y decisión. Pocos años después, todas las formas de contrarrevolución mundial pasaron a sepultar a este hombre tan peligroso en el olvido imprescindible para salvaguardar sus intereses, utilizando toda la gama de medios que dominan (no hay que subestimar, por ejemplo, el poder que tienen los “modernos” medios de comunicación para multiplicar y orientar, además de sus informaciones, la confusión y el olvido).

El Che se ha mantenido vivo de otro modo. Los vencedores de Vietnam, los combatientes del Cono Sur, el Frente Sandinista, las guerrillas del Salvador y Guatemala, lo han levantado en las banderas de los triunfos o lo han dejado de rescoldo para renovar hogueras. Y su pueblo cubano ha sido capaz de continuar su senda y sus ideales, de convertir sus guerrillas en grandes destacamentos internacionalistas, levantar centenares de escuelas de estudio y trabajo por todo el país, luchar por la economía y creer en el comunismo, encomendar su utopía y sus niños al Che cada mañana, siempre guiado por el que fue su guía desde los días del Granma, por Fidel.

No ha habido entre nosotros, sin embargo, estudios serios del pensamiento del Che, ausencia que está inscrita en un cuadro de gran insuficiencia del desarrollo de los estudios sociales que deberemos todavía explicarnos a la luz del propio proceso de rectificación. Carlos Tablada resulta entonces providencial con su estudio del pensamiento económico del Che, ahora que Fidel plantea una y otra vez la necesidad ineludible de repensar toda nuestra actividad económica y el conjunto de nuestras concepciones, de tener nuestra interpretación de las ideas revolucionarias.

Engañosamente providencial: durante dieciocho años (la mitad de su vida) Tablada ha dedicado algunas etapas e innumerables ratos libres en estudios del Che. En su bibliografía puede advertirse el manejo de centenares de escritos, intervenciones, entrevistas del Che —una gran parte de ellos espera su edición— que ha sometido a escrupuloso análisis. Tablada estudió a fondo el pensamiento de Fidel, el proceso de la economía y de la Revolución cubanas en sus diversos campos, los criterios más de una vez polémicos de protagonistas, actores y estudiosos. Marx, Engels y Lenin, las experiencias y las posiciones de los países socialistas, son elementos de la mayor importancia en su reflexión acerca del pensamiento del Che, y también en ellos lo mira o lo contrasta, sobre todo con ayuda de ese monumento mayor del pensamiento acerca de la transición al socialismo y al comunismo que es el leninismo. 

No intentaré aquí valorar en detalle lo que este libro aporta, ni la pasión y la prolijidad con que a la vez trata de divulgar el pensamiento económico del Che. Solo trataré por mi parte de referirme brevemente a una cuestión que es clave, tanto para Tablada como para los revolucionarios marxistas-leninistas, la de las relaciones entre el pensamiento económico y la totalidad del proyecto y el pensamiento revolucionarios.

Que economía y política son campos específicos de la realidad y del conocimiento social, que se distinguen y se relacionan entre sí, y que su interacción es indispensable para entenderlas a ambas, son logros que debemos al pensamiento europeo que, con extraordinaria riqueza, acompañó al largo, difícil y colosal proceso social que culminó en el triunfo del capitalismo. Las clases sociales que la economía define y las luchas entre ellas, las motivaciones del individuo ante la economía, fueron temas también desarrollados ya antes de Marx. ¿Cómo se distribuye la riqueza?, inquiere la economía clásica; ¿por qué la sociedad es tan injusta?, preguntan los pensadores radicales. 

Las respuestas van formando un campo teórico muy relacionado con las revoluciones burguesas, su institucionalización y las primeras explosiones revolucionarias proletarias.

Perfeccionar o destruir es la disyuntiva planteada desde temprano ante las contradicciones del capitalismo: libertad y miseria, producción masiva y lucro, mercado generalizado e individualismo, democracia y represión, progreso y egoísmo. En las condiciones europeas del siglo xix, Marx produjo sin embargo un pensamiento social revolucionario que trascendió decisivamente a su circunstancia. Junto al conocimiento del modo de producción capitalista, Marx aportó las bases para comprender la producción condicionada del pensamiento social en el capitalismo, y la capacidad de este para integrar las disyuntivas sociales dentro del campo de la reproducción de su dominación.

La revolución proletaria, y no la crítica, será la transformadora, planteó una y otra vez desde sus veinticinco años hasta su muerte. Esta subversión con la práctica revolucionaria deberá ser preparada, organizada y profundizada con la ayuda de la teoría. La crítica de la economía política, como llamó de un modo a otro a la mayoría de sus textos más teóricos, no puede circunscribirse al terreno de la economía política. El destino de la teoría marxista será ampliar y profundizar paulatinamente su objeto, primero para lograr conocer lo esencial de la condición dominada y la reproducción de la dominación; después, y a partir de la conquista del poder político, para dirigir un proceso cada vez más consciente de transición socialista que vaya constituyendo una nueva cultura diferente y opuesta a la del capitalismo, que llene progresivamente de un nuevo sentido a la existencia individual y a las relaciones sociales. 

El esbozo realizado por Marx de la transición del capitalismo al comunismo parte del centro mismo de su concepción acerca de que es efectivamente lo esencial del capitalismo. Medio siglo después de la publicación del primer tomo de El capital (1867) y de la escritura de la Crítica del Programa de Gotha (1875, ocultada por sus destinatarios), se puso a la orden del día la cuestión de la transición socialista, gracias a la Revolución de Octubre, la sobrevivencia de Rusia Soviética y la formación de la URSS. 

Un maravilloso debate se produjo entonces. ¿Cómo debe ser la transición?, ¿cómo es posible la transición?, se preguntaron Lenin y los Bolcheviques. Cómo asir el eslabón fundamental en este nuevo escenario, qué grado de tensión, qué combinación ha de existir entre “lo que debe ser” y “lo posible”, qué vía y qué métodos son los correctos en cada etapa o situación discernible. Las increíbles vicisitudes de los primeros años del poder soviético fueron la causa y el marco de aquel debate imprescindible en el que las ideas de Marx y Engels recibieron un desarrollo que los pensadores de la Segunda Internacional no pudieron soñar. Sus logros enormes y su detención abrupta no pueden ser tratados aquí; el resultado fue, por una parte, una experiencia invaluable para los movimientos revolucionarios que irían surgiendo en el mundo, y por otra, la cristalización de generalizaciones acerca de la transición socialista de pretendida autoridad y aplicabilidad universales.

Cuarenta años después, en Cuba de 1959-1965 la Revolución de liberación nacional y socialista puso bruscamente sobre el tapete el problema de la transición socialista en medio del Occidente burgués y en la región más preñada de contradicciones de todo el mundo capitalista, la América Latina. Todo el marco al que nos hemos referido, más la compleja formación social resultante del desarrollo del capitalismo colonial y neocolonial en Cuba, su relación con EE.UU., y las tremendas luchas revolucionarias libradas por su pueblo, confluyeron a la hora en que el huracán de liberación, expropiaciones, conquista de la dignidad nacional e individual, cambios sociales superiores a lo imaginado, en la isla en pie de guerra ante el enemigo más fuerte de la historia, debió convertirse en poder ordenado y dirigido a lograr la transición socialista desde un ideal comunista, y por lo tanto internacionalista y de liberación total.

Es ese el teatro de la actividad y el pensamiento del Che como constructor del socialismo, y el ámbito de lo que se expone en este libro. Que el Che sea tan antidogmático y creador no debe llevarnos a olvidar su apego al pensamiento originario del marxismo-leninismo: ambas características pueden darse e influirse mutuamente con resultados valiosísimos. Che retoma verdades centrales de Marx: el capitalismo es la época histórica determinada que establece, con cambios generalizados, la automatización social y el dinero como el nexo real entre las gentes y la expresión social de cada uno; el que posee domina las actividades de los otros; las fuerzas productivas sociales son del capital y su crecimiento sólo acrecienta el poder que domina el trabajo; el proceso de producción no sólo crea el producto sino también la necesidad y los hábitos de consumo; etc. La producción es el reino de la reproducción del capitalismo: el poder de la clase revolucionaria que se levantó contra el conjunto de la vida vigente tiene que planear y ejecutar la liquidación progresiva de las relaciones mercantiles generalizadas, sustituyendo el nexo del dinero por la riqueza de la extensión de la cooperación y para ello debe ser un poder social sobre la producción, la distribución, el consumo, la política, la educación, la reproducción de la vida social y las ideas.

Che estudia “hasta el último papel” escrito por Lenin después de la toma del poder, los avatares y las polémicas del nuevo poder soviético, primer gran laboratorio en que tuvo que crearse una nueva economía en que aparecieron nuevos contenidos para la relación “economía-política” y se alteró el papel de las economías respecto al conjunto de la formación social. En trabajos que a su vez deben tornarse polémicos (un ejemplo magistral es “La planificación socialista, su significado”, de 1964) Che pone un pensamiento acerca de la economía en la transición socialista que es irreductible al campo que los especialistas tecnocratizados consideran que debe reducirse la economía. No solo es extraeconómica la fuente del mando ejercido sobre la economía. Si la Revolución es capaz de desatar cada vez más y mejor el potencial inmenso de fuerza y entusiasmo del pueblo en marcha por la acción revolucionaria misma, ese potencial resulta decisivo para “forzar la marcha de los acontecimientos [...] dentro de lo que objetivamente es posible”, en busca del desarrollo socialista, organizado y consciente.

No se trata de un delirio bien intencionado que olvida las inmensas insuficiencias y poderosos enemigos de todo tipo que tiene ante si el proyecto revolucionario. “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado [...] por el carácter mismo de este periodo de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista [...].” subdesarrollo, ley del valor, dependencia de la economía internacional, individualismo, falta de educación completa para el trabajo social, necesidad de coerción, malos métodos de dirección, interés material individual, relaciones vanguardias-masas y necesidad de establecer “una conexión más estructurada”, etc. Podrían listarse largamente los escollos y las fallas que el Che va señalándole al proceso, con la honestidad y el rigor autocrítico que contribuyeron tanto a su inmenso prestigio personal e influencia educativa.

La lucidez extrema, la apreciación de todo lo que está en juego, y de donde están los factores positivos con que se cuenta, es precisamente lo que fundamenta la audacia de su posición. Se trata de la estrategia revolucionaria correcta, diseñada y dirigida por Fidel, que ha permitido el triunfo y la consolidación de la Revolución cubana mediante sucesivos avances, cada uno de ellos imposible o implanteable aparentemente.

Che aclara una y otra vez lo que quiere decirse con la expresión conciencia. No es la antítesis de economía, es la palanca para lograr que las fuerzas productivas y las relaciones de producción dejen de ser medios para perpetuar la dominación como en el capitalismo. Es, en su desarrollo, el avance de la nueva manera de vivir (o nuevo modo de producción, si usamos la acepción de La ideología alemana) frente a la manera de vivir del capitalismo. En el trabajo, por ejemplo, la conciencia debe poder medirse mediante la norma: ella “es la expresión de una obligación moral del trabajador, es su deber social”. Hay aspectos coactivos en el trabajo, incluso en el voluntario, durante la transición socialista; el que su estimulación se dé a través de combinaciones de estímulos morales y materiales “indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social”. Estímulo material directo o individual como forma predominante y conciencia, si son términos contradictorios. Conciencia es también la comprensión que van alcanzando los hombres de los hechos económicos, el grado en que los dominan, mediante el plan. Es un proceso de errores y aciertos en el que inciden contra la transición socialista todos los factores indicados arriba, su coexistencia a escala mundial con el sistema capitalista y el ser históricamente reciente. “¿Por qué pensar que lo que ‘es’ en el periodo de transición, necesariamente ‘debe ser’?”, señala el Che al invitar a sus impugnadores a no “desconfiar demasiado de nuestras fuerzas y capacidades”. 

Hay un carácter contradictorio en el periodo de transición, entre un poder socialista consciente del carácter político, económico e ideológico, por una parte, y los aspectos de la sociedad mercantil generalizada subsistentes a escala nacional e internacional, por otro, expresados en la ley del valor. “[…] la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista.” El sistema de planificación nacional deberá llegar a integrar la economía como un todo único, a partir de las decisiones políticas, pasando por toda la cadena de instancias y unidades de la economía hasta fundirse con la población y volver hasta la dirección política, “formando una gigantesca rueda bien nivelada, en la cual se podrían cambiar determinados ritmos más o menos automáticamente, porque el control de la producción lo permitiría”. 

Él conoce perfectamente que la sociedad cubana en transición está muy lejos todavía de ese sistema; sin darse un día de descanso el Che está inmerso en numerosas responsabilidades del trabajo práctico de la Revolución, lo que le permite elevar sus extraordinarias capacidades teóricas desde las más cotidianas experiencias concretas, con su carga de complejidades, inconsecuencias, falta de recursos, situaciones absurdas y angustias, y también con sus prometedores signos reales de cambios sociales y humanos. Es ejemplar el rigor con que analiza el carácter incipiente y las imperfecciones del Sistema Presupuestario de Financiamiento que él preconiza y aplica en una parte de la economía nacional.1 Y es necesario que se conozca todo el conjunto de instituciones de capacitación, de mecanismos de control, supervisión, estimulaciones combinadas, etc., que creó e impulsó infatigablemente para garantizar esos primeros pasos de construcción consciente de las bases de una nueva sociedad. “Lo que nosotros buscamos” —escribió— “es una forma más eficiente de llegar al comunismo”.

Crear riquezas con la conciencia y no conciencia con las riquezas, por decirlo con palabras de Fidel; que la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela, para expresarlo con palabras del Che. No son frases felices, sino expresiones condensadas de un proyecto revolucionario comunista para la transición socialista, que produjo en esta primera etapa del proceso cubano riquísimas experiencias económicas, ideológicas y políticas en el camino hacia una democracia de trabajadores, y reflexiones teóricas como las del Che, que profundizaron y desarrollaron las ideas revolucionarias en nuevas condiciones históricas y geográficas, con aportes de valor permanente.

Ese pensamiento se truncó en el caso del Che, al caer su creador en el combate internacionalista, esa otra dimensión indispensable, sin la cual no hay verdadera marcha hacia el socialismo y el comunismo. También en este campo de la guerra revolucionaria fue un pensador excepcional, y en la búsqueda de caminos para la liberación latinoamericana y la solidaridad entre todos los pueblos del mundo; pero su actuación práctica fue tan ejemplar que ha quedado como un paradigma del revolucionario integral. 

Hace exactamente veinte años Che comenzó su Mensaje a los pueblos del mundo con palabras de José Martí: “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”. No hablaba para un día. Hoy sigue siendo la hora de los hornos, para la liberación y para la construcción de la nueva sociedad. Y Fidel continúa la acción y la reflexión abiertas por la Revolución cubana, cuando pregunta si la humanidad renunciará al objeto del comunismo ante las realidades de determinadas limitaciones materiales y determinadas características del hombre. Y propone que las sociedades del Tercer Mundo que luchan por resolver las gigantescas necesidades elementales de sus pueblos vuelvan la espalda a los modelos capitalistas de desarrollo y de vida, y que busquemos los objetivos económicos y sociales, materiales y morales que debe plantearse una sociedad del Tercer Mundo de hoy. Y postula que el papel de la educación y la conciencia es fundamental para esos objetivos, y en el caso de nuestra Revolución, para garantizar su vigor y su futuro.

Al ayudar a traer las ideas del Che a la palestra de hoy, el libro que sigue se vuelve un aporte a esa búsqueda necesaria. Tablada ha presentado el conjunto del problema que persigue en su rica y breve “Introducción”. No se limita en ella a presentar el contenido del libro y el lugar que tiene lo expuesto en el conjunto del pensamiento del Che; apunta también a inscribir el papel de las ideas y la práctica del Che en una consideración más abarcadora del proceso de transición socialista cubano, y de las experiencias prácticas socialistas y del desarrollo histórico del marxismo-leninismo.

El análisis y la exposición detallada de las concepciones desarrolladas por el Che en el curso de sus actividades de dirección económica en los primeros años de nuestra Revolución ocupa las dos terceras partes del libro. El Sistema Presupuestario de Financiamiento es explicado con rigor y abundancia de fragmentos de textos e intervenciones del propio Che. Entiendo que este es un aporte fundamental del libro de Tablada porque pone al alcance del lector el conocimiento y la posibilidad de valorar aquel esfuerzo revolucionario de pensar y hacer en el comienzo de la transición al socialismo y al comunismo. La obra se torna así una invitación y un reto a tratar también lo que no ha estado —no podía estar— en el plan del autor: el análisis de la formación social cubana misma y de los cambios y permanencias fundamentales resultantes de los primeros años de la Revolución, del análisis del otro sistema de dirección económica aplicado simultáneamente en Cuba, basado en el cálculo económico, el debate económico de entonces y otros temas necesarios.

Incitar al estudio y al conocimiento de la historia de nuestro socialismo, de los rasgos esenciales de su presente y de sus necesidades y proyectos —y de las luchas por el socialismo en el mundo— es una función que esperamos que pueda cumplir este libro. La gran operación de expropiación del capital que avizoró Carlos Marx hace ciento veinte años debe continuar profundizándose: hay que quitarle a la burguesía el privilegio de la productividad, de la eficiencia, de los recursos, del dominio de la mente y la modificación de las acciones humanas, para hacer un mundo nuevo.

* Fernando Martínez Heredia, Cuba, 1939. Doctor en Derecho por la Universidad de La Habana, 1964. Profesor (1963-71) y Director del Dpto. de Filosofía en esa Universidad (1966-69). Profesor Titular Adjunto desde 1991. Director de la revista Pensamiento Crítico (1967-71). Investigador y Jefe de Áreas en los Centros de Estudios sobre Europa (1976-79) y sobre América (1985-96), del Comité Central (CC) del Partido Comunista de Cuba (PCC). Investigador Titular desde 1985, en el Centro Juan Marinello del Ministerio de Cultura desde 1996. Presidente de su Cátedra de Estudios Antonio Gramsci. Premio de Ensayo Casa de las Américas 1989, con Che, el socialismo y el comunismo. Es autor de ocho libros, coautor de otros ocho, de capítulos en numerosos libros colectivos; ha publicado unos 200 artículos y ensayos, en Cuba y el extranjero. Investigador Visitante en la UNAM, 1994. Conferencista en unos 20 países. Colaborador habitual de la Cátedra Che Guevara. El presente prólogo apareció por primera vez en la edición príncipe de CASA DE LAS AMÉRICAS en 1988.

Publicado por PANFILOV en REFUNDACIÓN COMUNISTA URUGUAY
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