Año 5. Edición número 238. Domingo 9 de diciembre 2012
Por Miguel Russo
mrusso@miradasalsur.com
Una charla con el vicegobernador de Buenos Aires después del fallo que prorrogó la cautelar en favor de Clarín.
–O un poco peor aún...
–Es cierto, porque hubo cambios que se hicieron que potenciaron el régimen censor y represivo que ya tenía esa ley de la dictadura.
–¿Por qué no se pudo modificar antes, qué pasó durante el alfonsinismo, durante el menemismo?
–Los intentos siempre fueron individuales. Hubo más de 70 proyectos presentados en el Congreso. Solamente uno tuvo un respaldo lateral de un Ejecutivo, desde el Consejo de Consolidación de la Democracia, de Raúl Alfonsín. El resto fueron aportes individuales que no tenían peso específico para soportar las presiones de los grupos que manejaron la comunicación desde siempre. Ninguno de esos proyectos tenía la posibilidad de emerger: estaban condenados al cajoneo. De hecho, un solo proyecto sorteó una comisión; del resto ninguno pudo tener el dictamen de alguna, ni en Diputados ni en Senadores. La cesión de la democracia ante las presiones del Grupo Clarín fue evidente y cada vez se conformó más el monopolio. En la década del ’90, con la privatización de los canales, el interventor de Canal 13, que fue el asignado al Grupo Clarín, fue un abogado de ese mismo grupo. La intervención en tránsito a la privatización ya estaba amañada para que la ganara ese grupo monopólico. Luego, todas las presiones que hicieron los grupos y las empresas sobre el artículo 45, que en el decreto ley de la dictadura impedía que el dueño de un diario accediera a una frecuencia audiovisual. Y la conformación del monopolio en los ’90 los dotó de la herramienta de condicionamiento de la democracia.
–Antes dijo “mi partido, el peronismo”. ¿Qué siente cuando habla de los ’90?
–Cuando dije mi partido, partido peronista, hablaba del que existía en el año 1983, con la recuperación de la democracia. Los ’80 fueron de frustración, ya que el condicionamiento de los poderes a la democracia incipiente fue notable. Creo que el doctor Alfonsín, con muy buenas intenciones, privilegió la institucionalidad a los cambios. Nosotros lo criticamos mucho en su momento, pero en retrospectiva, vemos que él optó por la consolidación de un sistema. Los ’90 fueron una traición, en nombre del peronismo hicieron todo lo contrario a lo que expresa nuestra filosofía política. Menem-Duhalde-Cavallo vinieron a terminar lo que había iniciado Martínez de Hoz. Y fue una tragedia: la tragedia de la desocupación, de la falta de industrialización, de la entrega a la conformación monopólica. Yo creo que el doctor Menem habrá pensado que si empezaba a privatizar los medios de comunicación, quien ganara esas privatizaciones iba a aportar su mirada cómplice para el resto de la entrega del patrimonio nacional.
–Cosa que ocurrió...
–Y con creces. Tanto que aquel famoso artículo 45 fue lo primero que sacó el gobierno menemista. La matriz para el cambio cultural y la rotura de todos y cada uno de los conceptos que le dieron profundidad a nuestro espacio político y trascendencia al país, con un Estado que se hiciera cargo de los resortes de la economía para diseñar el horizonte de construcción política quedó desmembrado. Los ’90 fueron la traición, pero, como dice el poeta Alfredo Carlino, “la traición es efímera aunque se repita”. Claro que los costos fueron trágicos. La destrucción de un país es en un instante, la reconstrucción es lenta. Por eso, desde 2003, con la llegada de Néstor Kirchner, se reconstruyen los resortes del Estado y empieza a haber una Argentina integrada a América latina con desarrollo propio.
–Dentro de esa reconstrucción, la democratización de los medios de comunicación era inevitable desde el primer momento...
–Claro, la batalla por la democratización de los medios de comunicación tiene que ver con un cambio de paradigma cultural muy importante. Jamás hemos vivido en pleno ejercicio de la libertad de expresión. En las dictaduras, ni hablar, con la muerte, la desaparición, la tortura y la censura. En democracia, con una forma de censura que es la del monopolio que se queda con la voz que le corresponde al resto. Néstor y Cristina tuvieron el coraje cívico de hacerse cargo del cúmulo de reflexiones que tenían como lugar de desarrollo las universidades y los gremios cuestionando la falta de libertad de expresión y el sistema de medios amañados y guiados por los monopolios. Universidades y gremios eran ámbitos naturales de crítica. Pero nunca esas críticas podían llegar a un gobierno.
–O, mejor dicho, nunca un gobierno las escuchaba...
–Está bien, porque vivíamos en la Argentina donde cuatro tapas lo volteaban. El coraje de Néstor, ese famoso “no voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”, hizo que hubiera un Ejecutivo que se hiciera cargo de esas reflexiones. Y eso es lo distinto. Por eso, el proyecto que va a discutirse en el Congreso tenía el respaldo de un Ejecutivo, que lo sostenía. Y que diseñó el formato de construcción colectiva, para darle volumen. Porque la Presidente tomó una decisión sanmartiniana a la hora de llevar adelante la transformación en las comunicaciones. No mandó rápidamente el texto al Congreso para que se lo aprueben, sino que le dio el tránsito en los foros. En esos foros se ejercieron los aportes y esos aportes le fueron dando cuerpo a la Ley. Cuando se produce la reflexión en la sociedad y llega al Congreso la ley, diputados y senadores tenían un Ejecutivo que sostenía el debate y un pueblo que sabía de qué se trataba. La Presidenta tomó la determinación de darle volumen en los foros porque no quería dar sólo testimonio de que quería cambiar el monopolio por la democracia, sino que, además, quería hacerlo efectivo. Y esa decisión fue trascendente.
–¿Por qué?
–Porque esta ley toca intereses, como lo vemos, de los grupos monopólicos que tienen los resortes en la Justicia. Históricamente tienen jueces que responden a sus insinuaciones. Muchos de esos jueces fueron nombrados en la dictadura, como el juez (Edmundo) Carbone, que fue el autor de las cautelares que más tiempo le hicieron ganar al Grupo Clarín. Si la Presidenta hubiera enviado el proyecto al Congreso sin reflexión de la sociedad, esos grupos monopólicos iban a activar los resortes en la Justicia. Y después tenían el poder de sometimiento de la información para explicar lo que había ocurrido y el pueblo no iba a saber de qué les estaban hablando. Enviando el proyecto a construir colectivamente, la sociedad se hizo cargo de la reflexión y cuando la Justicia interviene a favor de los monopolios violentando lo que se votó en el Congreso, el pueblo movilizado sale a defender en las calles lo que era suyo. Hoy, la batalla cultural se ha ganado porque se puso luz sobre ejes de políticas comunicacionales que antes pasaban desapercibidos, de esos temas no se podía hablar. Hoy, la discusión sobre los medios de comunicación y las políticas de esos medios de comunicación está en la mesa familiar, está en la calle. Y eso es un cambio que trasciende los gobiernos.
–Teniendo en cuenta los contratiempos que siguen habiendo para la aplicación de la ley, ¿qué otras instituciones habría que iluminar?
–La Justicia. La política está advertida por toda la sociedad. Institucionalmente, se sabe cómo se compone el Ejecutivo y se conoce a los funcionarios de un gobierno provincial o municipal. La sociedad puede advertir y opinar sobre las posiciones de los legisladores en los ámbitos provinciales, nacionales o municipales. Pero de lo que no se sabe absolutamente nada es de una corporación muy hermética y que es la Justicia. No sabemos cuáles son los procedimientos por los cuales se designa a los funcionarios judiciales, jueces, fiscales y defensores ni cómo se compone el Consejo de la Magistratura. En la provincia de Buenos Aires hemos avanzado en una artillería, una batería de leyes, que tienen que ver con transparentar la acción de la Justicia. Esto, con la autonomía de la defensa para que no haya una sola autoridad, como la Procuración, que dé instrucciones a fiscales y defensores al mismo tiempo. Se da una defensa autónoma que garantiza el derecho de los ciudadanos a la hora de ser defendidos. Pero también hay que iluminar los procedimientos administrativos de la Secretaría del Jury de Enjuiciamiento, donde llegan las denuncias de los funcionarios judiciales a los que durante años se los protegió cajoneando los expedientes. Cuando los buenos funcionarios judiciales son denunciados, el cajoneo es como una espada de Damocles porque no les permite llevar adelante sus tareas con libertad, porque tienen una acusación pendiente que nadie trata. Cambiamos la ley en la provincia de la Secretaría del Jury de Enjuiciamiento para que hayan procedimientos administrativos absolutamente transparentados, y lo mismo con el Consejo de la Magistratura, para saber quiénes son los representantes. El predicamento que tienen en la provincia de Buenos Aires el Colegio de Abogados y los colegios de magistrados hace que la decisión de cada uno de ellos sea el resultante de la votación. Un colegio de abogados de un distrito de la provincia de Buenos Aires propone un candidato y ese candidato sistemáticamente es acompañado por los otros colegios de abogados de la provincia de Buenos Aires que tienen representación y por los colegios de magistrados. Así, la corporación va nutriendo de funcionarios judiciales al sistema y protegiendo a la corporación en sí misma. Por eso, la batalla por la ley de medios, nos hizo enfrentar con una corporación muy fuerte como el Grupo Clarín. En la provincia de Buenos Aires seguimos los mismos lineamientos y no queremos tolerar ninguna decisión corporativa; queremos metodologías transparentes e iluminación de ese sistema judicial y que toda la sociedad conozca quiénes son esos jueces, esos fiscales y defensores, pero también quiénes los eligen. Es una tarea muy intensa, ningún lecho de rosas. Esas corporaciones en la provincia de Buenos Aires o en la Nación estaban acostumbradas a hacer lo que querían con sus objetivos y nadie se podía meter u observar sus intereses. Es momento de hacerlo porque la sociedad está madura para eso.
–Después de la prórroga de la cautelar, ¿es optimista todavía en esto de desarmar esa corporación judicial?
–No me cabe duda. La sociedad está muy madura y lo que antes aparecía como un hecho natural, ahora está muy expuesto. La grosería que llevó adelante la Cámara que postergó la cautelar y que impidió la aplicación de la ley el 7 de diciembre está absolutamente expuesta. Antes pasaba inadvertido para la sociedad y parecía un hecho lleno de justicia. Hoy lo que aparece es una connivencia brutal entre estos sectores de la Justicia y el grupo monopólico. Esa connivencia no puede existir en ningún orden. Ni en esta que estamos padeciendo como sociedad con un conflicto de poderes, donde el Ejecutivo ha abordado un tema, lo ha hecho institucionalmente, como corresponde, y otro poder, con la decisión cautelar de dos jueces que conformaron esa Cámara. Esas connivencias que se observan en este fallo son las mismas que se ven cuando la Justicia protege el mal accionar de la Policía. Quizá, la Policía que comete un delito puede ser observada por la sociedad, pero la Justicia que protege y permite esa relación aparece distante. No tiene que haber connivencia de ningún tipo. Ni ésta que estamos viendo con la extensión de la cautelar a favor del monopolio por medio de los funcionarios judiciales vinculados directamente con el Grupo Clarín, ni connivencia de los malos funcionarios judiciales que protegen el accionar de la mala policía y que se vinculan sistemáticamente con el delito.
Fuente:MiradasalSur

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