Piden que se eleve a juicio la causa
por el crimen de los arbolitos
Por Elena Corvalan
El fiscal federal Ricardo Toranzos pidió que se eleve a juicio la causa por el homicidio de los jóvenes José Lino Salvatierra y Oscar Ramón Rodríguez, que eran primos. Por este hecho está acusado el policía retirado Andrés del Valle Soraire, a quien el fiscal acusa por homicidio agravado por alevosía y la participación de dos o más personas, en dos hechos. La causa está radicada en el Juzgado Federal Nº 1 de esta ciudad.
“El crimen de Los Arbolitos”, como se conoce este doble homicidio, por el apodo de los hermanos Rodríguez, fue cometido el 10 de mayo de 1977 en el departamento Anta. Por estos hechos fue condenado en octubre de 1986, y luego absuelto, el policía Fortunato Saravia, quien junto a Soraire, y los policías Santos Leónides Acosta y Miguel Ángel Corbalán, que también fueron acusados, integraban la Sección Guardia del Monte de la Policía de Salta, con sede en Metán y que ha sido descripta como un grupo de tareas por distintos testigos que declararon en causas por violaciones a los derechos humanos cometidas antes y durante la última dictadura cívico-militar.
El oficial Soraire era jefe de la Guardia de Monte. La primera investigación de este crimen, en el Juzgado de Metán, a cargo del juez Marcelo Avrutín Suárez, fue interrumpida el 12 de agosto de 1977, por el subjefe de la Policía, el mayor Juan Carlos Grande (fallecido), quien aseguró que los policías involucrados no debían ser investigados debido a que habían intervenido en el secuestro y desaparición del ex gobernador Miguel Ragone, el 11 de marzo de 1976.
En 2011 Soraire fue juzgado por el secuestro de Ragone, pero el Tribunal Oral en lo Federal de Salta lo absolvió por el beneficio de la duda. Sin embargo, siguió imputado por el homicidio de Salvatierra y Rodríguez, crimen que fue declarado de lesa humanidad, y por lo tanto, imprescriptible.
Salvatierra y Rodríguez fueron asesinados cuando transportaban carbón vegetal desde la finca El Vallecito, en el límite con Santiago del Estero, a la ciudad de Salta. El crimen se cometió en la finca El Tunal pero los cuerpos fueron encontrados alejados del camión Mercedes Benz en el que iban, en el paraje Loma Pedregosa, sobre la ruta 5, a 2 kilómetros de la ruta nacional 16. Los asesinos les habían dejado un cartel con la leyenda: “Por ladrón y cuatrero”. La investigación demostró que el cartel había sido escrito por el cabo Saravia.
Domingo Nolasco y Segundo Bernabé Rodríguez, hermanos mayores de Oscar y primos de José, se dedicaban al transporte de carbón y tenían tratos con la Policía porque estaban obligados a entregar 100 litros de combustible como colaboración a la lucha contra el terrorismo. Tras el homicidio, ellos mismos se convirtieron en investigadores y “a los tres días” ya conocían los nombres de los asesinos, pero como la causa no avanzaba terminaron reuniéndose con el jefe de la Policía, el coronel Carlos Carpani Costa, y el director de Seguridad, Joaquín Guil. Los hermanos sostienen que el jefe les reconoció la responsabilidad policial pero les dijo que no podían quedar presos debido a que habían participado del secuestro de Ragone. A cambio, les propuso eliminar a “cuatro o cinco personas” enemigas de los hermanos.
En agosto la escena se iba a repetir en el Juzgado de Metán, cuando Grande interrumpió una indagatoria, amenazó de muerte a Domingo Rodríguez y a su abogado Jorge Zenteno y obligó al juez Avrutín Suárez a “cerrar” el proceso. El expediente fue guardado por los hermanos, que volvieron a presentarlo con la llegada de la democracia.
Dado que los hermanos Rodríguez habían sido denunciados e investigados por cuatrerismo, la Policía trató de presentar el caso como una venganza de los finqueros, pero el peso de las pruebas (entre ellas un testigo ocular directo) dejó en claro la participación de los policías. Para el fiscal “la manera clandestina en que se encaró la represión, la deliberada destrucción de documentos y huellas, el anonimato en el cual procuraron escudarse sus autores” confirman la responsabilidad policial y la pretensión de impunidad dentro de un contexto en el que las personas eran desaparecidas y asesinadas. Además de las irregularidades del proceso de investigación, se suma el hecho de que Nolasco y Bernabé fueron sometidos a apremios ilegales por intentar esclarecer el crimen de su hermano.
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