Manuel Cabieses Donoso / Resumen Latinoamericano / 24 de octubre de 2019
“Los más viles ejemplares de la naturaleza humana se encuentran, en todas las épocas, entre los demagogos”.
(THOMAS MACAULAY)
El miedo al pueblo ha puesto a temblar a la casta dominante. Teme a un pueblo harto de abusos, segregaciones, humillaciones y desigualdad. La indignación acumulada por años se ha volcado a las calles y no da señales de retornar a la línea de resignación que era su refugio. Se trata de una insurrección popular espontánea, pacífica, sin dirección ni programa, pero que ha incorporado a vastos sectores sociales. Nunca los chilenos hemos estado más unidos que en estos días de repudio al sistema que interrumpió el desarrollo de la democracia y la justicia social que el país había alcanzado hasta 1973. Es un malestar profundo que no solo tiene motivaciones económicas. Si bien el detonador fue la evasión por los estudiantes secundarios de la tarifa del Metro de Santiago, la rebeldía del pueblo se extendió a partir del viernes 18 de octubre como una mancha de aceite a una velocidad pasmosa.
La tarifa del Metro ya es cosa del pasado en esta histórica rebelión social. El gobierno la dejó sin efecto el sábado 19 mediante una ley que la Cámara de Diputados –cosa inusitada- aprobó el domingo 20, y el Senado el lunes 21. Rara vez se ha visto tanta diligencia parlamentaria. Pero entretanto la caldera social hervía porque la demanda del pueblo es mucho más amplia y variada. Afecta no solo a trabajadores y jubilados. El martes 22 el presidente de la República se reunió con presidentes de partidos a fin de recoger sugerencias para aplacar la protesta. Esa misma noche anunció una “agenda social”, que es un verdadero árbol de Pascua, un ofertón de campaña electoral –inspirado por el marketing– con ofertas para todos. Muchas requerirán mesas de trabajo y leyes que los bomberos de la protesta se han comprometido a despachar con máxima urgencia. Para demostrar su renovado espíritu republicano los diputados ofrecieron asimismo rebajar sus dietas (9 millones de pesos mensuales, más viáticos), disminuir su número de 150 a 120 y limitar su reelección.
La “clase política” encontró digno émulo de su demagogia en el gran empresariado, cuya rapacidad ha empujado al pueblo a la desesperación. Andrónico Luksic, el más rico de los ricos (cuya fortuna la revista Forbes calcula en 15.000 millones de dólares), anunció que desde el 1 de enero del 2020 ningún trabajador de sus empresas ganará menos de 500 mil pesos mensuales (7O0 dólares). El salario mínimo de 301 mil pesos (400 dólares) es lo que gana uno de cada cuatro trabajadores en Chile por jornadas que exceden las 45 horas semanales legales. La prestigiosa Fundación Sol sostiene que el 70% de la población gana menos de 550 mil pesos. Eso explica el sobre endeudamiento de las familias chilenas. El 70% del ingreso de cada hogar está comprometido por deudas. El consumismo –principal combustible de la economía de mercado y estupefaciente de la conciencia de los trabajadores – ha convertido a los chilenos en esclavos de la tarjeta de crédito para subsistir.
El número uno de los ricos invitó también a los otros multimillonarios a que imiten su generoso altruismo. No obstante ningún glotón de este festín capitalista que ya dura 36 años quiso seguir su ejemplo. Ni Sebastián Piñera (cuya fortuna se estima en 2.800 millones de dólares), acusó recibo del llamado de Luksic.
En medio de este verdadero festival de la demagogia, se levanta una que otra voz sensata en un intento de situar la crisis en su realidad. Es lo que señala el obispo de Concepción, Fernando Chomalí: “En Chile aproximadamente 650 mil jóvenes, entre 18 y 29 años, no estudian ni trabajan; altas tasas de enfermedades mentales y suicidios entre ellos; miles de ancianos solos, abandonados, de los que nadie se preocupa, con tasas de suicidio cada vez mayores…La violencia y la soledad en Chile son una pandemia”.
La inhumana realidad de Chile exige un profundo cambio cultural, social y económico que solo puede acometerse sobre nuevas bases de convivencia que eliminen la segregación social. Necesitamos una democracia participativa y solidaria en que la remoción de los malos funcionarios sea una facultad del pueblo. La superación del conflicto social no consiste en migajas que dejan a salvo la estructura institucional que produjo la crisis. Chile necesita una nueva Constitución Política. El camino es un plebiscito que apruebe la convocatoria a Asamblea Constituyente y acto seguido la elección de los representantes que elaborarán el texto constitucional que finalmente será sometido a veredicto popular.
Chile no puede encaminarse hacia la justicia social agobiado por la carga de una Constitución que ahoga toda posibilidad de soberanía popular. Ha llegado la hora de un cambio verdadero. Es lo que reclama el pueblo en las calles.
Octubre rebelde: Crónica de un pueblo en lucha (Parte I)
Pablo Parry / Resumen Latinoamericano / 24 de octubre de 2019
Llega el alba. Tras el toque de queda, el silencio sepulcral y un par de nubes grises se toman las periferias de Santiago, mientras la Villa Grimaldi, otrora centro de tortura y exterminio, recibe el día en medio de un país que despertó de golpe.
El pasado vuelve a ser presente. Es la bota milica pisando fuerte en la pobla, el grito ahogado de los inocentes y el coraje vivo de los que cayeron. Como si todos esos momentos de la historia se entrecruzasen a la vez, recordándonos que siempre vuelve, y que cuando lo hace, es cuando menos lo esperamos.
El tirano en La Moneda, la metralla asesina, la clandestinidad, el fusil de Miguel, el exilio, Pisagua, Tejas Verdes, Chacabuco, Estadio Chile, el sabor a pólvora de la derrota, una mezcla de emociones, olores y sensaciones que vuelven como aquel fantasma que pena una y otra vez sobre un pueblo que se negaba a enfrentar su propio pasado.
Hasta que un día, de súbito, el miedo se acabó.
De pronto, las nubes dejaron poco a poco ver el sol. De los primeros rayos, el silencio se convirtió en un coro de voces. A medida que llegamos a Plaza Italia, esas voces se le suman tambores, batucadas y un aroma intenso a juventud. Un poco más lejos, un par de petardos y algo de caucho quemado vuelve a girar los relojes de la historia, en un recuerdo blanco y negro digno de escena de la «Batalla de Chile».
Es Allende, la UP, el 4 de septiembre, los cordones, los comités, el caminar incesante de los descamisados, Fidel, Gladys, el MIR, los pobladores, las corridas de cerco, y el clamor de un pueblo luchando por hacerse con las riendas de su propio destino.
Y en un chasquido, el «oasis» latinoamericano, jaguar de Latinoamérica, la joyita del pacífico, la Inglaterra del sur, se convertía en una marea humana, unida bajo una sola voz de hartazgo, pero con la esperanza intacta de un futuro nuevo, distinto, necesario. Como cual furor colectivo que resurge a la superficie cada tantos lustros, como aquella fuerza inconsciente motora de los procesos sociales que rebrota en esos momentos de crisis donde lo viejo deja pasar a lo nuevo que puja por nacer.
La historia es nuestra.
CONTINUARÁ
Revista de Frente
Resumen Latinoamericano* / 24 de octubre de 2019
Si bien el estallido social en Chile sorprendió al mundo político en un primer momento, no parece haber sorprendido al intelectual estadounidense –uno de los más elocuentes críticos del neoliberalismo–, quien asegura que era solo cuestión de tiempo.
-¿Le sorprende lo que está pasando en Chile?
–No me sorprendente para nada lo que ocurre en Chile. Estas son las consecuencias que eran perfectamente previsibles tras el asalto neoliberal a la población en los últimos 40 años, verificadas constantemente en todo el mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 0.1 por ciento de la población ahora posee más del 20 por ciento de la riqueza, la mitad de la población tiene un patrimonio neto negativo, los salarios reales son casi los mismos que hace 40 años, por primera vez en un siglo la mortalidad está aumentando, principalmente entre los blancos en edad laboral y un largo etcétera.
–No me sorprendente para nada lo que ocurre en Chile. Estas son las consecuencias que eran perfectamente previsibles tras el asalto neoliberal a la población en los últimos 40 años, verificadas constantemente en todo el mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 0.1 por ciento de la población ahora posee más del 20 por ciento de la riqueza, la mitad de la población tiene un patrimonio neto negativo, los salarios reales son casi los mismos que hace 40 años, por primera vez en un siglo la mortalidad está aumentando, principalmente entre los blancos en edad laboral y un largo etcétera.
-El sistema económico chileno se presentó como una fórmula exitosa en América Latina. ¿Qué tan ilusorio era?
–La dictadura de Pinochet proporcionó condiciones experimentales perfectas para la aplicación de los principios neoliberales guiados por las principales figuras de la doctrina. Fue un fracaso total. Para 1982, la economía colapsó. El Estado tuvo que intervenir radicalmente. Los economistas internacionales bromearon diciendo que era «el camino de Chicago hacia el socialismo». Sin embargo, los efectos perniciosos permanecieron y continuaron.
–La dictadura de Pinochet proporcionó condiciones experimentales perfectas para la aplicación de los principios neoliberales guiados por las principales figuras de la doctrina. Fue un fracaso total. Para 1982, la economía colapsó. El Estado tuvo que intervenir radicalmente. Los economistas internacionales bromearon diciendo que era «el camino de Chicago hacia el socialismo». Sin embargo, los efectos perniciosos permanecieron y continuaron.
-Pero en el caso chileno, a pesar de seguir las recetas de Friedmann, no se privatizó completamente Codelco.
-Los expertos de Chicago fueron lo suficientemente inteligentes como para apartarse del dogma en el caso de Codelco, una productora de cobre estatal altamente eficiente y una fuente importante, si no la principal, de ingresos para el Estado.
-Los expertos de Chicago fueron lo suficientemente inteligentes como para apartarse del dogma en el caso de Codelco, una productora de cobre estatal altamente eficiente y una fuente importante, si no la principal, de ingresos para el Estado.
-Ese es el único caso en Chile. ¿Cómo describe ese dogma?
-Margaret Thatcher expresó bien el dogma neoliberal: no hay sociedad, solo individuos, solos para enfrentar las devastadoras fuerzas del mercado. La solidaridad es un crimen. Es por eso que desde la década de 1920, las principales figuras del neoliberalismo, Von Mises, Hayek y otros, han acogido con satisfacción la violencia estatal a gran escala para destruir los sindicatos y otras interferencias similares a la «buena economía». Pinochet es un ejemplo clarísimo de esto.
-Margaret Thatcher expresó bien el dogma neoliberal: no hay sociedad, solo individuos, solos para enfrentar las devastadoras fuerzas del mercado. La solidaridad es un crimen. Es por eso que desde la década de 1920, las principales figuras del neoliberalismo, Von Mises, Hayek y otros, han acogido con satisfacción la violencia estatal a gran escala para destruir los sindicatos y otras interferencias similares a la «buena economía». Pinochet es un ejemplo clarísimo de esto.
-El neoliberalismo supone que el derecho a la propiedad es superior al derecho a la vida, ¿pero de dónde viene la ira que estalló en Chile?
-Como le he comentado, el neoliberalismo fue fundado por Von Mises y otros en Viena, en la década de 1920. Es una versión particularmente salvaje del capitalismo. Ganó poder con Reagan y Thatcher, con efectos devastadores en gran parte del mundo. Esa es la razón básica de la ira, el resentimiento y el desprecio por las instituciones políticas que están barriendo gran parte del mundo, creando oportunidades para los demagogos de ultraderecha como Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini y otros que buscan desviar la ira justificada hacia chivos expiatorios, como inmigrantes, negros, musulmanes, etcétera. Una táctica milenaria, con graves consecuencias.
-Como le he comentado, el neoliberalismo fue fundado por Von Mises y otros en Viena, en la década de 1920. Es una versión particularmente salvaje del capitalismo. Ganó poder con Reagan y Thatcher, con efectos devastadores en gran parte del mundo. Esa es la razón básica de la ira, el resentimiento y el desprecio por las instituciones políticas que están barriendo gran parte del mundo, creando oportunidades para los demagogos de ultraderecha como Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini y otros que buscan desviar la ira justificada hacia chivos expiatorios, como inmigrantes, negros, musulmanes, etcétera. Una táctica milenaria, con graves consecuencias.
El Mostrador*
Chile arde
Edmundo Moure / Resumen Latinoamericano / 24 de octubre de 2019
En menos de una semana se derrumbó el mejor ejemplo de la política ultra neoliberal en América Latina. El “oasis chileno” se quedó sin agua, la “perla” capitalista del Cono Sur se disgregó entre los dedos del presidente magnate, Sebastián Piñera. Frases broncíneas se viralizaron en las redes sociales:
“Sabíamos que existían las diferencias, pero nunca pensamos que molestaran tanto”; “estábamos haciendo las cosas bien, pero fuerzas oscuras y externas nos están desestabilizando”; “el comunismo internacional, liderado por Venezuela, complota para que fracasemos”, etcétera.
La ceguera de la clase social y económica que aún gobierna Chile es endémica; emana desde una visión feudal de la Historia que estos grupos no han podido superar en esta isla del fin del mundo, que sigue imperando incluso entre sus profesionales universitarios: médicos, abogados, ingenieros; qué decir entre los empresarios, convencidos de que el manejo de la economía es un simple ejercicio de ingresar y sacar dinero de la faltriquera de un hacendado del siglo XVIII, pagándoles a sus peones con las migajas que caen de su mesa, pidiéndoles que se encomienden a la Virgen María, si tienen hambre…
En menos de cuarenta y ocho horas, la bomba social estalló, extendiéndose, desde Santiago del Nuevo Extremo, hacia el norte y hacia el sur, en este largo pétalo, no solo de “mar y vino y nieve”, como escribe Neruda, sino de lava ardiente, flujo de las erupciones provocadas por reiterados abusos, injusticias, latrocinios y corrupciones. En estas últimas, se han visto involucradas, hasta sus cimientos, las instituciones “respetables” de la sociedad chilena: Iglesia, Fuerzas Armadas, Carabineros…
Ni siquiera los jueces han escapado de esta lacra que permea los organismos del Estado y también la actividad privada. No hay pan que rebanar, como decían nuestras abuelas.
El escándalo de las pensiones miserables, sustentado por el sistema previsional inicuo de las AFP, creado por los “expertos” de la dictadura, entre ellos, el siniestro lacayo de Pinochet, José Piñera, hermano mayor de Sebastián el Breve; la destrucción concertada de la educación pública, en beneficio del lucro privado, a través de la proliferación de universidades espurias y sin acreditación académica rigurosa; el negocio impune de la salud, administrada por inescrupulosos mercaderes, como el actual ministro de la cartera, doctor Sergio Mañalich, dueño de una de las mayores clínicas-hoteles, como se conocen entre nosotros; el sistema de subcontratación de servicios y tareas productivas, que perjudica aún más los bajos salarios y deja a miles de trabajadores sin protección social; la apropiación del agua por particulares y empresas mineras, cuyos manejos venales han ido destruyendo la actividad de los pequeños propietarios agrícolas y crianceros de la zona central de Chile, hoy asolada por la peor sequía de los últimos cincuenta años; la tala de los bosques nativos y su reemplazo por especies de rápida productividad, favoreciendo a las grandes forestales que, en la zona de la Araucanía, usurpan los territorios mapuches y ahogan su cultura; la contaminación de ríos, lagos y mares, mediante un manejo abusivo de los recursos pesqueros…
La lista de iniquidades y trapacerías resulta interminable y no cabe en una simple crónica. Sin embargo, su extensión y hondura en el tiempo han provocado el incendio civil cuyas llamas amenazan, tanto a los poderes fácticos como a los instituidos. Los canales de la televisión abierta y los periódicos de mayor tiraje, todos al servicio incondicional del poder, hacen gala de su hipocresía desinformativa, poniendo el acento en los saqueos, desmanes y quemas de supermercados, farmacias y tiendas; destrozos y sabotajes en la red del Metro, algunos de ellos de sospechosa ocurrencia…
Omiten la fuerza y extensión de las protestas sociales en contra del gobierno derechista; asimismo, los asesinatos y vejámenes contra civiles, por parte de la policía y la soldadesca drogada, esgrimiendo la manida coartada de supuestas provocaciones. Es decir, la amenaza de una olla que se golpea versus una AK6 manejada por un energúmeno acorazado.
Cincuenta muertos, cientos de torturados, miles de heridos que no figuran en las “informaciones” de la gran prensa amarilla. Se ha impedido al director del Instituto de Derechos Humanos el ingreso a los centros asistenciales de salud, negándole toda información fehaciente sobre muertos y lesionados.
Menos mal que contamos con las redes sociales y medios no vendidos al sistema, para informarnos de la realidad que estamos viviendo, que supera con mucho las febles y erráticas respuestas del poder ejecutivo y sus ridículas medidas de mitigación ante la conmoción nacional. Porque un incendio de esta magnitud no se apaga con gasolina, ni con tanquetas ni con la más despiadada de las represiones, invocando, como hace la derecha extrema, al fantasma de Augusto Pinochet.
Por su parte, el parlamento chileno está dando un triste espectáculo, alejado de la gente, como ha sido su tónica durante veinte años, enfrascados sus miembros a sueldo en descalificaciones e insultos mutuos, ignorando las reales aspiraciones y necesidades del pueblo.
Y aunque “Carlos Marx esté muerto y enterrado”, hoy en día, Sebastián Piñera, exhausto y aterrado ante la amenaza de las “hordas marxistas”, parece repetir lo cantado por Serrat en un tema memorable:
-“Amo, se nos está llenando de pobres el recibidor”.
-“Diles que el señor no está, que anda de viaje y que no sabes cuándo va a regresar…”
-“Diles que el señor no está, que anda de viaje y que no sabes cuándo va a regresar…”
Mientras tanto, Chile seguirá ardiendo. ¿Hasta cuándo?
Politika
Jaime Bassa, abogado constitucionalista: «Lo que estamos viviendo hoy en día en las calles es violencia estatal de facto»
Resumen Latinoamericano, 24 octubre 2019.-
El abogado constitucionalista Jaime Bassa expuso en la Comisión de Derechos Humanos del Senado sobre el actuar de las Fuerzas Armadas en el actual Estado de Excepción: «Lo que estamos viendo hoy día en las calles es violencia estatal de facto, que no tiene absolutamente ningún respaldo normativo» dijo el académico.
Resumen Latinoamericano, 24 octubre 2019
El Ministerio de Defensa llamó de carácter obligatorio al servicio activo a reservistas de las fuerzas armadas para reformar las labores en el contexto del Estado de Emergencia decretado en provincias y localidades del país. Lee también… En menos de 24 horas Ejército gastó $ 50 millones para adquirir 56.725 cartuchos antidisturbios
La medida es para apoyar las tareas realizadas por el efectivos de fuerzas armadas desplegadas en las zonas que se encuentran en Estado de Excepción Constitucional de Emergencia.
La información fue confirmada por el ministro del Interior, Andrés Chadwick, quien precisó que responde no solo a reforzar a los uniformados sino para otorgarles “un debido descanso” a las “largas y duras jornadas” de los últimos días.
El decreto firmado por el subsecretario para las Fuerzas Armadas, Juan Francisco Galli, también establece que el Ejército determinará a través de sus UBMs las personas del listado adjunto que deben concurrir al llamado.
Asimismo, se define que el gasto que demande dicho decreto se cargará al presupuesto en moneda nacional del Ejército.
Ésta comenzó a regir el 21 de octubre y se extenderá por un lapso de hasta 13 días.
INDH reporta 2.410 detenidos y 210 heridos por armas de fuego durante ola de manifestaciones. Fuera del informe se señla que el número de asesinados llega a 18

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) entregó la noche de este miércoles por la noche el último catastro de detenidos y heridos durante la ola de manifestaciones que se intensificaron hace una semana. El número de muerto llega a 18 pero no son cifras oficiales. Incluso podría superar esa cifra, opinan militantes populares.
Funcionarios del organismo público y autónomo han recorrido hospitales, comisarías y manifestaciones para recopilar los antecedentes con los que elaboran el informe que se actualiza a diario.
En concreto, la institución indicó que desde el 17 de octubre a la fecha han sido detenidas 2.410 personas, mientras que 535 han resultado heridas.
De esas 535, indicó el INDH, 210 corresponden a heridas por armas de fuego de agentes del Estado.
El detalle del recuento indica que, del total de detenciones, 898 fueron realizadas en la región Metropolitana. Por su parte, las otras 1.512 se concretaron en el resto del país.
En tanto, el organismo constató que del total nacional, 274 de los detenidos fueron menores de edad y un 18% corresponde a mujeres.
Con estos antecedentes y según correspondió en cada caso, el INDH ha presentado 55 acciones legales ante la justicia buscando que se investiguen distintos ilícitos.
Se trata así de 10 recursos de amparo, 5 querellas por homicidios, 8 querellas por violencia sexual y otras 32 por otros delitos.
Envio:RL






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